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P. Juan Carlos

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CONSEGUIR PAZ EN EL ALMA

El Salmo 19 nos invita a que cuidemos los mandamientos del Señor para tener paz y la Ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple.

Hoy día la Iglesia nos propone un salmo después de la lectura del Éxodo, que es el salmo 19 y que es especialmente bonito:

“La Ley del Señor es perfecta y reconforta el alma”

(Sal 19). 

La Ley del Señor es perfecta y es lo que da esa paz al alma.

A veces, estamos metidos en un mundo en el que se intenta conseguir la paz pero, a la vez, no se hacen las cosas necesarias para tenerla de nuestra parte.  Se quiere vivir sin pagar las consecuencias, la responsabilidad.

Por eso el Señor, en la primera lectura, nos habla en el libro del Éxodo de los mandamientos y nos dice:

“Yo soy el Señor tu Dios, el que te hice salir de Egipto, de tu lugar de esclavitud.  Y no tendrás otros dioses delante de mí.  No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba en el Cielo en la tierra”

(Ex 20, 2-4).

Y va explicando cada uno de los mandamientos: “No matarás, no robarás…” va haciendo todo ese desglose.

LA LEY DEL SEÑOR ES PERFECTA

Ahora no nos vamos a poner a discurrir qué es lo que tiene cada mandamiento, sino que nos vamos a centrar en estas primeras palabras:

“Soy el Señor tu Dios que te hice salir del lugar de tu esclavitud”. 

Y por eso nos vuelve a decir el salmo:

“La ley del Señor es perfecta”.

Estas son las dos cosas: queremos salir de la esclavitud del pecado; queremos salir de estas cosas que nos quitan la paz, pues tenemos que acercarnos a la Ley del Señor.

AMAR A NUESTRO PADRE Y MADRE

Y ¿qué es lo que nos pide esa Ley del Señor? Que amemos a nuestro Padre y a nuestra Madre; que les respetemos; que no mintamos; que juguemos de forma delicada con los demás, no les digamos palabras hirientes; que seamos humildes…

Eso es, en definitiva, la vida cristiana, la forma en la que Cristo se comporta.  Ahora, aquí está el centro, “il nocciolo” se dice en italiano, de por qué la Ley del Señor es perfecta, porque reconforta el alma; porque, a la larga, es lo que trae paz.

LOS PERROS

El otro día estuve en la casa de unos amigos (hace ya algunos meses) y me llamó la atención (ellos venían de Colombia), se habían comprado una perrita.  No sé cuánto tiempo tenía la perrita (se veía pequeñita), pero de todas formas la señora puso su cartera en el piso y la perrita saltó dentro de la cartera, porque (imagino) es como le habían entrenado, si iban a salir o de que tiene que estar quieta.

Y durante toda mi estancia, la perrita estuvo todo el rato tranquilita sin hacer ninguna cosa.  Me llamó la atención lo bien portada la perra.  ¡Qué increíble, para tener una perra, tener una cosa así!

Hace unos pocos días estuve en la casa de unos amigos que habían adoptado un perro y era una perra bebita, recién tenía cuatro meses.  Estaba un poco grande para cuatro meses, pero mucho más grande -el doble- que la otra perra que había visto con mis amigos que venían de Colombia hace ya tiempo.

Pero esta perra todavía no había recibido ningún género de amaestramiento; no había hecho ningún curso; los dueños con las justas estaban en las primeras semanas; le habían vacunado recientemente me dijeron.

Bueno, no tienes idea cómo se metía por mi sotana, se me iba por un lado, me olía, me ponía las patas… tuve que pasar a lavar la sotana al día siguiente porque realmente estaba manchada, porque la perrita no estaba amaestrada.  No seguía ninguna regla, no había hecho las cosas bien.

¿QUIERES PAZ?

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El ejemplo es tonto, por supuesto, no se puede aplicar a los humanos directamente, pero en cierta forma sí.  ¿Quieres paz? ¿Quieres que la perrita esté en la cartera, que no se mueva? ¿Quieres que los sentidos estén apaciguados? ¿Que no tengas vicios?

Pues hay que entrenarse, hay que hacer las cosas de buena forma, hay que esforzarse por repetir una y otra vez cosas positivas hasta que a uno le sale.  Y ¿en dónde tenemos que entrenarnos?

Por ejemplo, en no permitirnos explotar con facilidad.  Si nos morimos de las iras, no decir malas palabras, no permitir explosiones; no permitir decir palabras hirientes que sabemos que a los demás les dejan con la daga metida.

