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P. Santiago

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LA ORACIÓN Y LA FAMILIA. DOS GRANDES TESOROS

Nuestro tesoro en la tierra es la delicada amistad con Jesús. Por eso cuidamos los ratos de oración. Debemos también descubrir que la familia es un tesoro que Dios ha puesto en la humanidad desde la creación.

“No amontonéis tesoros en la tierra”.

Esa es una de las frases famosas de este Evangelio, pero quizá la más famosa es:

“Allí donde está tu tesoro, está tu corazón, porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”.

EL TESORO

Vamos a hablar Contigo Jesús, de los tesoros o del tesoro. El Evangelio completo, o con lo que yo me quiero quedar en este rato de oración, dice así:

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen, y donde los ladrones socavan y roban. Amontonad en cambio tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo”

(Mt 6, 19-23).

Yo me quería quedar ahí. Y me acuerdo de una meditación muy simpática, de hecho, fue de las primeras meditaciones del padre Javier de Argentina.

En esta meditación contaba una anécdota de unos ornamentos que se los comía la polilla, y creo que le correspondió comentar este pasaje del Evangelio, y puso unos ejemplos muy simpáticos. Yo me moría de la risa oyéndolo en su acento argentino. Y la verdad, tendría que buscar esa meditación, porque me pareció muy simpática.

LA ORACIÓN Y LA FAMILIA. DOS GRANDES TESOROS
LAS RIQUEZAS CELESTIALES

Jesús no nos habla solamente de no tener como esa inclinación humana natural a atesorar. A la prudencia de preparar un futuro, guardando algo de dinero para algunas necesidades. No. No solamente eso… El Señor dice que hay que atesorar más.

Las riquezas que tenemos que atesorar son las riquezas celestiales. El Señor no tiene nada de reparo contra los que consiguen una buena vida, y con su trabajo consiguen un modo digno de vivir cómodo, si se puede decir así.

Ahí no está la verdadera pobreza, ni tampoco está la verdadera riqueza. La verdadera riqueza está en atesorar tesoros para el cielo, tesoros celestiales.

DOS GRANDES TESOROS

Como ya tengo experiencia de que muchas veces me paso del tiempo, yo quería rápidamente Jesús, hablar Contigo de dos tesoros que tenemos. Y que tenemos que identificarlos y cuidarlos mucho.

LA ORACIÓN

El primero de esos tesoros es la oración. Esto que estamos haciendo nosotros, es un tesoro. ¿Por qué? Porque lo que pretendemos con este rato de oración, es tener amistad Contigo Jesús. ¡Y eso es un tesoro! ¿Cuántos buenos ratos de meditación ya hemos acumulado? Tantas pequeñas conversaciones Contigo: en un sitio o en otro, ante el Sagrario, en un oratorio, o muchas veces yendo de un lado para otro…

¡Esos, esos son tesoros! Y esos ratos de oración los vamos acumulando para el cielo. Es un tesoro celestial esta oración. Con estos ratos de oración, de diez en diez, ¡nos volvemos millonarios!

Empezamos este proyecto hace mucho tiempo, por allá en noviembre del 2018. Ya vamos para tres años, desde que estamos todos los días haciendo diez minuticos oración. Pues Señor, ten en cuenta estos tesoros, estos ratos de oración que estamos acumulando como tesoros.

Pero no lo hacemos con el ánimo de que nos regales el premio eterno de la vida eterna. No. Lo hacemos por amor a Ti. Desinteresadamente. Por ese trato de amistad que tenemos Contigo.

LA FAMILIA

Y el otro tesoro del que quería hablar Contigo Jesús, me parece que es la familia. Yo como sacerdote lo noto: cuando la familia está bien, hay un equilibrio, todo marcha bien.

Puede haber problemas económicos, puede haber más problemas, quizás de carencias, o problemas de salud. Puede haber incertidumbre en temas laborales.

Pero en todo caso, si la familia está unida, si la familia está bien, todo marcha bien. Todo funciona bien. Porque la familia es un tesoro. Hay que dejar de un lado los egoísmos y vivir en unidad familiar.

Te voy a contar algo que escuché, creo que en la meditación pasada también recordé algo de don Javier Echevarría, -y es que vivir con el sucesor de dos santos, también es un regalo, es un tesoro-.

LA ORACIÓN Y LA FAMILIA. DOS GRANDES TESOROS
LA PREGUNTA…

Cuando yo me ordené sacerdote, por allá en el año 2014, mis papás pudieron viajar a Roma para asistir a mi ordenación sacerdotal. Mis hermanos también. Y entonces, al día siguiente de la ordenación sacerdotal, pudimos tener un rato de tertulia y de conversación con el prelado del Opus Dei, que en ese momento era monseñor Javier Echevarría.

