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P. Juan

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UNA FIESTA EN CANÁ

Qué alegría ver a María Santísima invitada a aquella fiesta en Caná. Y a Jesús, invitado también. Y a Juan, con corazón grande.

SEÑOR, TODOS MIS DÍAS PARA TI

Hoy que es doming dan ganas de decirle: “-Oye Señor, si hoy es el día del Señor, hoy es un día para Ti. Pero Señor, que no solo sea el día de hoy, sino toda mi vida.  Todos mis días Señor que sean para Ti; porque de Ti vienen. De Ti recibo, cada día, cada uno de mis días, la vida, el cariño…”.

Y mirando hacia adelante, hacia el día del Señor, el gran día, ese ahora, ese hoy, lo maravilloso que va a ser la eternidad,

“Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por mente de hombre alguno…”

(1Cor 2, 9),

lo que va a ser eso.

“Señor, el día de hoy, para Ti. Señor, todos mis días para ti que, de hecho, vienen de Ti. De Ti me viene todo, pero Tú quieres, que siendo mío, regalándomelo Tú, yo lo ponga en Tus manos, en Tu corazón, como un regalo libre, cariñoso.

Y por eso te encanta Señor, que yo viva el día del Señor, que yo lo haga tuyo que, de hecho, ya es tuyo el día de hoy; pero te encanta Señor, que yo lo haga por cariño, que yo lo haga tuyo.

Bueno pues, Señor, el día de hoy para Ti. Señor, todos mis días para ti.”

LAS BODAS EN CANÁ

Hoy en el Evangelio, aparece esa escena tan bonita, tan familiar al mismo tiempo, con tanta gente alrededor, porque cuenta san Juan:

“Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús…”

(Jn 2, 1).

A unos pocos kilómetros de Nazaret esta Caná y da la impresión, claro, de que Jesús ya está fuera de casa. Ya está dando mucha luz a mucha gente por ahí, por los caminos, en los lugares donde se reúnen las personas, reuniendo discípulos, abriendo corazones, explicando las escrituras…Los primeros pasos de la vida pública del Señor.

Pero Jesús ya está fuera de casa y lo pone así san Juan, que en aquellas bodas estaba la Madre de Jesús, María, la Madre de Dios y Madre nuestra también.

¿Y porque estaría ahí María? Quizás era amiga de la mamá de la novia y la invitaron a la fiesta, quizás se conocían…
Bueno, vaya uno saber… uno puede empezar con tantas hipótesis… Pero quizá, las mismas mesas, sillas y demás utensilios los había hecho José mismo, quizá contigo mismo Jesús.

LOS PREPARATIVOS DE LA FIESTA

Quizás, muchas de las cosas que estaban allí utilizando para celebrar aquella fiesta, para celebrar ese matrimonio (en un día de alegría, de mucha vida familiar y de mucha vida con amigos) quizás, por decirlo así, lo que sostenía materialmente todo aquello (mesas, sillas y demás instrumentos…la cocina, también) era el cariño, el arte, la paciencia, la entrega de José y de Jesús -tal vez-, lo que estaba debajo de todo eso como sosteniendo toda esa fiesta.

La cosa es que ahí estaba la Virgen, la cosa es que se conocían… Y, claro, uno dice, qué inteligente esos novios, esas familias, al invitar a María. Qué inteligentes porque donde está la Virgen hay alegría, hay buen humor, sereno, tranquilo… pero buen humor, cariño y atención por los demás.

Y, probablemente, también, lo pensaban así: es que si viene María seguramente vendrá Jesús. No sabemos si eso es lo que pensaban los novios ahí en Caná, en esas bodas que nos cuenta hoy el Evangelio de la misa, pero nosotros sabemos que en nuestra vida sí que es así.

ENCOMENDARNOS A MARÍA, SAN JOSÉ Y NUESTRO ÁNGEL DE LA GUARDA

Por eso, nosotros también ahora, empezando a rezar, nos hemos puesto frente al Señor y le hemos dicho con esas palabras de santo Tomás, al Jesús resucitado, glorioso, lleno de fuerza: “Señor mío y Dios mío… con el Señor estamos.

Luego, con esa oración y, también lo haremos al final, nos encomendamos siempre a María santísima, a san José y a nuestro ángel de la guarda. Sabiendo que, si está con nosotros la Virgen -que está siempre con nosotros- y, si la hacemos más presente con cariño, más presente estará Jesús, ¡seguro!

Bueno y sigue contando san Juan, (también Él iba ahí):

“También fueron invitados a la boda, Jesús y sus discípulos”

(Jn 2, 2).

Quizás es que, Jesús era amigo del novio o amigo de los novios y lo invitaron por su cuenta.