Si te esfuerzas por corregir estas cosas, por vivir los mandamientos, entonces en el alma va creciendo la paz.

EL DESORDEN

Es imposible, en cambio, que cuando el cuerpo está acostumbrado a hacer lo que le da la gana y cuando nunca te cuidas de tu lengua y dices las cosas con agresividad y, a veces, haces cosas no simplemente por dañar, por mostrar tu desagrado, por decir que estás en contra, por -inclusive- a veces trabajar mal o no responder o guardarte la información o cantidad de cosas que uno hace a veces para demostrar que está molesto.

Quedarte callada o callado, por ejemplo: “así estoy molesto, voy a hacer la ley del hielo a los demás para que vean que realmente me dolió”.

Es como si el cuerpo acostumbra a hacer las cosas de forma desordenada y ¿qué es lo que pasa? Que luego cuesta.  Le pides que tenga paz y ¿cómo va a tener paz si lo único que sabe es ladrar, saltar el cuerpo y hacer lo que le da la gana como la perrita malcriada?

¿DÓNDE ENCONTRAMOS LA PAZ?

Y así vamos a veces por la vida y hacemos sufrir a los demás y sufrimos nosotros mismos porque no tenemos esa paz, esa tranquilidad.  En cambio, ¿dónde vamos a encontrar la paz? En que la Ley del Señor es perfecta, reconforta el alma.

El testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple.  Y esto es súper interesante, fíjate que no hace falta ser muy pilas, ni siquiera, no hace falta hacer estrategias complicadas porque el testimonio del Señor es verdadero.

LA SABIDURÍA

Hasta las personas más simples pueden adquirirla siguiendo lo que Dios nos ha pedido: sus mandamientos.  Por eso dice el Salmo 19:

“Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón”

(Sal 19).

Los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos, porque la palabra del Señor es pura y permanece para siempre.

LOS JUICIOS SEÑOR SON LA VERDAD

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Son enteramente justos, son más atrayentes que el oro fino; más dulces que la miel; más que el jugo de panal.

“Señor Jesús, hoy te pedimos que nos ayudes a saber vivir bien Tus mandamientos.  A que hagamos que el Reino de Cristo vaya creciendo en nuestro interior”.

¿Cómo lo dices? En el texto del Evangelio que nos recoge san Mateo también de la misa de hoy: Seamos de los que dan fruto, de que recibimos en tierra fértil Tu palabra Señor y que damos el 60, el 30, el 100% de fruto, porque nos esforzamos en vivir Tus mandamientos.

Porque no dejamos que el alma esté como saltarina y haciendo lo que le dé la gana, sino que nos esforzamos por vivir un orden, por vivir la templanza, por vivir las virtudes, por vivir Tus mandamientos Señor.

LA VIRGEN MARÍA

Yo me imagino que la vida de la Virgen María habrá sido siempre así: una vida controlada, no llena de histerismos; al contrario, una vida sosegada, tranquila, serena, daba paz a los que estaban a su alrededor.

Tal vez, de vez en cuando, se contaba un buen chiste, unas carcajadas… sí, pero no a lo loco, sino más bien con esa alegría de saber que está Dios cerca y esa es la alegría que tú y yo tenemos que tener, en definitiva: a vivir con alegría cuando las cosas están duras o cuando las cosas están bien.

DIOS CON NOSOTROS

A saber transmitir a los demás esa convicción de que Dios está con nosotros y, si Dios está con nosotros, cualquier cosa que pase es para nuestro bien y, si nosotros nos esforzamos por vivir la Ley del Señor, esto pasará en nuestras almas.

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma.  Ponemos estas intenciones en manos de nuestra Madre, la Virgen.

“Queremos vivir Tus mandamientos Señor, ayúdanos a vivirlos, a tenerlos más presentes, a sabernos dominar, a tener súper claro que, solo siguiendo Tu palabra, alcanzaremos esa paz en el alma.


Citas Utilizadas

Ex 20, 1-17

Sal 18. 19.

Mt 13, 18-23

Reflexiones

Señor Jesús, hoy te pedimos que nos ayudes a saber vivir bien Tus mandamientos; a que hagamos que el Reino de Cristo vaya creciendo en nuestro interior.

Predicado por:

P. Juan Carlos

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  1. Jorge salas dice:

    Buena y aunque parece de no creer esta reflexión me dio a mi mismo una lección .una diosidencia diría yo ..el Reyno de Dios está en cada uno de nosotros somos nosotros los que no queremos habitar en el

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