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P. Juan

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SÁBADO SANTO

Tantos sábados el Señor hizo el bien a manos llenas, incluyendo curaciones milagrosas. Hoy lo contemplamos quieto, en el sepulcro. Pero también puede ser un día de mucho movimiento.

CURÓ SIETE ENFERMOS EN SÁBADO

Hay una biografía de Jesús, extensa en tres tomos, de un francés apellido Fillion, que recoge muchas cosas. Y entre ellas quizá nos puede servir hoy Sábado Santo. Él dice lo siguiente:

“Recordemos aquí que Nuestro Señor curó a siete enfermos en día de sábado”.

Y luego empieza a enumerar, dice:

“Al endemoniado de Cafarnaúm, a la suegra de Pedro, al paralítico de Betsaida, al hombre de la mano muerta, al ciego de nacimiento, a la mujer encorvada y al hombre hidrópico”.

Nosotros sabemos, esa actividad de Jesús el sábado o en días sábado le costó, y tuvo que poner la cara el Señor. Le costó oposición de bastante gente, incluso rabiosa. Y al Señor le costó también, esfuerzo de explicar y de ayudar a personas concretas, con necesidades concretas;  veíamos en estos siete milagros de curaciones.

HOY QUE TAMBIÉN ES SÁBADO

Hoy puede ser así, hoy también es sábado. También hoy el Señor seguramente quizá en nuestro propio corazón. No sé qué le dices tú al Señor ahora, -aprovechando que estamos estos 10 minutos con Jesús. Y quizás le pidas por alguna curación en concreto, en tu propia alma, en la de alguien cercano. Alguien quizás no cercano pero a quien aprecias que quisieras que se acerque al Señor, que abra las puertas del corazón, a la luz del Señor.     

El sábado Santo de la vida de Nuestro Señor, fue por decirlo así, el último sábado en que el Señor realmente sabemos cuánto hizo. 

Ahora con la  imaginación, en la oración, lo vemos quieto. Vemos el cadáver del Señor, quieto en el sepulcro y contemplarlo nos hace tan bien, es doloroso, pero nos hace tan bien: contemplar, mirar con cariño al Señor, al cadáver de Jesús. Muerto. Completamente muerto, verdaderamente muerto. El alma es inmortal evidentemente, y la Persona Divina del Señor evidentemente es Vida Divina. Claro que sí.

¡VERTE MUERTO… VERTE VIVO!

Pero ver al Señor Jesús, hombre perfecto: hombre muerto, verdaderamente muerto. Nos hace muy bien, porque luego, como los apóstoles, y como las santas mujeres, como Marta, María, Lázaro, María Magdalena y todos los Santos al contemplar al Señor luego vivo… Claro, es que luego de habiéndolo visto muerto, bien muerto completamente muerto, ¡Luego verlo vivo!… Verte Señor vivo, poder ahora conversar. Hablar Contigo, porque estás vivo, y es tal la luz, la fuerza de la Resurrección.

La única luz, la única esperanza encendida en esta tierra, en el corazón de María Santísima.

 

 

Por eso los sábados, también ahora, miramos a la Virgen. Y quizá nos acordamos de esa oración, de esa homilía que se transforma, que llega a ser oración. Es la oración de san Bernardo «… mira a la estrella, llama a María, invoca a María (…)» Es una oración preciosa.

Hoy Sábado Santo, es un dia para acudir a la Virgen, especialmente por este consejo de san Bernardo, que tanto quiso a la Virgen. 

Quizá también, para rezar ahora o quizás también para animarnos a pedir al Señor alguna curación, algún favor grande este Sábado Santo: favores de vida, favores de salvación, favores de curación del cuerpo y del alma.

«100 HISTORIAS EN BLANCO Y NEGRO»

Hay un librito que me gusta mucho, quizá lo encuentras por ahí, se llama: “100 Historias en Blanco y Negro”. Son 100 testimonios distintos, de distintas partes del mundo, de 100 sacerdotes. Por eso se llama así: “Historias en Blanco y Negro”. Haciendo alusión al aspecto exterior de los sacerdotes, blanco y negro. Y cuenta el testimonio de un sacerdote de Guayaquil, en Ecuador, quizás te sirve. Yo lo voy leyendo, a mí me sirve para hacer oración, y para llenarse el corazón de esperanza:

Cuenta este sacerdote:  

“Después de una fila inmensa de confesión que duró alrededor de siete horas, me disponía a irme a casa para descansar un poco. La Iglesia ya estaba vacía, había estado esa noche de Viernes Santo en vela confesando”.

Imagino que toda esta historia es un Sábado Santo, porque habla de viernes en la noche. Este será sábado seguramente.

