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P. Juan Carlos

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HACER LO QUE DIOS QUIERE Y QUERER LO QUE DIOS HACE

San Ignacio de Loyola nos da ejemplo de conversión, cómo cambiar de vida solo con el ejemplo de los demás. La atleta norteamericana Simon Bieles nos muestra que tenemos límites y tenemos que hacer caso a nuestras limitaciones.

Se acaba el mes de julio y se acaba con una fiesta muy bonita, que es la fiesta de san Ignacio de Loyola.  Es un santo muy importante del que me gustaría que hagamos nuestra oración hoy.

SAN IGNACIO DE LOYOLA

Según cuenta en su autobiografía: Ignacio de Loyola:

“Hasta los veintiséis años de edad fue un hombre dado a las vanidades del mundo; principalmente se deleitaba en el ejercicio de las armas con un grande y vano deseo de ganar honra”

(Autobiografía, san Ignacio).

CONVALECENCIA

Así lo dice en el texto que él mismo escribió.  Pero después de haber sido herido en una pierna en la defensa de la ciudad de Pamplona, fue llevado en una litera a su tierra donde estuvo al borde de la muerte.

Después de una larga convalecencia fue recuperando la salud y, vuelve a decir en su autobiografía:

“Y porque era muy dado a leer libros mundanos y falsos, que suelen llamar de caballerías, sintiéndome bueno pedí libros que me diesen algunos de esos para pasar el tiempo.

            Mas en aquella casa no se halló ninguno de los que él solía leer y le dieron una Vita Christi y un libro de la vida de los santos en romances”.

LOS LIBROS QUE CAMBIARON SU VIDA

Ignacio

Esos son los dos libros que podían tener en su casa y los que empezó a leer.  Dice el mismo santo que se aficionó a estas lecturas y reflexionó en ellas en el largo tiempo que hubo de guardar cama.

Y dice en su texto:

“Leyendo la vida de nuestro Señor y de los santos, me paraba a pensar razonando conmigo: ¿Qué sería si yo hiciese eso que hizo san Francisco o eso que hizo santo Domingo? Y así, discurría por muchas cosas que hallaba buenas”.

            Se alegraba cuando se determinaba a seguir la vida de los santos y se entristecía cuando abandonaba esos pensamientos.

“Y cobraba no poca lumbre”,

dice en el texto,

“de aquella lección y comencé a pensar más de veras en mi vida pasada y en cuánta necesidad tenía de hacer penitencia de ella”.

DIOS ENTRÓ EN SU ALMA

Sí, así poco a poco se fue metiendo Dios en su alma y ese hombre que quería ser un Caballero, un soldado, que había estado metido en las vanidades del mundo, empezó a encontrar los caminos de Dios.

Hasta que, efectivamente, Dios le hace ver lo que quería y terminará fundando la Compañía de Jesús -que es una orden religiosa- una de las más numerosas y que trabajan con más eficacia en toda la iglesia católica.

Trabajan por la evangelización del mundo, en la defensa de la fe y en la promoción de la justicia.  Están en permanente diálogo cultural e interreligoso también.

ENCONTRAR A CRISTO

Todo comienza por la lectura de unos libros, de las personas que llaman más la atención: de los santos, en este caso.

Y, por eso, me parecía que era una buena ocasión para pensar cómo tú y yo encontramos también a Cristo a través de nuestra lectura; a través del ejemplo que nos dan otras personas; a través de lo que vemos.

A san Ignacio de Loyola le conmueve profundamente, su primer principio para el cambio radical de su vida: el testimonio de otras personas.

SIMONE BIELES

Estaba pensando que, ahora estamos viendo las Olimpiadas, un testimonio bastante llamativo es el de Simone Bieles, la atleta de Estados Unidos, gimnasta olímpica que estábamos esperando todos verla superar a la histórica Nadia Comaneci.

Con cinco medallas en los Juegos Olímpicos de Río del 2016, Simone Bieles cautivó al mundo con sus rutinas, su sonrisa, su técnica… no obstante, ese trabajo ya había comenzado mucho antes porque ella saltó a la fama en el campeonato mundial del 2013.

Apenas tenía 16 años y se colgó dos oros: uno en la modalidad de suelo y otro como campeona mundial general individual.  Luego una preparación de un año y conquistó cuatro oros mundiales, hazaña que repitió en el 2015 para convertirse en la primera mujer en ganar tres títulos mundiales consecutivos.

