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P. Ricardo

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UNA FE SIN CRUZ

Después de que Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, Éste lo reprende por no aceptar su Pasión. El Señor nos deja claro que, para seguirle, debemos estar dispuestos a tomar esa cruz para alcanzar la gloria, la felicidad.

Hace poco un amigo me preguntó: ¿Por qué Pedro y Pablo apóstoles son tan importantes? Y esta pregunta que, a primera vista parece que es muy fácil de responder, muy simple o incluso lógica, o que se da por supuesto, realmente es una pregunta muy importante.

Y creo Señor, que en nuestra fe debemos hacernos estas preguntas: ¿Por qué Pedro y Pablo son importantes? ¿Por qué Jesús murió en la cruz? Porque así nos ayudan a conocer más esa fe, y sobretodo a darnos cuenta cuánto nos quieres.

TU ERES PEDRO, Y SOBRE ESTA PIEDRA…

Y para este rato de oración, para estos 10 minutos contigo Jesús, quería sobre todo quedarme con una parte de esta pregunta: ¿Porque Pedro es tan importante? Y es que realmente es muy importante.

Lo vemos en los Hechos de los Apóstoles, que es el protagonista, al menos en la primera parte, porque lo escuchamos que pronunció unos discursos extraordinarios iluminados por el Espíritu Santo. Y por supuesto, si uno piensa en la Iglesia, piensa en el Papa, que es sucesor de Pedro.

Y esto tiene que ver con un episodio en la vida del Señor, y en la vida de Pedro, que es conocido como la confesión de Pedro. La confesión de Cesarea de Filipo, porque allí Pedro también iluminado por el Espíritu Santo, dice que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

Y a continuación, el Señor le felicita. Una de las veces que vemos que el Señor felicita a Pedro, no lo riñe como en otras ocasiones, y le da una promesa. Le dice:

“Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”

(Mt 16, 18).

DIOS TE LIBRE SEÑOR…

Y a continuación una frase más larga, y esto es verdad, lo comprobamos hasta el día de hoy cuando esa sucesión de Pedro no se ha roto.

¿Y qué sucede a continuación? Sucede totalmente lo contrario. Pedro ha sido felicitado. Pedro incluso se sentiría contento. -Vaya, finalmente he acertado.

“Y entonces el Señor continúa con su viaje. Se dirige hacia Judea y Jerusalén, donde morirá”.

Y entonces Jesús quiere compartir con sus apóstoles, como quiere compartir conmigo, contigo lo que lleva dentro.

“Empieza a manifestar que va a sufrir mucho en Jerusalén y les habla de su pasión. Entonces Pedro lo lleva aparte y empieza a reprender al Señor. Le dice: ¡Dios te libre, Señor! De ningún modo te ocurrirá eso».

(Por qué Jesús ha hablado de su muerte).

Y, entonces tú Jesús, respondes a Pedro con unas palabras muy duras:

“¡Apártate de mí, Satanás! Eres escándalo para mí, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres”

(Mt 16, 23).

¿A QUÉ ESTOY DISPUESTO?

Y Jesús siente la necesidad de aclarar algo que diría que es un distintivo de los cristianos. O mejor aún, que es nuestro distintivo, y es la cruz.

“Si alguno quiere venir detrás de mí, dice Jesús, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá.

Pero el que pierda su vida por mí, la encontrará”

(Mt 16, 24-25).

Estas palabras del Señor son también duras y tienen algo de misterio. Porque el Señor nos dice que debemos estar dispuestos a entregar nuestra vida, porque tenemos un instinto de conservación de la vida.

Uno dice: ¿Cómo puedo yo entregar mi vida? Pero ¿a qué se refiere el Señor? ¿Estoy dispuesto a morir, morir físicamente? O, ¿Hay algo más profundo?

Pienso que tiene un poquito de las dos, porque luego continua el Señor diciendo:

“¿De qué servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?”.

