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P. Juan

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¡ANIMAR, AYUDAR!

A Jesús lo vemos yendo de un lado a otro, sembrando paz y alegría. A ver si se nos pega ese estilo.

QUIETUD EN EL CORAZÓN 

Es tan propio del Señor, ahora que estamos rezando estos 10 minutos con Jesús. Es tan propio del Señor, de nuestro Jesús,  el ir de un lado a otro, con quietud en el corazón, pero ir de un lado a otro:  ayudando a la gente, animando a la gente, lo vemos en el Evangelio cada dos por tres.

 Y en ese mismo sentido, las personas que se han parecido mucho en el corazón, en sus vidas, como dice el Papa Francisco, viviendo las bienaventuranzas: transparentando el rostro de Jesús. Los Santos, las santas, han vivido, viven así: animando, ayudando. 

Quizá una primera cosa que podemos pedirle a Jesús, ahora que lo miramos, que estamos con Él:

“Señor, que yo sea así, como Tú”. 

LO LEÍ EN UN LIBRO

Y hay un aspecto, lo leí el otro día en un libro que habla sobre otro libro.  Un libro que habla sobre un libro de San Josemaría, Camino.  

Y hablando de distintos papeles que ha investigado el autor de esta edición crítica de Camino. Distintos papeles, la correspondencia, las cartas de esa época de San Josemaría con un montón de gente, sobre todo gente joven que le pedía consejo, qué sé yo… 

  • LAS CARTAS

Cuenta esto: 

Las cartas que el autor escribe, las cartas de San Josemaría de esa época.

«Las cartas que el autor escribe están llenas de sentido sobrenatural, de afecto y de humor, y sobre todo, de esperanza en medio de aquellas dificultades.   Su clima es el  “¡Ánimo! tú puedes” del punto 483, de Camino.  Una esperanza basada en una gozosa conciencia de la Paternidad de Dios y en la realidad de la Comunión de los Santos».  

Muchas de esas cartas en esa época, San Josemaría se las escribía a los jóvenes que estaban en los frentes de guerra, todavía era en muchos casos, todavía en guerra civil en España, y San Josemaría, anima. 

  • ANALIZANDO 

Dice, analizando las cartas:

 “Llena de sentido sobrenatural, de afecto, de humor, de ánimo”  

Es fantástico… ¡ojalá nosotros seamos así, ojalá no seamos como Tú, Jesús”. Muchas veces aparece el Señor, por decir así, de camino, caminando, avanzando, adelante, encontrándose con gente, yendo hacia la gente, invitando, iluminando. 

CAMINAMOS CONTIGO Y VEMOS TU SONRISA

Por ejemplo, el Evangelio de hoy día.  Cuenta San Marcos, dice como el Señor está en la sinagoga dice:

 “Pero al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés”

(Mc 1, 29).

 Mira cómo el Señor va con este grupito de amigos que se va formando.  Irían conversando, irían contentos, también saludando a la gente, despidiéndose de  algunos de la sinagoga.  Es fácil ponerle sonrisas a esta escena, verdad

Y mirar la sonrisa de Jesús y de Juan y Santiago que van con Él y de la gente que se despiden, las familias que hay por ahí y también de Simón y Andrés que van con ellos, van a su casa.

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TE HABLAMOS DE LOS QUE QUEREMOS

Y cuenta San Marcos:

“La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, inmediatamente y le hablaron de ella” 

(Mc 1, 30)

«La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, -Pobrecita, no había podido escuchar las palabras de Jesús, quizás alguien la estaba acompañando en ese momento, la cosa es que llegan Jesús con Simón y Andrés, que eran los dueños de casa-  Y cuenta San Marcos: inmediatamente y le hablaron de ella”  (Mc 1, 30).

Lógico o no, nosotros también ahora, rezando, seguramente inmediatamente, podemos hablarle a Jesús de personas a las que queremos. Es lo que hacen, con toda lógica, Simón y a Andrés, que ven a Jesús tan sonriente, tan amable, tan, de verdad, tan jugado por las personas, entonces inmediatamente le hablaron de ella. 

