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P. Josemaría

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VIRGEN DE LORETO

La santa Casa de Loreto es la misma casa de Nazaret que visitó el arcángel san Gabriel en la Anunciación de la santísima Virgen María. Es allí donde el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros.

El calendario de flores de temporada es muy importante para poder conocer qué florece en cada época del año y así, organizar nuestros espacios naturales mucho mejor.

Las plantas son indispensables.  Las flores son muy importantes para crear ese ambiente de hogar; tanto fuera de tu casa, como en el jardín o, incluso, en la oficina.

Hay flores que puedes cultivar durante todo el año, mientras que hay otras que solo se dan en determinadas épocas.

Esas, de todo el año -de enero a diciembre- son una maravilla sobre todo en nuestros países de América Latina.  Las rosas, por ejemplo, que se dan en todo el año; las hortensias, las margaritas, los crisantemos, el clavel…

Luego están esas que son más de primavera, de marzo a mayo: el girasol, el narciso, el jazmín, la azalea….  Y, las flores de verano están por ahí las dalias, están los nardos…

Es bonito saber que hay flores que pueden ayudarte a crear un ambiente hogareño y yo te quiero hablar de una flor de temporada.  No precisamente una flor, sino de una fiesta de María.

TODOS LOS MESES TENEMOS PRETEXTO PARA ACUDIR A LA VIRGEN

Porque, así como las flores, también -por diversos motivos- todos los meses tenemos pretexto para acudir a la Virgen.

Tenemos regadas, esparcidas, a lo largo de todo el año, distintas fiestas con advocaciones a María que nos ayudan a encontrar un aspecto particular de nuestro amor a ella y del amor que ella nos tiene.

Así la festejamos desde el primero de enero, con la fiesta más grande de todas, que es su maternidad.  Luego, el dos de febrero purificación; el 25 de marzo, Anunciación; abril, casi siempre coincide con Semana Santa y nuestra Señora de los Dolores.

Mayo, Fátima; junio, Perpetuo Socorro; julio, el Carmen; agosto, Asunción; septiembre, Natividad; octubre, mes del Rosario; noviembre, Medalla Milagrosa.

Y llegamos al mes de diciembre, que es el mes que estamos viviendo, en el que acabamos de celebrar, hace dos días, a la Inmaculada Concepción y en el que vamos a celebrar, dentro de dos días, a la Virgen de Guadalupe.

Yo te quiero hablar de la fiesta de hoy que, quizá, no es tan famosa como Inmaculada y Guadalupe, pero que tiene un especial sabor a familia y que, de alguna manera, nos conecta con la preparación que estamos haciendo para la Navidad, porque tiene sabor de hogar; tiene calor de hogar.

Tiene que ver, precisamente, con la Casita, con el Hogar de Nazaret; es decir, la Sagrada Casa o, como le dicen, la Santa Casa.

LORETO

Loreto
Una casa que tiene su historia porque, en realidad, ahora está en dos partes.  Una parte está en Loreto, Italia y la otra, en Nazaret.  Es la misma Casa que visitó el arcángel Gabriel en la Anunciación a la santísima Virgen María.

Allí, donde

“el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros”

(Jn 1, 14).

Allí donde, después de su regreso de Egipto, Jesús pasó 30 años de sus 33 junto a la Virgen y san José.

Esa Santa Casa, no era para menos, pronto desde época apostólica, se convirtió en un lugar de reunión para celebrar la Santa Misa de los primeros cristianos.

Podemos imaginar con qué amor, con qué veneración cuidarían este santo lugar.  Y, actualmente, esta santa Casa de Nazaret, como te decía, está en dos partes.  Uno se podría preguntar: ¿Pero, por qué está en dos lados?

Pues es que, en aquella época, en Palestina de Nazaret, se construía, normalmente, sobre alguna pequeña gruta.  De manera, que a ese espacio se le hacían ya tres paredes y ya no cuatro.  Y, esas tres paredes de ladrillo ya no están en Nazaret.  En Nazaret ya solo está la gruta.

Esas otras tres paredes de la Casita, están en Italia; en concreto, en un pueblito que se llama Loreto.

¿CÓMO LLEGÓ LA SANTA CASA DE NAZARET A LORETO?

Hay varias tradiciones.  Una de ellas, habla de ángeles que transportaron la casa por los aires.  Pero hay un documento, que parece indicar que el responsable del traslado fue un comerciante llamado: Nicéforo Ángelo, del siglo XIII y que, quizá, su apellido inspiró la idea del traslado por medio de ángeles.

En todo caso, tan extraordinaria empresa, sin duda tuvo la protección y la guía del Cielo.  Ya lo había dicho el ángel a la Virgen en esa misma Casa:

“Para Dios, nada es imposible”

(Lc 1, 37).

Lo que sucedió, fue que trataban de destruir la santa Casa.  En 1291 los sarracenos conquistaban Tierra Santa y, queriendo acabar con toda la historia del cristianismo, pensaron que la mejor forma era destruyendo los lugares sagrados.