Y, ¿Qué podría dar el hombre a cambio de su vida?

CAMINO DE CRUZ, CAMINO DE GLORIA

Porque el Hijo del Hombre va a venir en su gloria, en la gloria de su Padre, acompañado de sus ángeles, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta.

Aparece un segundo elemento, y es la gloria, la cruz, el morir, tomar la cruz de cada día, seguir al Señor, morir a uno mismo, perder la vida por el Señor y la gloria.

Y bueno, tú y yo, que tenemos la perspectiva de la fe. Pero sus discípulos no la tenían. En ese momento, nos damos cuenta de que tú Jesús, cuando subes a Jerusalén, subes para morir, subes al Calvario.

Lo entregas todo. Y la historia no termina allí. Jesús no muere como un hombre más que permanece en el sepulcro y ya está. Sino que resucita. El Señor vence y adquiere la gloria después de haberse entregado.

Y sabemos que le costó, porque nos ha sido transmitido. Es decir, que nos dice: -Oye, oigan: Hay una gloria. Hay una retribución por serme fieles, por seguirme. Pero seguirme no es fácil.

Y el Señor nos lo está diciendo: No es fácil seguirme. Tienes que estar dispuesto a llevar la cruz de cada día.

UNA FE SIN CRUZ

Como lo decía el Papa Francisco en su primera homilía, al día siguiente de haber sido elegido Papa. Se lo decía a los miembros de la Curia Romana y obispos cardenales.

Les decía lo siguiente:

Este Evangelio prosigue con una situación especial. El mismo Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Te sigo, pero no hablemos de cruz. Esto no tiene nada que ver. Te sigo de otra manera, sin la cruz. 

Cuando caminamos en la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor. Somos mundanos, pero no discípulos del Señor”.

LLEVEMOS ESA CRUZ, ESO QUE ME PESA CADA DÍA

Por eso pidámosle al Señor todos los días: Ayúdame Señor, llevamos cada uno de nosotros la cruz. Cada uno piense en esa cruz de cada día. Aquello que más le pesa, en esa lucha que tiene, o a lo mejor en esas dificultades.

Es el momento de mirar a Cristo: Él, que teniendo la espalda destrozada, abierta por los latigazos, toma la cruz y por supuesto, le mueve el amor, el amor por todos nosotros. Porque sabía que es el modo que Dios había ideado para que volviéramos a ser hijos de Dios.

Pues tú y yo, que estamos haciendo estos 10 minutos con Jesús, miremos al Señor en la cruz. Mira ese crucifijo que a lo mejor tienes en tu cuarto, o uno pequeñito que llevas contigo, o esa cadenita. Pues míralo y dile al Señor: «Señor, te quiero, y quiero ser fiel, yo quiero amarte».

Y amar implica entregarse. Amar también significa confiar en Dios y quiero serte fiel en este mundo, que es un mundo que muchas veces nos invita a vivir lejos de Dios. Es bueno que identifiquemos todas aquellas cosas en nuestra vida que más bien nos podrían alejar de Dios. Para decir por aquí no voy.

UNA CRUZ CON ALEGRÍA

Pero nos dirán: sé cristiano fácil, sin cruz, pásala bien… Y por supuesto que los cristianos debemos divertirnos, ser personas alegres.

Y eso lo haremos, pero en la medida que llevemos la cruz. ¿Por qué? Porque justamente en esa entrega de cada día está la alegría, que no únicamente es la alegría que tendremos en el cielo, que es inagotable.

Sino que mientras nos esforcemos por llevar la cruz de Cristo o dejemos que Cristo lleve nuestra cruz, encontraremos la alegría.


Citas Utilizadas

Na 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7

Sal 32

Mt 16, 24-28

Reflexiones

Madre mía, ayúdame a vivir cada día con la cruz que me toca vivir. A saber llevarla de la mejor manera, como discípulo y con mucha fe.

Predicado por:

P. Ricardo

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