TU DELICADEZA Y ATENCIÓN

Y lo que uno espera de Jesús, en verdad, de ti Señor.  Él se acercó, no así a la distancia, sino  “Él se acercó, la tomó de la mano y la levantó    Mira que personal todo esto, mira qué amabilidad, qué delicadeza, qué atento el Señor. 

Él se acercó, seguramente con pausa, con amabilidad, sin sobresaltos. La pobre señora está con fiebre y es mayor. 

“Se acercó, la tomó de la mano y la levantó.  Se le pasó la fiebre y se puso a servirles” 

(Mc 1, 31) 

Cuenta San Marcos.

AGRADECER SIRVIENDO

Mira qué buena ella también, qué agradecida, qué contenta, qué servicial, qué no sé… Quizás tendría alguna receta de cocina de la que era experta o de la que estaba contenta, orgullosa, con la que tantas veces alegraba la vida de los demás, quizás se puso a cocinar eso, quizás ya lo tenía preparado de antes, no sabemos…  pero se puso a servirles.

AGOLPADOS A TU PUERTA

Y el Señor se sigue moviendo, el Señor estaba ahí contento, quizás comen, descansar un poco, el Señor les sigue contando cosas, le cuentan cosas a Jesús, así como nosotros ahora también, estarían todos tan contentos, tan agradecidos por la salud de la suegra de Pedro.

 Y cuenta San Marcos:

“Al anochecer, sigue todo esto, al anochecer cuando se puso el sol le llevaron todos los enfermos y endemoniados.  La población entera se agolpaba  a la puerta” 

(Mc 1, 32-33)

 Imagínate la cantidad de gente y el Señor, ayudando, sirviendo.  Uno dice qué maravilla, qué servicial la suegra de Pedro cuando se le pasa la fiebre. Como agradece, como sirve, como ayuda, como eso, hace ambiente de familia.  Ilumina  y el Señor también.

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NUESTRAS CAPACIDADES VIENEN DE TI 

En verdad, toda esa capacidad de la suegra de Pedro de servir, de ayudar, de aportar, de iluminar, en verdad, en  verdad vienen de ti Señor, que le das la salud. Bueno, de ti Señor que eres Dios y que le das la vida, a la suegra de Pedro y a mí también.

 Y entonces el Señor sigue con esto, al anochecer se puso el sol, todos le llevan enfermos, y cuenta San Marcos:

“curó a muchos enfermos, de diversos males y expulsó muchos demonios. Y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar”

(Mc 1, 34)

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TRANQUILIDAD Y ORACIÓN

Y bueno, vienen unas horas de descanso, de más tranquilidad. Señor tú no solo dormías en una barca, aunque hubiera oleaje porque estabas agotado, también dormías normalmente, en la noche y seguramente aquella noche también.

 Pero encuentra San Marcos: “Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, – qué hora sería eso, las 5:00 de la mañana?  no sé –  pero cuenta eso San Marcos: Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario – quizás la orilla del lago, están ahí en Cafarnaún, verdad –  se marchó a un lugar solitario, tranquilo, y  allí se puso a orar” (Mc 1, 35). Como estamos ahora nosotros.

PARA ESO HE SALIDO 

Simón y sus compañeros – verdad estaban ahí también Santiago y Juan había dicho recién San Marcos –  fueron en su busca y al encontrarlo le dijeron: Todo el mundo te busca. Él le responde: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí, que para eso he salido”  (Mc 1, 36-38)

 Bueno,  y a ver si yo también salgo, verdad.  A ver si yo como tú Señor también salgo…  Se sale con una sonrisa, se sale con un Whatsapp simpático, se sale rezando por los demás, por la familia en primer lugar, por los más amigos, por los más cercanos, lógico. 

Pero quizás, podemos terminar nuestra oración mirando este buen ejemplo de Jesús. En toda esta escena brilla el cariño, el corazón tan amable del Señor, pero especialmente aquí al final. 

Para eso he salido.  Señor que yo también salga, que yo también sirva, que yo también ilumine. 

 

 


Citas Utilizadas

  • Hb 2, 14-18
  • Sal 104
  • Mc 1. 29-39
  • Punto 483, Camino
  • San Hilario de Poitiers, Obispo y Doctor

 

Reflexiones

Señor, que sea como Tú. Que yo también salga, que yo también sirva, que yo también ilumine. 

Predicado por:

P. Juan

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