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P. Juan Carlos

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QUERER CREER, MÁS QUE ZACARÍAS

Zacarías duda de que la palabra de Dios pueda cumplirse. Nosotros podemos dudar también de Dios y no confiar en Él en los momentos más difíciles, bajando la guardia y llegando tarde… que no nos encontremos con las puertas cerradas!

ZACARÍAS, UN PERSONAJE

“En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.

Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.

Una vez que Zacarías oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.

Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
Pero el ángel le dijo:

«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento.

Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, “para convertir los corazones de los padres hacia los hijos”, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

Zacarías replicó al ángel:

(algo que ninguno de nosotros, creo, ha tenido la oportunidad, de ver a un Ángel en forma física) se da cuenta que se trata de una presencia sobrenatural; acaban de darle un mensaje que claramente se escapa a todos los razonamientos humanos el ya anciano va a tener un hijo, cumpliéndose lo que había pedido durante tanto tiempo, sin embargo Zacarías está un poco como dubitativo y le dice:

«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».

vejez

Respondiendo el ángel, le dijo: (de manera fuerte)

«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».

(Lucas 1, 5-25)

Estamos acostumbrados a buscar a un Dios “milagrero”, de varita mágica y resolviendo problemas. El gran milagro de Dios es la fe de su pueblo.

“No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo y tú te llenarás de alegría”.

La idea central del Evangelio es clara: “tu ruego ha sido escuchado”. La fe de un hombre anciano con una mujer estéril, que confía en su Dios.

LA FE ES LA PUERTA QUE NOS ABRE EL ESPÍRITU

El ángel anuncia que el hijo de la promesa será «grande a los ojos del Señor, se llenará de Espíritu Santo estando en el vientre materno y convertirá muchos israelitas al Señor su Dios, irá delante del Señor con el Espíritu y poder de Elías.»

Resulta que Zacarías se queda mudo, porque ha dudado que Dios pueda hacer mucho más de lo que pensamos o pedimos.

La voluntad de Dios pasa también por la confianza ilimitada, en la que a Zacarías le falló entender que:

Lo incomprensible del ser humano es lo comprensible de Dios.

Fe y confianza de niño

“¿Cómo estaré seguro de eso? ¡Hay Dios mío! ¿Cuántas veces hacemos nosotros las mismas preguntas? porque siempre encontramos formas de excusarnos o formas de ver las cosas tan negativas, que nos parecen imposibles hasta los milagros de Dios. No podemos sentir miedo a los proyectos de Dios.

Dirán luego: “porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada”. -Es decir, sintió miedo del proyecto de Dios.-  La fe es la puerta que nos abre el Espíritu, que es el espejo de la historia, donde su presencia se vuelve tan nítida como la vida.

Esa vida que Isabel sintió en sus entrañas transformándolas en un seno habitado, en un seno envejecido pero dignificado: “Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado a quitar mi afrenta ante los hombres”.

LAS PUERTAS CERRADAS

Me contaba una persona con la que converso mucho, que este domingo llegó tarde a misa de 8:00 en la Iglesia de Cayambe, una ciudad pequeña a pocos kilómetros de Quito, capital del Ecuador.

Lamentablemente por la pandemia, se les impidió la entrada al templo por cuanto el aforo de la Iglesia, pues estaba lleno.

Sintieron todos, mucha frustración y no pudieron hacer más que quedarse parados afuera de la Iglesia intentando escuchar la misa desde afuera y obviamente no pudieron recibir al Señor en la Eucaristía.

Más allá de la ira que afloró en su interior porque se les impidió el ingreso a la Iglesia, se sentían privados de el derecho de ser admitidos por unos pocos minutos.

puertas cerradas

Es ahí, cuando se le viene a la mente el pasaje de la Biblia, en el cual Jesús relata la parábola de las novias imprudentes, que se quedaron sin entrar al banquete por no haber tenido el aceite suficiente para recibir al novio con las lámparas encendidas.

Este pasaje es súper fuerte. Esta buena mujer me decía: qué fue en ese momento, cuando sintió un profundo miedo en su interior, imaginándose su propia muerte.

Temiendo encontrar en ese momento también, las puertas del cielo cerradas. Ella dice: “No puedo describir lo que sentí… pero realmente me asusto”.

IMPORTANCIA A LOS DETALLES

En mi interior hablaba con Él Señor y le decía que no era justo que aunque hubiéramos llegado tarde, éramos de las pocas personas que estaban haciendo ahora, un esfuerzo para encontrarnos con Él en la Eucaristía; que no era justo que no se les permitiera entrar.

Pero en ese mismo momento sentía cómo Dios le decía que debemos demostrarle nuestro amor también en los pequeños cuidados de las cosas aparentemente no tan importantes, como la prudencia (en el caso de la Vírgenes) o en el caso de la respuesta de Zacarías al ángel o en este caso a la puntualidad.

Es la misma historia de Zacarías de no creer, de no darle importancia a los pequeños detalles. Que no nos quedemos fuera de la Iglesia, que no lleguemos tarde, que tengamos el aceite preparado.

DIOS SACA GRANDES BIENES

Zacarías no quiso creer en todo lo que Dios le pedía y nosotros tendremos que también apurarnos para creer en él, estos días un poco más difíciles, son una estupenda oportunidad para renovar nuestra fe. También para creer realmente que Dios está detrás de la pandemia y de todas estas cosas.

Ahora tal vez nos pueden parecer terribles, pero de los que Dios saca grandes bienes: la solidaridad, saca necesidad de querernos más, saca la necesidad de ser más fuertes. Para no ceder a los problemas, para no deprimirnos, para no bajar la guardia al igual que Zacarías. Al igual que esta buena familia, que llego tarde a misa, todos tenían buena intensión, todos son justos; pero les faltó algo al final.

VIVIR CONFIADOS EN JESÚS

confiados en Jesús

Vamos a pedirle a Dios que nosotros, todos, nos esforcemos estos días por responderle como Él quiere. Para llegar a tiempo, para hacer las cosas con delicadeza y amor ahora que nos estamos preparando para recibir a Jesús en la Navidad.

Señor, te pedimos que sepamos hacer la vida más agradable a los que están a nuestro alrededor, que sepamos entender lo que Tú quieres de nosotros; que seguramente es algo como lo de Zacarías… que confiemos más en Ti. Que seamos realmente personas de fe. Señor, acrecienta nuestra fe, para ser como José, que también recibió un mandato hasta en sueños y que fue muy delicado en cumplirlos.

Que seamos como la Virgen María, que una vez que dio su Si, le acompañó siempre. Y que siempre estuvo actualizando ese Si, hasta llegar al último Sí, que fue acompañar a su hijo en los momentos de la Cruz .


Citas Utilizadas

Jueces 13, 2-7-24-25ª

Salmo 70;

Lucas 1, 5-25

Reflexiones

Señor mío, que no descuide los pequeños detalles en mi trato amoroso para contigo, día a día, para que a la hora de mi muerte, Tú me recibas y me lleves de la mano, al banquete que me tienes preparado desde toda la eternidad.

 

Predicado por:

P. Juan Carlos

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