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P. Federico

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ESCUCHA LA MEDITACIÓN

TENTACIONES

Ante la palabra de Jesús, ni los demonios se quedan indiferentes. El demonio existe, ante Dios tiembla. Pero a nosotros nos fastidia con la intención de alejarnos de Dios a través de las tentaciones. Seamos humildes y valientes para reaccionar.
No perdamos la paz, acudamos a Jesús y a nuestra Madre Santa María que nos prestarán la ayuda que necesitamos cuando la necesitemos.

            “Bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea y el sábado se puso a enseñarles. Y se quedaron admirados de Su enseñanza, porque Su palabra iba acompañada de potestad”

(Lc 4, 31-32).

“Escucharte hablar Jesús da gusto, uno no se puede quedar indiferente.  Tus palabras, Tu conducta, interpelan. ¡Qué suerte poder verte, escucharte! Es cuestión de darse cuenta.

“Lo que sucede, es que los hombres muchas veces no nos damos cuenta… y nos quedamos tan tranquilos, tan acostumbrados. ¡Perdón por las veces en las que te he escuchado como quien oye llover!

“Eres el Verbo, eres la Palabra de Dios, esa que -al inicio de los tiempos- se pronuncia y se hace la luz, se hace el firmamento”; la que dice:

“Produzca la tierra hierba verde, plantas con semilla y árboles frutales sobre la tierra que den fruto según su especie, con semilla dentro.  Y así fue”

(Gn 1, 11).

¡No hay nada que se resista! Excepto nosotros… tú y yo.

NUESTRA VOLUNTAD

Me acordaba de aquella niña pequeña que se acercó con el sacerdote de su colegio para preguntarle si Dios era capaz de crear una piedra tan grande, tan grande, que Él mismo no pudiera mover.

Este buen sacerdote, pensándolo un poco, le respondió que sí y que ya la había creado: “Esa es tu voluntad y la mía”, fue su respuesta.

Pues sí, esa es nuestra triste capacidad o nuestra bella capacidad (depende cómo se mire) porque somos los únicos que podemos responder libremente, amar libremente a este Dios que toca a la puerta de nuestros corazones, de nuestras almas.

“Jesús, que me deje mover, remover, transformar por Tu palabra”.  Me sorprende que yo sea capaz de quedarme tan tranquilo cuando ni siquiera los demonios se pueden quedar indiferentes. Porque dice el Evangelio:

            “Se encontraba en la Sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio impuro…”.

EL DEMONIO EXISTE

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Como decía un pensador: “El mejor truco que el diablo ha hecho, es hacer creer al mundo que no existe”.

Pues bueno, ¡existe! Ahí está en el Evangelio y no solo existe, sino que sabe quién es Jesús y tiembla ante Él.

            “Estaba ahí un demonio impuro que gritó con gran voz: ¡Déjanos! ¿Qué tenemos que ver contigo Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!”

(Lc 4, 33-34).

Es evidente que no es un “par” de Dios; o sea, es una criatura.  No se trata aquí de un balance de fuerzas o fuerzas equilibradas, pues el demonio no tiene nada que hacer y tiembla.

A nosotros sí que nos puede fastidiar.  De hecho, lo hace y lleva toda una vida -que es la vida de un ser espiritual- dedicándose a eso.  Nos conoce, sabe perfectamente dónde nos aprieta el zapato.

Al mismo tiempo, es consciente que es feo, desagradable, repulsivo.  Por eso, normalmente no nos muestra los cachos, sabe que asusta.  Como dicen: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Así que se presenta solapadamente.  Su habitual modo de moverse entre los hombres es la tentación y el pecado.  Ese es el camino donde suele actuar el enemigo.

ALEJAR LAS TENTACIONES

            “Es muy importante tomarse, muy a pecho, el empeño de alejar las tentaciones que a uno le hacen caer. 

Los años, la dirección espiritual y la confesión frecuente, generan un conocimiento grande de uno mismo que permite señalar las ocasiones y circunstancias en que nos llega, habitual o más fácilmente, la tentación.

Para unos serán tales, para otros serán cuales; pero en todo caso, Satanás, como perro rabioso ladra y babea; bufa al lado del camino de nuestra vida y, precisamente, en un lado y no en otro.

Aprende y no te acerques ahí, te puede morder. 

¿Quieres que lo concretemos un poco? Bien: si sabes que esas fiestas siempre acaban mal, ¿por qué vas? Si sabes que esa playa te hace mal, ¿por qué no cambias?

