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P. Juan

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NAVIDAD INMINENTE

María Santísima y san José preparan en nuestra vida un lugar para Jesús. Con Él, la luz de Dios, la paz de Dios.

EL NACIMIENTO DE JESÚS

Estos días seguramente podemos mirar una y otra vez ese par de Evangelios en los que aparece la infancia de Jesús: el nacimiento del Señor.

San Mateo, enfocado en san José, con esa mención a la historia de los Reyes Magos venidos de Oriente; y también el Evangelio de Lucas, como más centrado o más desde el punto de vista, por decirlo de alguna manera, de la Virgen Santísima, y con esa mención a los pastores… y cada uno con sus peculiaridades.

Podemos tranquilamente, en la oración personal, en la lectura espiritual, esa que nos nutre el alma y en la que el Espíritu Santo nos ayuda a rezar… donde nos enseña y nos muestra luces para la vida espiritual.

Allí podemos echar una mirada una y otra vez al Evangelio de Mateo y al Evangelio de Lucas. 

Y en san Lucas, el médico, vemos varios himnos que van apareciendo: himnos de cariño, de agradecimiento, de alabanza, de petición también a Dios.

Por ejemplo, el himno de Zacarías: cuando se suelta su lengua, cuando recupera el habla y bendice a Dios. 

HIMNOS PARA EL  HIJO DE DIOS

Es ese himno que se llama el Benedictus. O el himno precioso de la Virgen Santísima, el Magnificat. O el canto de los ángeles cuando nace Jesús en Belén: Gloria a Dios en el Cielo. 

Otro himno más es aquel de Simeón en el templo:

“Ahora, Señor, ahora sí que puedes dejar ir en paz a tu siervo”

(Lc 2, 22-32):

El Nunc dimittis. Y son varios himnos los que aparecen en san Lucas…

Pero hoy día en la misa, esta misa del 24 de diciembre, en un pedacito del Benedictus dice lo siguiente:

“Zacarías, rezando, dice: – Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”

(Lc 1, 68-79).

NAVIDAD INMINENTE
LA VOZ DE DIOS

Zacarías, el padre de Juan Bautista, se dirigía antes bastante a su hijo que acababa de nacer, a su hijo que era el precursor, que será la voz del Mesías, la voz de Dios. Esa voz que clama en el desierto. 

Y esa voz, que es todavía muy pequeñita, es un niño aún recién nacido, pero su padre, Zacarias, que se había quedado sin voz, al recuperarla, se dirige a la voz de Dios, a Juan, su hijo.

Y cuando la voz del Bautista todavía no tiene voz, Zacarías habla y Zacarías bendice a Dios. 

Es Zacarías quien ya habla del Mesías que vendrá. Por eso Zacarías, ahí con Juan Bautista, que todavía no habla, su padre se encarga de ser el portavoz

“Nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte. Para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”

(Lc 1, 68-79).

EL SOL QUE NACE DE LO ALTO

Bueno, y ahora que estamos estos 10 minutos con Jesús, que estamos con Él, estamos con nuestro Señor, el sol que nace de lo alto… Que se ha hecho carne, se ha hecho hombre en las entrañas purísimas de María Santísima. 

Pero, claro que viene de lo alto, no es por obra de algún varón, de algún hombre, sino que es una virgen que concibe y lo que se obra en ella, es hecho por el Espíritu Santo. 

Es verdad, Tú, Jesús, eres el sol que nace de lo alto para iluminarnos, para iluminarme.

¡Por eso la alegría de la Navidad! Alegría, libertad, gozo: eso es la seguridad de la Navidad. 

Es verdad, es todo muy frágil, digamos. Es ahí, en Belén, en medio de la pobreza, en el frío, en el silencio de Belén. Es todo muy frágil, es todo muy silencioso, y es tan parecido al Sagrario. 

NAVIDAD INMINENTE
VINO A ILUMINARNOS

Pero ahí, Señor, Tú, luego estás ya en brazos de la Santísima Virgen, en brazos de san José, que te mira y te cuida, y te vuelve a mirar. Te contempla con cariño.

Bueno, ahí tú, Jesús, eres el sol que nace de lo alto para iluminarnos, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

Pero no los iluminas así como estáticamente. No. Es iluminar dinámicamente, en movimiento, en camino. Porque dice:

“Para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”.

La paz que se da entre nosotros, eso que dice el coro de los ángeles, luego a los pastores:

“Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”

(Lc 2,14).

Paz a los hombres de buena voluntad y paz entre nosotros. Pero esto es guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Y nuestra paz eres Tú, Señor: eres nuestro gozo, nuestro origen. 

DESMALEZAR NUESTRO CORAZÓN

¿De dónde venimos? ¿Cuál es nuestra meta? ¿Nuestro amor? ¿Hacia dónde vamos? Y es hacia Ti Señor. Y no individualmente. No. No es como solitariamente. Sino con los familiares, con los amigos, con la gente que nos rodea.

Toda la iglesia, todo el mundo de ahora, de ayer, del futuro… Es ir en comunidad, como un pueblo. 

Los hombres que vivían en tinieblas, han visto una gran luz. Esta es la maravilla de hoy. Y claro, nosotros que nos sabemos poquita cosa, que nos volvemos frágiles y muy limitados con esas malezas que van brotando de  nosotros constantemente. 

Esas malezas de egoísmo, de impaciencia, de enojo, de lo que sea… Pues, con la ayuda del Señor, con la ayuda nuestro ángel de la guarda, vamos con buen humor, con esperanza, con constancia. Y vamos a desmalezar el corazón. 

Y hemos intentado, – seguramente en este Adviento- desmalezar el corazón, para que pueda brotar en nosotros la semilla de Dios. Para que pueda nacer en nosotros esa vida divina. 

TRANSFORMAR CON AMOR

Usando esa imagen bonita de estos días: de María y de José, que preparan ese pobre pesebre, ese pobre establo, y lo iluminan, lo ventilan… 

El Papa Francisco en el Evangelii gaudium, dice esta frase bonita: María, es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura. 

Si, la Virgen Santísima, tu Madre nuestra, ahora que estamos también rezando, conversando, estando contigo: “Eres Tú, Madre nuestra, quien al lado  de san José, ayudada silenciosamente, cariñosa y cálidamente por san José. 

Eres Tú, Madre nuestra. Son ustedes con san José, los que también en mi corazón, pueden preparar un lugar donde nazca, donde esté, y donde sea, envuelto en pañales y donde mucha gente se venga a encontrar con Jesús”. 

NAVIDAD INMINENTE
ACERCARNOS AL PESEBRE

Vienen también aquellos sabios de Oriente, siguiendo la luz que les ha puesto Dios, guiándolos. Y eres tú, Señor, el que anuncia a los pastores para que se acerquen a ese pesebre, a ese establo, a esa cueva… 

Señor, en mi alma, por el cariño de la Virgen, por la ternura de san José, que en mi alma puedas estar contento, tranquilo, y a gusto. 

Que en mi, Señor, que en mi vida, en mi sonrisa, en mis buenas obras, en el empeño que ponga con buen humor, Señor, que en toda mi vida, mucha gente se pueda encontrar Contigo.


Citas Utilizadas

2 Sam 7, 1-5. 8b-12. 14ª. 16

Sal 88

Lc 1, 67-79

 

Reflexiones

Señor, que en unas horas más pueda verte en ese pesebre, ¡así bebé! Poder cargarte y acariciarte como lo hicieron Tus padres, como lo hicieron los pastores… 

Dame un corazón limpio y poder estar siempre a Tu lado.

Predicado por:

P. Juan

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