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P. Federico

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TENGO MIEDO

No tengamos miedo de Jesús. Dejémosle entrar en nuestra barca, en nuestras vidas. Él no quita nada, lo da todo. Es más, sueña con nosotros. El que tiene miedo, no sabe amar.

¿Por qué te tengo miedo Jesús…? ¿Qué será que a veces te tengo miedo, te tenemos miedo…?

Dice el Evangelio que 

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento”  

(Jn 6, 16-18).

Así vamos tú y yo muchas veces en nuestra barca. En mi barca, con mis cositas…; mis gustitos, mis planes, mi vida.  Tal vez no es una vida cómoda (“el mar está agitado (…) sopla un fuerte viento”), pero yo estoy muy acomodado en esa vida mía… Porque con todo y todo, tengo mis seguridades, mis refugios, mi manera de sentirme al mando de mi vida.  Y no desprecio a Jesús, pero como dicen algunos:  “tampoco hay prisa”.

¿POR QUÉ TENGO MIEDO?

¿Por qué te tengo miedo Jesús…? ¿Qué será que a veces te tengo miedo, te tenemos miedo…? Tengo miedo que entres en mi barca, en mi vida. Tengo miedo al compromiso…; por mi pereza o por mi egoísmo – ¡no sé! – tengo miedo al fracaso: porque  ¿y si no puedo? ¿y si me cuesta demasiado lo que me pides? Miedo a dar los primeros pasos para luego comprobar que me cuesta mucho o que simplemente no los doy bien…

Todo esto, en el fondo, es una buena mezcla de pereza y de soberbia. Pereza de no querer “complicarme la vida”, de no quererme esforzar por cambiar.  Soberbia por no querer quedar mal ante los demás o ante mí mismo… Soberbia también por apego a mis planes, a mis ideas, a lo mío…; que me lleva a tener miedo que Tú Jesús, me propongas algo distinto. Yo quiero tener la razón siempre, yo quiero ser el que manda.

¿DE QUÉ  TENGO MIEDO?

 Y así vamos por la vida construyendo nuestras cosas, remando, a veces incluso, contra viento y marea.

“Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo”

(Jn 6,19).

 ¡Ahí está!: ellos también tienen miedo.

 A ver, esto no es que sea una ocurrencia mía. No es que “este padrecito es un miedoso y viene aquí a hablarme de sus inseguridades o de sus fobias…”  No.  Nos puede costar reconocerlo, porque a todos nos cuesta darnos cuenta que somos vulnerables, pero ese miedo es algo bastante sabido… 

No vale la pena negarlo, en todo caso hay que preguntar: ¿Por qué te tengo miedo? ¿De qué tengo miedo? 

 NOS LO HACEN VER

Es algo tan palpable, que los últimos Papas nos lo han estado remarcando. Y por eso les voy a ceder la palabra a ellos.

  • SAN JUAN PABLO II Y BENEDICTO XVI

“Abran de par en par las puertas a Cristo (…) ¡No tengan miedo!”

 (Homilía en el comienzo de su pontificado, 22-X-1978).

Con estas palabras comenzaba San Juan Pablo II su pontificado. Y Benedicto XVI comenzó el suyo preguntando: 

“¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo -si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a Él-, miedo de que Él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella?” 

Y, uniéndose a la recomendación de San Juan Pablo II, concluía:

“Quisiera (…) a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos (…): ¡No tengan miedo de Cristo!  Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno.  Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo, y encontrarán la verdadera vida” 

(Homilía en el comienzo de su pontificado, 24-V-2005).

Que bien me vienen estas palabras Jesús, para que deje de titubear. Para que no dude en meterte en mi vida, en dejarte entrar. Pero en meterte de lleno, en darte el timón de mi barca, en ponerme yo en tus manos.

Me vienen bien esas palabras, como les vinieron bien las tuyas a los que estaban en aquella barca:

“Él les dijo: Soy yo no teman”

(Jn 6, 20).  

Ya te decía yo que el miedo no es tan extraño como algunos lo pintan… Puede que sea algo común, pero no hay que quedarse instalados en él. 

  • PAPA FRANCISCO

Mala cosa sería. Porque el miedo paraliza, es algo negativo, eso no puede ser el motor de mi vida… Tal vez por eso, nos recordaba el Papa Francisco, que:

“en las Sagradas Escrituras encontramos 365 veces la expresión “no tema”, con todas sus variaciones. Como si quisiera decir que todos los días del año el Señor nos quiere libres del temor” 

(Francisco, Mensaje, 25-III-2018). 