“Una persona anciana se me acercó, me preguntó si estaba confesando. Y tuve ganas de decirle que viniera después. Pero el Señor me impulsaba a acceder. -Si venga, vamos a sentarnos cerca de esta hermosa imagen del Cristo, que está cubierto, porque es sábado Santo. Le pregunté: ¿Cuándo se confesó por última vez? Y para mi sorpresa, me dijo: -Padrecito hace más de 70 años que no me confieso. Y ¿Qué le hizo venir ahora? Con lágrimas en los ojos, me dijo: -Pasaba enfrente de la Iglesia y alguien me dijo: «Ven” …

Y ahora sigue contando el sacerdote:

“El Señor me quiso utilizar como instrumento, para llegar a una cita que Él tenía con esa alma. Una cita que Dios tuvo que esperar por más de 70 años. El lunes de Pascua, esta persona partió a la casa del Padre. La encontraron sonriendo. Como respondiendo a alguien que también ahora le decía: «Ven bendito de mi Padre”.

Fíjate, esto es lo que ocurrió hace algunos años, un Sábado Santo en una iglesia por ahí. Nos dónde sería, pero lo escribe el sacerdote desde Guayaquil. 

SIEMPRE EN SÁBADO, TANTAS COSAS BUENAS

Mira las cosas que ocurren, el Señor curó a tanta gente. Señor: Tú que repartiste luz, salvación y alegría tantos sábados.Y el Sábado Santo, en el silencio del sábado Santo. En el que te contemplamos Señor, ya muerto, porque has dado hasta la última gota de sangre. Hasta la última respiración, la última mirada, y todo intensamente por mí.

Hoy que es Sábado Santo podemos rezar, esperando la Resurrección. Recemos, siendo un pulmón de oración. Siendo el  Corazón de Cristo que late, para que haya luz, para que haya alegría, que haya salvación en tanta gente.

El Señor había dicho esas palabras bonitas, tan luminosas:

  “La verdad los hará libres”

(Jn 8, 32-33)

TÚ SEÑOR HAS DADO TU VIDA…

Y te contemplamos en el sepulcro. Has dado Tu vida por la verdad, para dar testimonio de la verdad. Es cierto, y le dijo a Pilato esta verdad, de la que has dado testimonio. Que la verdad nos hace libres. Tú nos haces libres, con la verdad.

¿Cuál verdad? La Verdad del amor de Dios. Esto es lo más verdadero que hay: la verdad el amor a Dios. La verdad de la entrega de Dios, del amor incondicional de Dios, de la esperanza que siempre podemos tener en Dios, de que somos hijos de Dios.

Esta verdad nos hace profundamente libres, y esta verdad nos ha liberado ayer, Viernes Santo, del poder de la esclavitud del pecado. De la de la sinrazón, de la tontería, del chirriar del pecado.  

RESURECCION DEL SEÑOR, RESURGIR CON UN CUERPO GLORIOSO

Y el Señor, que hoy lo vemos lo contemplamos muerto, verdaderamente muerto. Lo veremos resurgir con Cuerpo Glorioso. No una resurrección como la de Lázaro, para quizá dentro de algún tiempo volver a morir. No. La Resurrección de Jesús, no sólo es la maravilla del resurgir, sino es el resurgir con un Cuerpo Glorioso.

SAN JOSÉ, PATRÓN DE LA BUENA MUERTE

PADRE EN LA OBEDIENCIA Y EL AMOR

Pidámosle a Jesús, pidamos este año, especialmente a través de San José, que es patrono de la Buena Muerte, que nosotros también nos preparemos para la muerte con soltura, con alegría, y con una libertad interior muy grande.

Porque es cruzar una puerta. Una puerta que se abre a la luz preciosa de la Resurrección.

Se lo pedimos a san José y a la Virgen María.

 

 

 


Citas Utilizadas

Génesis 22, 1-2. 9 a 10-13. 15.18

Salmo 15

Tercera lectura Éxodo 14, 15-15, 1

Interleccional: Ex 15, 1-2, 3-4, 5-6, 17-18

Cuarta lectura Isaías 54, 5-14

Salmo 29

Quinta lectura Isaías 55, 1-11

Interleccional: Isaías 12, 2-3. 4. 5-6

Sexta lectura Baruc 3, 9-15 32-4, 4

Salmo 18, 8. 9. 10. 11

Séptima lectura Ezequiel 36, 16-28

Salmo 41, 3.

5bcd 42, 3. 4.

Vida de Nuestro Señor Jesucristo, Louis Claude Fillion

Reflexiones

Señor, Tú que moriste por mí, ¡gracias por quererme tanto! Eres mi esperanza y mi salvación. Virgen María, san José, no me desamparen ahora y en la hora de mi muerte.

 

Predicado por:

P. Juan

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