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P. Juan Pablo

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UN POCO DE AGUA POR FAVOR

Hoy celebramos la Asunción de la Virgen María al Cielo, ella pudo subir porque Dios la llenó de gracias y la quería junto a Sí, pero también porque ella siempre colaboró y tenía tanto amor a Dios en su corazón que era inevitable retrasar más ese momento.

Aquí donde vivo en la ciudad de Monterrey no hay agua, hace ya varios meses que no llueve.
El río Santa Catarina está seco. Bueno, siempre está seco, solo tiene agua cuando llueve y llueve muy pocas veces al año, pero este año no ha llovido nada.

Así que estamos mal, los jardines están secos, los árboles con pocas hojas, mucho polvo por toda la ciudad.
Pero más allá de eso, también podemos pensar en las dificultades que hay en las casas, que hay pocas horas de agua al día, y que, la gente tiene que asearse, y tomar agua, obviamente lavar la ropa, lavar los platos, todo eso se está dificultando desde hace unos meses atrás.

DANOS LLUVIA, SEÑOR

Por eso le pedimos a Dios: “La lluvia, Señor, danos la lluvia”.
¡Ojalá hubiera agua! Uno va caminando por las calles y ve… Bueno, va en el carro por las calles, porque si uno va caminando se puede morir de calor, estamos ahorita como 30 y tantos grados…
Uno va por el carro viendo los árboles todos tristes, los jardines todos secos. Y uno piensa: ¡Ojalá hubiera agua! ¡Ojalá hubiera agua para este paradito! ¡Ojalá se pudieran regar estos pastos! ¡Ojalá todos tuviéramos agua!

Es un buen deseo, ahora lo podemos expresar así: ¡Oye que tengas agua! Si vas a un cumpleaños, pues puedes llevar un garrafón de agua como regalo, si vas a una boda pues lleva una pipa.
Oía hace algunos días una clase de afectividad, donde el profesor decía que, en África, -habrá que ver en qué país de África, porque África es un continente-, que en África el enamorado no la lleva flores a la enamorada, sino que le lleva fruta dulce.
Porque allá en África, hay tantas flores, de tantos colores, de tantos aromas, que regalar flores pues no tiene sentido. Me parece un poco rara esa afirmación, porque una flor pues es bella y siempre manifestará un buen deseo.

 

Un poco de agua

¡DESEAR A DIOS!

El punto es: desear cosas buenas a los demás, “desear cosas buenas”. Qué bueno y que sano es tener deseos de bien para los demás.
Y el bien máximo, el bien absoluto, sabemos que es Dios. ¡Desear a Dios! Desear a Dios para nosotros, desear a Dios para los demás.
Eso es la santidad, ¿Qué deseas? ¿Qué quieres? ¿Qué es tu principal anhelo? Pues mi principal anhelo es conocer, tratar, amar, tener a Dios dentro de mí, que Dios esté presente en todas partes.
En los corazones de las personas, en las leyes, en el arte, en el entretenimiento, en las relaciones entre las personas, ¡Que esté Dios ahí presente! “Queremos Señor que estés presente”
Pues hoy es la fiesta de la Virgen de la Asunción, la Virgen a los Cielos. ¿Qué es lo que tiene la Virgen en su corazón? Ella tiene ese deseo, desea que Dios sea grande en su vida.

HOY ES UNA SOLEMNIDAD

Es lo que leemos hoy en la Misa del día, en el Evangelio de la Misa del día, porque hoy es una solemnidad, una fiesta tan importante que tiene una Misa de vigilia.
En el Evangelio de la Misa del día de hoy, leemos el encuentro de María con su prima santa Isabel, en el que la Virgen dice esa oración tan bonita del Magníficat:
“Mi alma glorifica al Señor”, mi alma engrandece a Dios.
Y comenta Benedicto XVI, sobre esas palabras:

María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un «competidor» en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande: precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios. (Homilía Benedicto XVI, 15 agosto 2005)

Esta es de las frases que más me gustan a mí, del Papa Emérito, que pronunció un día como hoy, un 15 de agosto del año 2005, ya hace 17 años.