Es que, el miedo paraliza. Si Jesús nos sale al encuentro en estos días de Pascua no es para turbarnos. Al contrario Jesús Resucitado cree en nosotros. Cómo cree en los apóstoles a los que va a buscar; y los busca dentro de sus casas aunque se encierren, lo busca en el camino de Emaús aunque vayan “huyendo”, los busca a la orilla de la playa desde donde los ve subidos en la barca de sus días normales, de sus vidas ordinarias… Los busca aunque le hayan fallado, aunque le hayan negado, aunque la hayan traicionado. Los busca porque cree en ellos.

¿Por qué te tengo miedo Jesús…? ¿Si Tú no das miedo ¡Tú ilusionas! Sácame de mis miedos, de mis titubeos. Ilusioname, lánzame, como lo hiciste con los apóstoles en aquella primera Pascua, como lo has hecho con todo cristiano que se ha dejado introducir en tu Pascua que nunca acaba.

Cada uno de ustedes, –decía Benedicto XVI- si permanece unido a Cristo, puede realizar grandes cosas. Por eso, queridos amigos, no deben tener miedo de soñar, con los ojos abiertos, en grandes proyectos de bien y no deben desalentarse ante las dificultades. Cristo confía en ustedes y desea que realicen todos sus sueños más nobles y elevados de auténtica felicidad

(Discurso, 1-IX-2007).

Es que es así, Tú Señor no me quieres estático. Te ilusionas con lo mío, que es tuyo…

En palabras del Papa Francisco:

Me dirás, Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer? Cuando el Señor nos llama no piensa en lo que somos, en lo que éramos, en lo que hemos hecho o de dejado de hacer. Al contrario: Él, en ese momento que nos llama, está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de contagiar. Su apuesta siempre es al futuro, al mañana. Jesús te proyecta al horizonte, nunca al museo

(Papa Francisco, Vigilia de oración con los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud, 30.7.2016).

vida eterna
NO PAREMOS DE SOÑAR

O como él expresaba en otra ocasión estando con los jóvenes cubanos: (que a mí me gusta muchísimo) 

Un escritor latinoamericano decía que las personas tenemos dos ojos, uno de carne y otro de vidrio. Con el ojo de carne vemos lo que miramos, con el ojo de vidrio vemos lo que soñamos. Está lindo, ¿eh?   En la objetividad de la vida tiene que entrar la capacidad de soñar. Y un joven que no es capaz de soñar, está clausurado en sí mismo, está cerrado en sí mismo.

Cada uno a veces sueña cosas que nunca van a suceder, pero soñalas, desealas, buscá horizontes, abrite, abrite a cosas grandes. No sé si en Cuba se usa la palabra, pero los argentinos decimos “no te arrugués”. No te arrugués, abrite. Abrite y soñá. Soñá que el mundo con vos puede ser distinto. Soñá que si vos ponés lo mejor de vos, vas a ayudar a que ese mundo sea distinto. No se olviden, sueñen. 

Por ahí se les va la mano y sueñan demasiado, y la vida les corta el camino. No importa: sueñen. Y cuenten sus sueños. Cuenten, hablen de las cosas grandes que desean, porque cuanto más grande es la capacidad de soñar, y la vida te deja a mitad camino, más camino has recorrido. Así que, primero, soñar 

(Palabra a los jóvenes cubanos congregados en el Centro Cultural P. Félix Varela de La Habana, 20 septiembre 2015).

 ILUSIONARNOS

Pues Jesús sueña con nosotros, contigo y conmigo, se ilusiona. Déjate ilusionar por Jesús. Abrile las puertas, dejale subir a tu barca, antes que sea demasiado tarde… Porque dice el Evangelio:

“Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban”

(Jn 6, 21).

Madre nuestra, quitarnos el miedo a base de aumentar nuestro cariño por Él. Porque, como decía San Josemaría parafraseando a San Juan:

“el que tiene miedo no sabe amar”

(cfr. 1 Jn 4, 18).

 


Citas Utilizadas

He 6, 1-7

Sal 32

Jn 6,16-21

 

Reflexiones

Señor, sácame de mis miedos, de mis titubeos. Ilusioname, lánzame…

¡Tu no quitas nada, nos das todo!

Que te abra las puertas de mi vida y te deje entrar totalmente para que seas Tú el que me guíe.

Gracias por ver en mi lo que puedo dar, por confiar en mi a pesar de mis faltas. 

Predicado por:

P. Federico

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