Además, rompió un récord al ganar diez medallas de oro en una competencia a nivel internacional.

Para prepararse a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, Simone volvió a participar en el campeonato mundial, ahora ya con una técnica mejorada y, a sus 24 años, volvió a subir a lo más alto del podio; el oro le volvió a acompañar.

SEGUIR LOS EJEMPLOS DE LOS DEMÁS

Ignacio

Todo el mundo estaba expectante porque llegan ahora las Olimpiadas y, en el caso de que ella logre cuatro preseas en los juegos de Tokio, igualaría a Nadia Comaneci.

Por fin llegó el gran día y, después de empezar, sus rutinas no fueron del todo satisfactorias y decidió no continuar.  Simone dio un poderosísimo mensaje sobre la salud mental porque dijo:

“Solo pienso que la salud mental ahora mismo es más importante que todos los deportes”.

            Todas estas ideas que la gente se había hecho de que esta mujer iba a romper el récord, que era la “superwoman”, que iba a llegar mucho más allá; iba a ser la más famosa de todas… de repente se quebraron y esta chica prefirió velar por su salud mental.

TENEMOS LÍMITES

Me parece que, también, puede ser un ejemplo; un ejemplo para nosotros porque tenemos que saber cuáles son nuestros límites.  No nos podemos exigir de forma desencarnada o esperar llenar las expectativas de los demás.

Lo único que nos debe importar, realmente, son las expectativas de Dios y, al igual que san Ignacio de Loyola y al igual que Simone Bieles, aunque ella no es que sea una santa, pero nos tenemos que dar cuenta que tenemos que apoyarnos en las fuerzas de Dios.

Que no podemos ir más allá de lo que reamente podemos dar; que el Señor nos ha pedido cosas y que lo que nos pide nunca va más allá de nuestras fuerzas.  Por eso, tenemos que ver qué cosas son de Dios y qué cosas no son de Dios.

PADRE RUBIO

Hay un sacerdote jesuita que se llama el padre Rubio, que nos da un consejo que nos puede servir a todos en todas las circunstancias.  Él dice:

“Una vida alegre solo se consigue cuando hacemos lo que Dios quiere y queremos lo que Dios hace”.

            Hacemos lo que Dios quiere: en nuestras vidas tenemos que buscar ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Cómo es nuestra vocación? ¿A dónde nos llama el Señor? ¿Cómo nos comportamos? ¿Qué hacemos?

Pero, después de pedir y después de hacer nuestro mejor intento, tenemos que querer lo que Dios hace; eso quiere decir que si después de nuestras oraciones y después de nuestros esfuerzos no se consigue lo que pensábamos que era lo mejor, tenemos que acostumbrarnos a lo que Dios hace; a lo que Dios permite; a lo que Dios nos entrega, porque ahí también encontraremos la alegría.

QUERER LO QUE DIOS HACE

Porque si vemos que las cosas que nos suceden todas son venidas de Dios, entonces nos daremos cuenta de que eso que nos viene, es para nuestro propio beneficio.

¡Qué importante es lo que hace san Ignacio de Loyola! Una cosa terrible, verse herido en una guerra y tener que hacer una convalecencia muy larga; sin embargo, Dios la utiliza para cambiar, para hacerle un plan todavía mucho más grande, mucho más excelso.

No sabemos cómo será el final de la vida de Simone, aprovechamos ahora para pedir por ella, para pedir por su futuro.  No ha tenido una vida fácil: una chica adoptada, luego ha tenido también abusos en su proceso de convertirse en una deportista olímpica.

PARAR PARA CURAR

Sin embargo, ha sabido dar la cara y ahora quiere parar para curarse.  Dios nos quiere así muchas veces: que paremos para curarnos; que nos demos cuenta de que tenemos unos límites y que, si seguimos el plan de Dios, superaremos todas las expectativas, pero no a la de los demás, que eso da igual.

Nuestras propias expectativas y, sobre todo, haremos lo que Dios quiere y querremos lo que Dios hace encontrando la felicidad en nuestras vidas.

Que san Ignacio nos proteja y que la Virgen María, a la que ponemos estas intenciones en sus manos, nos guíe siempre para hacer la voluntad de Dios.


Citas Utilizadas

Lv 25, 1. 8-17

Sal 66

Mt 14, 1-12

Reflexiones

Jesús, ayúdame a querer lo que Tú quieres y como Tú lo quieras.

Predicado por:

P. Juan Carlos

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