MADRE, AYÚDAME A SER UN BUEN HIJO

María desea que yo sea grande y ¿Qué tan común es desconfiar de Dios? Pensar que si le damos espacio a Dios en nuestra vida Él nos va a quitar, Él nos va a empequeñecer, Él nos va a esclavizar.
Y ¡nada de eso!, ¡justo lo contrario! Y la Virgen nos enseña a confiar en Él.
Madre mía, ayúdame a confiar en Dios, ayúdame a ser buen hijo, a dejarme enseñar, a dejarme guiar por ti, que tú confías plenamente en Dios, que tú abres tu corazón totalmente a Él y deseas y haces su voluntad toda tu vida.
De tal forma, que al final, que natural fue subir al cielo en cuerpo y alma, qué es lo que celebramos precisamente en la fiesta de hoy,
¿Qué significa la Asunción de María? Te voy a leer un fragmento del punto 966 del catecismo de la Iglesia Católica:

«Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte» La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos.

CUATRO DOGMAS SOBRE LA VIRGEN

La primera parte de este punto, es tomada de un documento del Concilio Vaticano II, que se inspira a la vez en la proclamación del dogma de la Asunción de la Virgen por el Papa Pío XII.

Un poco de Agua
La Asunción de la Virgen es uno de los cuatro dogmas sobre la Virgen. Que son:
-Que ella es Inmaculada -Que no tiene nada de pecado -Que fue siempre Virgen -Que es madre de Dios -Que subió al cielo.
¡La Virgen Inmaculada, nada de pecado!
Nos dice un autor, que estos dogmas de la Virgen son como un resumen o una comprensión de lo que es “el tiempo”.
Porque la Virgen Inmaculada, es como la situación de la humanidad antes del pecado de Adán, la “Virgen sin pecado”.
Y la Virgen en el Cielo, con su cuerpo y con su alma, ya ahora en el cielo, nos habla de la situación futura, de cómo estaremos toda la humanidad al final de los tiempos, que todos vamos a resucitar.
Dice al final de este punto del catecismo:

La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos.

UNA ESTRELLA PARA ORIENTAR NUESTRA VIDA

¡Una fiesta de gran alegría, por ella y por nosotros! Por ella, porque brilla como el sol, una estrella nueva que surge en el firmamento, la estrella más grande, para orientar nuestra vida.
La estrella que podemos ver cuando se nos dificulta ver el sol que es Cristo, pues ahí está María, que siempre nos lleva a Él. Y que nos habla de nosotros mismos, de nuestro destino eterno.

Pues hoy nos alegramos con esta fiesta. Y pensamos cómo terminaron esos días de la Virgen.
Porque así dice la proclamación del dogma: “Transcurrido su paso por la tierra”. No sabemos si murió o si fue como una dormición…
Pero aquí hay un autor que dice:

Que la Virgen murió como había vivido, o terminó sus días como procuró vivir aquí en la tierra, inflamada en el amor de Dios. Y así como el amor divino le dio la vida, así también le causó la muerte, muriendo como dicen comúnmente los doctores y los santos padres, de la enfermedad del Amor.

Madre nuestra, ayúdanos a confiar mucho en Dios, a amarlo, a desearlo, desearlo para nosotros y para los demás.
De tal forma, que anhelemos todos los días, estar junto contigo, ya contemplando y gozando de Dios.
Cosa que será también hasta el final los tiempos, que podremos resucitar con nuestros cuerpos, pero mientras tanto, que aquí en la tierra, y también cuando muramos pues podamos acceder rápidamente a la presencia de Dios.


Citas Utilizadas

Ap 11,19; 12, 1.3-6.10
Sal 44
1Co 15, 20-27
Lc 1, 39-56

Reflexiones

Señor, quiero conocerte, tratarte, amarte, tenerte dentro de mí, que estés presente en toda mi vida. Virgen de la Asunción, llévanos a tu divino Hijo.

Predicado por:

P. Juan Pablo

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