Si conoces perfectamente que, cuando estás cansado y abres la boca, de ahí sale todo menos caridad, ¿por qué no te quedas callado?… y así puedes seguir concretando, por tu cuenta, pidiéndole a Jesús luz para descubrir esas ocasiones y fuerza para evitarlas.

En el fondo, huir de la tentación requiere ser valiente y humilde al mismo tiempo. Valiente porque la fortaleza se vive según convenga en cada caso: huyendo de las ocasiones que te hacen caer y enfrentándote a aquellas otras con las que sabes que puedes.

Y humilde porque, ante la duda de si resistiré, prefiero pasar por cobarde a acabar ofendiendo a Dios.  Actuar de otro modo sería como querer comprobar la resistencia de unas cuerdas lanzándose a hacer bungee jumping: quizá sí que están en buen estado, pero ¿y si no…?

Como dice el refrán: “de valientes está el cementerio lleno”; y es que no es una actitud valerosa ponerse en tentación”

(Fulgencio Espa, Julio 2015, Con Él).

ACUDIR A JESÚS Y A SU MADRE

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Pues nada de ponernos en tentación; al contrario, acudir a Jesús, acudir a Su Madre, nuestra Madre, santa María por aquello de que “no hay tentación que aguante un Ave María bien rezada”.

Y así, si lo hacemos, pasa lo del Evangelio:

“Y Jesús le conminó: ¡Cállate y sal de él! Entonces el demonio, arrojándolo al suelo, allí en medio, salió de él, sin hacerle daño alguno.  Y todos se llenaron de estupor y se decían unos a otros: “¿Qué palabra es ésta que, con potestad y fuerza, manda a los espíritus impuros y salen?”

(Lc 4, 35-36).

Alguno podría decirme: Padre, pero yo a veces rezo y la tentación no se va.  ¿Será que Dios no me escucha? Mira, primero déjame decirte que eso también le ha pasado a los santos.

Santa Catalina de Siena, una vez tuvo una tentación especialmente nefasta e insidiosa contra la virtud de la santa pureza.  Luchaba por quitársela de encima, rezaba insistentemente, pero aquello no se iba.  Hasta que después de un tiempo, por fin consiguió vencer ese desagradable combate.

Entonces se presentó Jesús ante ella.  La santa, en son de queja, le reclamó: “¿Dónde estabas?” a lo que Jesús respondió con mucha dulzura: “Estaba dentro de ti viendo cómo luchabas”.

PADRE PÍO DE PIETRELCINA

A veces es así… pero ¿cómo puede ser esto? La verdad, la verdad… no sé. No deja de ser un misterio.  Mejor te comparto lo que el santo Padre Pío de Pietrelcina -que experiencia tuvo de esto- escribió en una ocasión explicando:

            “Las tentaciones no deben asustarte; es, a través de ellas, que Dios quiere probar y fortificar tu alma y Él te da, al mismo tiempo, la fuerza para vencerlas (…) Hasta aquí tu vida ha sido la de un niño; desde ahora, el Señor quiere tratarte como adulto.

            Ahora bien, las pruebas de un adulto son muy superiores a las de un niño y esto explica por qué tú, al principio, te has turbado tanto.  Pero la vida de tu alma pronto recuperará su calma, eso no va a tardar.  Ten aún un poco de paciencia y todo irá mejorando”

(San Pío de Pietrelcina, Epistolario 3, 626 y 570; CE 34).

            “Bueno Señor, ya se ve que a veces me quieren hacer crecer a través de la tentación.  Ayúdame a no caer.

“Jesús, acudo a Ti y a Tu Madre, lejos de mí ofenderte, ayúdame, hazme humilde y también valiente en la batalla para que sepa acudir a Ti, al mismo tiempo que me empeño, con esa fuerza que Tú me das para vencer cualquier ataque del enemigo”.


Citas Utilizadas

1Ts 5, 1-6. 9-11

Sal 26

Lc 4, 31-37

Gn 1, 11

Fulgencio Espa, Julio 2015, con Él

San Pío de Pietrelcina, Epistolario 3, 626 y 570; CE 34

Reflexiones

Jesús, que me deje mover, remover y transformar por Tu palabra.

Predicado por:

P. Federico

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  1. Virgilio Penso dice:

    Gracias por ayudarme a estar más cerca de Jesús. Me alegra saber cuales son más armas contra la tentación y que Jesús está viéndonos luchar dentro de cada uno como forma de hacernos más fuertes para crecer en amor hacia El.
    Gracias por enseñarme a hacer mejor oración.
    Que Dios lo
    Bendiga.

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