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P. Neptalí

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EL BUEN PASTOR

Conocer y dejarse conocer por el Buen Pastor.

UN SOLO PASTOR

Veremos en el Evangelio de la misa de hoy, que el Señor continúa con el discurso sobre el Buen Pastor y reafirma una vez más:

«Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo las roba y las dispersa. Y es que a un asalariado no le importan las ovejas. 

Yo soy el buen pastor que conozco las mías, y las mías me conocen igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre. Yo doy mi vida por las ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil. También a ésas las tengo que traer y escucharán mi voz. Y habrá un solo rebaño y un solo pastor. 

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido de mi padre: El Buen Pastor da su vida por las ovejas». 

Habla que el Señor de su pasión, y muestra que iba a ocurrir para la salvación del mundo y que la sufriría voluntaria y libremente. Antes el Señor ya había hablado de los pastos abundantes que daría a sus ovejas, pero no habla de dar su misma vida.

UN ACTO PERFECTO

Explica el Señor que la libre voluntad con que se entrega a la muerte para el bien de su rebaño, Cristo, por haber recibido pleno poder, tiene la libertad para ofrecerse en sacrificio expiatorio y se somete voluntariamente al mandato de su Padre, en un acto perfecto.

Y nunca podremos acabar entender esa libertad de Jesucristo, inmensa e infinita como su amor. Una palabra de Juan Pablo II nos puede hacer entender mejor aquello que se ha hecho en la historia del hombre como el argumento más fuerte: “Si no hubiera existido esa agonía en la Cruz, la verdad de que Dios es amor, estaría por demostrarse.

El horizonte de la amistad en la que Jesús nos introduce es a la humanidad entera, pues quiere ser para todos: el Buen Pastor, que a su vida nos subraya con fuerza en ese discurso que vino Él para reunir a todos, no sólo al pueblo elegido, sino a todos los hijos de Dios dispersos.

Cristo es el verdadero buen Pastor que dio su vida por las ovejas, por nosotros. Inmolándose en la Cruz. Conoce a sus ovejas y sus ovejas lo conocen a Él. Así como el Padre lo conoce y Él conoce al Padre.

EL BUEN PASTOR
FIDELIDAD Y AMOR

No se trata de un mero conocimiento intelectual, sino de una verdadera relación personal y profundo conocimiento del corazón propio de quienes se aman y de quienes son amados, de quien es fiel, de quien sabe que a su vez puede fiarse del otro.

Un conocimiento de amor en virtud del cual el Pastor invita a los suyos a seguirlo y que se manifiesta plenamente en el don que le hace de la vida eterna. Y el Señor es el culmen de la revelación de Dios como pastor de su pueblo.

Precisamente, Jesús muere en la Cruz, resucita del sepulcro al tercer día, resucita con toda su humanidad, así lo hemos estado celebrando a lo largo de esta semana, en este tiempo pascual.

Y de este modo nos involucra a cada hombre en su paso de la muerte a la vida. Este acontecimiento, la Pascua de Cristo, el que se realiza plena y definitivamente: fue la obra pastoral de Dios. Un acontecimiento con una dimensión sacrificial en el ofrecimiento de la vida. Por ello, el Buen Pastor y el Sumo Sacerdote, coinciden en la persona de Jesús, que Él ha dado su vida por nosotros.

CONOCIMIENTO Y PERTENENCIA

Comentaba una vez el papa Benedicto, hablando sobre las interrelaciones, que para entender lo que significa ese conocerse en primer lugar, conocimiento y pertenencia, decía, están entrelazados.

El pastor conoce a la oveja porque ésta le pertenece y ellas lo conocen precisamente porque son suyas. El verdadero pastor no posee las ovejas como un objeto cualquiera que se usa y se consume, no. Ellas le pertenecen.

Precisamente, en ese conocerse mutuamente, ese conocimiento es una aceptación interior. Indica una pertenencia interior que es mucho más profunda que la posesión de las cosas que no se pertenecen como una posesión, sino en la responsabilidad.

Así como los hijos con los padres. Los hijos pertenecen a los padres, pero son a su vez criaturas libres de Dios. Cada uno con su vocación, con su novedad, con su singularidad ante Dios. Pero se pertenecen precisamente por el hecho de que aceptan la libertad del otro y se sostienen el uno al otro. En el conocerse y amarse son libres, y al mismo tiempo una sola cosa para siempre en esta comunión. Lo mismo se puede decir de los esposos.

EL BUEN PASTOR
CAMINO, VERDAD Y VIDA

Bueno, de este modo tampoco las ovejas -que justamente son personas, somos tú y yo creadas por Dios, imágenes de Dios-, pertenecemos al pastor como objeto.

En cambio, es así cómo se apropian de ellas el ladrón, el salteador, el asalariado. Y esta es precisamente la diferencia entre el propietario, el pastor y el mercenario o ladrón para el ladrón.

Para los ideólogos y dictadores, las personas son solo cosas que se poseen, pero para el verdadero pastor, por el contrario, son seres libres en vista de alcanzar la verdad y el amor. Y el pastor se muestra como su propietario, precisamente por el hecho de que las conoce y las ama, quiere que viva en la libertad de la verdad que pertenecen, mediante la unidad del conocerse, en la comunión de la verdad que el mismo Cristo es el Camino, Verdad y Vida.

Y precisamente por eso, no se aprovecha de nosotros, sino que nos entrega su vida como efectivamente hizo por cada uno de nosotros.

UNA RELACIÓN TRINITARIA

“También somos en ese sentido, -seguía comentando el papa Benedicto- un reflejo de la misma relación íntima de amor entre Jesús y el Padre. Una relación trinitaria es la actitud a través de la cual se realiza una relación viva y personal con el Señor, dejándonos conocer por Él, no cerrándose en nosotros mismos a unirse al Señor para que Él me conozca, te conozcan”.

Él está atento a cada uno de nosotros. Conoce nuestros corazones, nuestro sentimiento, nuestra fortaleza, también nuestras debilidades, lo que hemos logrado, lo que nos ha decepcionado, pero nos acepta tal como somos. Nos conduce con amor, porque de su mano podemos atravesar incluso caminos difíciles e inescrutables sin nunca perder el rumbo. Él siempre nos acompaña por parte nuestra.

Que no seamos ovejas díscolas, distraídas o rebeldes al querer de Dios, sino más bien, seamos obedientes y dóciles a ese amor infinito que Dios nos tiene, y en parte se manifiesta en esa moción del Espíritu Santo y que el Señor promueve en nuestras almas.

Me tomo de la Virgen y pongamos todas nuestras intenciones honestas en sus manos: Nuestra Señora.


Citas Utilizadas

1 Cor 15, 1-8

Sal 18

Jn 14, 6-14

Reflexiones

Señor, enséñame a seguirte como las ovejas a su pastor.

Que sea parte de Tu rebaño, de Tus elegidos, de Tus amados.

 

Predicado por:

P. Neptalí

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