Así fue como, según la tradición, en este año cuando los cruzados perdían control sobre la Tierra Santa, los ángeles la trasladaron para custodiarla hasta Italia. Primero llegó a Croacia y luego de Croacia, se fue a Italia.

Lo importante fue eso, cómo por intervención divina, contando con la ayuda de los hombres, a mí me gusta más pensar que fue este amigo nuestro: Nicéforo Ángelo, el que, inspirado por Dios y para custodiar y para que no se destruyera la santa Casa, la puso a resguardo.  La tuvo que desmontar y trasladar hasta Italia.

Lo bonito es que los arqueólogos han estudiado las dos partes de la Casa, tanto la de Nazaret como la de Loreto y han visto que coincide perfectamente en muchísimas cosas.

En el tipo de tierra, los ladrillos; incluso, se han encontrado monedas en la Casa de Loreto que pertenecen a aquel lugar de Nazaret.

AGRADECIDOS

De manera que es, para nosotros, esta fiesta de hoy: la Virgen de Loreto, donde está la santa Casa, un motivo de entrañable alegría y de agradecimiento a todas aquellas personas que hicieron posible que esta Casita se custodiara.

Por eso, no nos puede extrañar que muchos santos la hayan visitado; entre ellos, san Josemaría.

Él hizo una visita a esta santa Casa en el año de 1951 y, precisamente, fue a poner sobre los pies de la Virgen de Loreto, una gravísima necesidad que tenía, porque pasaba esa Fundación que Dios le había pedido -que era el Opus Dei- por momentos de especial peligro.

Querían destruir su casa, podríamos decir; algo semejante a lo que quisieron hacer en aquel Siglo XIII con la santa Casa y así él fue y puso esta intención en manos de la Virgen y luego se quedó tranquilo.

Efectivamente, la Virgen escuchó su oración y aquella empresa sobrenatural salió adelante.

CUIDAR LA CASA

Loreto

Pienso que, en este clima de Adviento, de expectación, de espera, que estamos viviendo, de preparación para Tu venida Jesús, este clima que nos da una de las notas esenciales para comprender lo que es nuestra vida, el camino de nuestra vida, la preparación para cuando Tú Jesús vengas a buscarme; la preparación para cuando salga el sol para mí.

Pensando en la casa de Loreto, nos puede servir este Adviento como esa necesidad de cuidar la casa, para que no sea destruida, para cuando yo llegue a ella y la Navidad que también es llegar a casa, que de alguna manera es como un resumen de nuestra vida; que es camino a casa.

Esta fiesta de Navidad que estamos preparando, esta fiesta en la que uno se siente especialmente en casa (porque lo necesitamos), necesitamos sentir que estamos en casa, que tenemos un hogar.

¡Qué buen día de hoy! La santa Casa de Loreto, la Virgen de Loreto, para poner en sus manos la casa de nuestra vida, nuestra empresa más importante que es llegar al Cielo, llegar a casa, poner también en manos de María todas las casas del mundo, todos los santos hogares, todos los matrimonios, todas las familias, para que estén unidas, para que no se destruyan, para que la Virgen las guarde.

EL ÁNGELUS

Vamos a terminar recordando una de las flores, no de temporada, sino de esas que se dan todo el año; es decir, una de las oraciones a la Virgen que rezamos todos los días a las doce y que es el Ángelus.

Ese recuerdo de cuando el ángel Gabriel le dijo a María:

“Alégrate, llena de gracia”

(Lc 1, 28).

Son unas palabras que resuenan, de manera singular, en el santuario de Loreto.  Es un lugar privilegiado para contemplar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

Porque ahí, de hecho, en esas paredes que, según la tradición, provienen de Nazaret, fue entre las cuales la santísima Virgen pronunció su sí,

“Hágase en mí según tu palabra”

(Lc 1, 38),

convirtiéndose en la Madre de Jesús.

Por eso, en el altar se encuentran estas palabras:

“Aquí el Verbo de Dios se hizo Carne”.

“Hic verbum caro factum est”

Terminamos acudiendo a María para que ella, al pensar en Loreto, nos consiga siempre decir un sí y que cuide nuestras casas, que cuide nuestras familias y que nos siga ayudando y acompañando en este camino hacia la Navidad, en este Adviento, en este camino hacia el Cielo.


Citas Utilizadas

Is 48, 1-4. 9-11

Sal 79

Mt 17, 10-13

Jn 1, 14

Lc 1, 28. 37-38

Reflexiones

Jesús, quiero poner en Tus manos la casa de mi vida, mi empresa más importante que es llegar al Cielo, llegar a casa, poner también en manos de María todas las casas del mundo, todos los santos hogares, todos los matrimonios, todas las familias, para que estén unidas, para que no se destruyan, para que la Virgen las guarde.

Predicado por:

P. Josemaría

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