Y entonces me acuerdo de que, cuando faltaba más o menos una hora para la tertulia, el que organizaba aquello, se me acerca y me dice: -Oye, Santi, ¿a tu papá no le interesará hacer alguna pregunta en la tertulia o contarle algo al padre?

Y entonces, pues me tocó esperar a que llegaran mis papás y mis hermanos. Y le pregunté: -Oye papá, ¿te gustaría preguntar algo? Entonces, ahí empezamos a conversar, a dialogar, y me dijo: -Sí, me gustaría contar algo. Pero después, sobretodo, preguntarle al padre algo.

Entonces, la pregunta que mi papá le hizo a monseñor Javier Echevarría en ese momento fue: ¿Cómo mantener la alegría de la familia?

(Yo lo anoté casi al pie de la letra, porque claro, era algo muy personal, pero también nos puede servir a todos).

HACER PEQUEÑAS COSAS Y CON ALEGRÍA POR AMOR A DIOS

Y entonces el padre, le respondió lo siguiente:

“Te diré algo que nos decía san Josemaría: -Todos los días tenéis que inaugurar vuestra llamada de Dios. Es verdad, tiene que ser como un estreno. Hoy, Señor, voy a darte todo lo que tengo con la máxima alegría, y lo que tienes tú y lo que tiene tu esposa, y lo que tienen tus hijos, es precisamente esa familia: para que os queráis más, para que os ayudéis más, para que os propongáis pequeñas cosas en la vida corriente del hogar, de forma que os sintáis, unos, la parte total de los otros.

Y los que se den cuenta -porque son finos, no porque busquemos el agradecimiento-, se dan cuenta de que lo hacemos por el amor que Dios ha puesto en nuestras almas”.

LA FAMILIA UN TESORO

LA ORACIÓN Y LA FAMILIA. DOS GRANDES TESOROS

Muy bonito. Muy bonito saber que la familia es un tesoro. Contar con una familia unida, contar con una familia alegre, contar con eso, ¡es un tesoro y hay que aprovecharlo! Y eso hay que mantenerlo y hay que cuidarlo.

La familia es un tesoro que Tú, Jesús, le has regalado a la humanidad desde la creación. ¿Para qué? Para que nos queramos, nos cuidemos, nos ayudemos, y nos entendamos en la familia. En el núcleo familiar es donde nos podemos cuidar, entender, y apoyar los unos a los otros.

Qué maravilla poder llegar al juicio particular y decirle a Jesús: Jesús la familia que tú me has dado, yo la he cuidado como un tesoro. He procurado querer a cada uno como es, entenderlo como es, hacerle la vida agradable y feliz. Por qué lo he considerado como un tesoro, y te lo quiero agradecer.

Tantas personas que han gozado, por ejemplo, de la salud y de la vida de unos padres que les han durado muchísimos años, ¡eso es un tesoro!

Bueno, Jesús, y si tenemos la familia desunida, ¿Qué hacemos? Pues danos las luces y danos la gracia para unir a la familia.

DISFRUTAR CADA DÍA DE LAS RIQUEZAS QUE TENEMOS

Bueno, el Evangelio termina muy pronto. Pero si nos vamos al Evangelio de san Mateo, a esos versículos de san Mateo en el capítulo 6, termina diciendo lo siguiente:

“Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad”.

Yo creo que ese es un buen propósito: que vayamos atesorando cada día. El rico se preocupa de cómo puede tener más, y nunca está contento. Se afana por su futuro, por el futuro de su familia, y siempre está como descontento con lo que tiene y con lo que posee.

¡No, no, no! A disfrutar cada día de las riquezas que tenemos. Y en este rato de oración hemos considerado dos: la oración y la familia.

Vamos a pedirle a la Virgen que nos ayude a conservar esa riqueza, a identificarla como un tesoro, a guardarla, protegerla y a valorarla más; y a que todas las personas que están a nuestro alrededor se den cuenta de eso.

 


Citas Utilizadas

2 Cor 11, 18. 21b-30

Sal 33

Mt 6, 19-23

Reflexiones

Santa María, ayúdanos a saber cuidar, proteger y mantener unida nuestra familia. Esforzarme cada día por hacer la vida agradable y feliz a los demás.

Predicado por:

P. Santiago

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  1. María Eugenia Gaete dice:

    Preciosa meditación, muy animante y qué bonito conocer algo más de don Javier Echevarría. Gracias por compartirlo!

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