Pero, san Juan hace esta distinción, por una parte -por decirlo así- estaba por su lado la Virgen y por el suyo Jesús. Van siempre juntos, los corazones unidos. No sabemos por qué exactamente, quizá es que María santísima sugirió: -Oye, ¿por qué no invitan a Jesús? Quizá la gente se complica un poco; porque, bueno, Jesús venía con un buen montón de amigos, de discípulos… La cosa es que están ahí presentes.

LA ALEGRÍA DE LA FIESTA

UNA FIESTA EN CANÁ

Y da alegría -no sé, si a ti te pasa- a mí me gusta mucho imaginarme al Señor en una fiesta, una celebración, con un montón de gente y alegría, los típicos ponerse al día, digamos: ¿en qué has estado tú? ¿En qué he estado yo…? y comentar…

Y sale tan natural, tan espontánea la sonrisa, el entusiasmo, los ojos muy abiertos, en exclamaciones. Sale muy natural al reencontrarse, al estar celebrando algo tan bonito.

También detalles de preparación: la comida, la bebida en la disposición de las mesas, en los adornos. Quizás, en algún instrumento de cuerda, algún tamborcillo que sonaría por ahí, haciendo música. Todo eso se comparte y esa fiesta es una maravillosa, es un motivo de alegría.

Lo que más alegra, más que las luces, son los rostros sonrientes. Y, eso lo pone Jesús, lo pone la Virgen, lo ponen los demás invitados y ver a Jesús ahí, uno más, ¡es una maravilla! Y ver a la Virgen, también, contentos con eso…

JESÚS Y LA VIRGEN ATENTOS A LOS DEMÁS

Nosotros sabemos cómo están, la Virgen, Jesús atentos; a estar muy contento para los demás, pero también atentos a servir a los que puedan echar una mano.

Y por eso, la Virgen, un poquito más adelante se da cuenta, antes que todo el resto, de que falta vino.  De que no porque la Virgen y Jesús están -por decirlo así- con ese estilo por dentro, con ese modo interior, con esa disposición del corazón.

En medio de eso, que está más profundo en el corazón: la sonrisa, las exclamaciones, los abrazos, el cómo estás, el conversar, el acercarse a uno… ¡Qué maravilla ver a Jesús contento, qué maravilla ver a la Virgen también contenta y celebrando!

Nos podemos fijar también en Juan. Este discípulo, que es el que está relatando en su Evangelio, el único de los cuatro Evangelios que recoge esta escena.

SAN JUAN

Porque la tradición, muchas veces, hemos escuchado, cómo san Juan, se piensa, era sumamente joven y es de aquellos discípulos: uno con corazón célibe, que ha recibido este don de Dios.

También, san Juan estaría ahí, en esa fiesta, contento de escuchar la música, simpático, feliz de estar ahí entre la gente. Tal vez san Juan, siendo jovencito (que tendría 15,16 años).

Juan, pensaría -porque era verdad- qué buen ambiente, qué simpático esto… Y vería chicos, había chicas, simpáticos, interesándose unos por otros; bailando por ahí, simpáticos, riéndose, mirándose con interés.

Y, seguramente, Juan se daría cuenta de eso, también a él le interesaría -porque raro no era- pero, al mismo tiempo, da la impresión de que tenía este fuego interior, como diciendo: si todo esto es una maravilla -por supuesto, que también le atraería, porque es bueno en sí mismo, se ve que es entretenido-, pero yo quiero más…

LA VOCACIÓN

UNA FIESTA EN CANÁ

A Juan le pasaría esto, nos da la impresión, por cómo fue su itinerario biográfico, su vida, su vocación ese: “yo quiero más”, yo quiero… o sentía dentro él la sed y el tirón, como el llamado de Dios realmente –la vocación, que llamamos nosotros- de una entrega, de un estar totalmente y solo para el Señor.

Por supuesto que era todo eso, lo demás fantástico y la fiesta de matrimonio… Pero mi camino va por otro lado y yo quiero otra cosa, yo anhelo otra cosa, yo siento que Tú Señor me pides esto otro…bueno, no sé.

Es bonito fijarnos en la Virgen, en Jesús, en san Juan, en esa boda, en esa celebración de matrimonio y que nosotros también vivamos a fondo el cariño de los demás el amor a Dios.

Y que pidamos, también, que muchos corazones se encienda este deseo, este anhelo y que Señor, Tú, nos regales muchas vocaciones así, de personas con corazón entero para Ti.


Citas Utilizadas

Is 62, 1-5

Sal 95

1 Cor 12, 4-11

Jn 2, 1-11

Reflexiones

 

Señor, te pedimos nos regales muchas vocaciones.

Predicado por:

P. Juan

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