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P. Juan

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REZA. PIDE. INSISTE.

Si hasta el juez injusto hace justicia porque le insisten, ¡cuánto más Dios, que es infinitamente cariñoso!

ALGUNOS EJEMPLOS

Hace una semana más o menos, en el Evangelio nos encontramos con una de esas explicaciones, una de esas historias que inventaba Jesús. Que al principio puede llamarnos la atención porque parece que Jesús estuviera poniendo de ejemplo a alguien que no es para nada ejemplar.

La semana pasada, era esa parábola que inventó Jesús mismo; de ese mal administrador, ese administrador ladrón, deshonesto, al que el dueño de las cosas y que le encargaba la administración le dijo: Oye basta, supe que me estás defraudando, que me estás robando ¡Se acabó! Dame cuenta de la administración ¡Esto se acabó!

PARA  APRENDER

Entonces cuenta Jesús, el que era mal administrador, el que era deshonesto (pasa como con las virtudes y los vicios, que uno tiene inercia; él se nota que era deshonesto y no solo era sino que lo sigue siendo…) y antes de dejar la administración de esos bienes, le roba nuevamente más al dueño de todas las cosas.

Llama a uno y le dice: ¿Cuánto trigo le debes a mí…? Tanto; bueno, baja, baja, baja y anota otra cosa. Después llama: oye tú que le debes aceite, ¿Cuánto le debes? Tanto; bueno, mira aquí está el recibo, anota menos.

Y entonces, Jesús ¿nos está contando esa historia para que nos animemos a ser deshonestos, para robar? ¡Evidentemente, no! Jesús, de hecho, lo dice: Mira, aprendan de este administrador deshonesto (hace el énfasis “ese es deshonesto”) pero aprendan a ser astutos, con pillería, a pensar, a moverse, a tener diligencia, aprendan de él esto.

INSISTIR, INSISTIR, INSISTIR…

Esta semana, otra de estas historias también inventadas, contada por Jesús, que el personaje central de la historia no es para nada ejemplar. Pero Jesús, inventa esta historia y la cuenta súper clara y fácil de retener. Jesús no se está fijando en que uno sea un egoísta al final o un egocéntrico,  sino que en como el insistir y el insistir y el insistir, logra.

Jesús va a esto, de hecho empieza así san Lucas: 

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre sin desfallecer”

(Lc 18, 1). 

San Lucas marca el contexto, el objetivo. 

“Lo que ahora estamos rezando, Tú Jesús, quizás quieres que yo capte esto: Que orar siempre es necesario, orar siempre sin desfallecer. Para eso hay que poner empeño”. 

rezar insistir
ORAR SIN DESFALLECER

Jesús, recoge san Lucas y nos cuenta esta historia:

“Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres”

(Lc 18, 2). 

Se imagina un juez así y  uno dice: «bueno y entonces que le importaba al juez en función de qué aplicaba las leyes». 

Porque, si no le importa lo que Dios haya dicho o Dios haya marcado como el camino bueno, ni le importa también lo que puedan pensar las demás personas (los gobernadores, otras personas), si hay un juez así que no le importa nada, lo que diga a Dios lo que digan los hombres, uno dice bueno ¿y este juez qué justicia hacía o en función de qué tomaba las decisiones?

Dice Jesús esto: 

“En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: Hazme justicia frente a mi adversario”

(Lc 18, 3).

Este hombre que no le hacía caso ni a Dios ni a las demás personas por poderosas que fueran, que le iba a hacer caso a una viuda.

En aquel tiempo totalmente desprovista de influencia o muy frágil en el entramado social. Si no le hacía caso ni a Dios ni a los hombres poderosos, que le iba a hacer caso a una viuda.

¡AQUÍ ESTÁ…!

Y cuenta una historia inventada Jesús, dice: 

“Por algún tiempo se estuvo negando. Pero después se dijo a sí mismo: Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”

(Lc 18, 4-5).

“¡Aquí está! ¿En función de qué funciona este juez? De su propio egoísmo, de su comodidad, de su conveniencia. No le importa lo que a Ti, Señor, te pueda importar. No le importa ni siquiera lo que pasará en la vida eterna ¡No le importa!

No le importa tampoco lo que puedan pensar otras personas o incluso lo que otras personas puedan llegar a hacer. Este tipo funciona absolutamente centrado en sí mismo,centrado en su ego ¡egocéntrico! Su comodidad, sus ganas, su conveniencia, individualista total”

PEDIR, PEDIR, PEDIR…

En ese análisis, si esta mujer es insistente, aunque parece que no puede nada la viuda, con su insistencia lo puede todo. Puede lo que no pueden, entre comillas, ni Dios ni los hombres poderosos. Puede molestarlo, puede serle incómodo y entonces le hace caso a esta viuda. 

Luego el Señor, que no está alabando el ser un mal juez o ser un tipo que no le importa nada a nadie sino que Jesús lo que está mostrando es: «Fíjense cómo esta mujer, con su insistencia, parece que no puede nada y lo consigue. La insistencia, pedir, pedir, pedir… con insistencia».

Cuenta san Lucas: 

“Y el Señor añadió: fíjense en lo que dice el juez injusto”

(Lc 18, 6).

Te acuerdas que la semana pasada, el Señor decía: el administrador deshonesto; el Señor marca el problema. Aquí también el Señor califica a este juez de injusto “fijaos en lo que dice el juez injusto”

Y dice a continuación Jesús:

“¿Entonces Dios no hará justicia a sus elegidos que claman ante Él día y noche, o les dará largas?

Les digo que les hará justicia sin tardar”

(Lc 18, 7-8).

¡CUÁNTO MÁS DIOS!

Jesús dice, si una mujer que insiste ante un tipo que es un injusto que debiera ser súper justo porque su trabajo especialmente es ser juez, conocer y hacer valer la justicia; es decir esto típico «En casa de herrero, cuchillo de palo».

(Es decir, en casa de alguien que es, por ejemplo, el rey del hierro o de los fierros como decimos en Chile, a los españoles les hace gracia esto de hierro- Fierro) Aquí es lo mismo… 

En el corazón del juez, una injusticia impresionante. El Señor dice: sí hasta este juez injusto hace caso ante la insistencia… ¡Cuánto más Dios! que es infinitamente justo, cariñoso y paternal.

Por eso, Jesús nos está animando. Hay otras escenas, otros momentos del Evangelio, y también cuando Jesús nos dice: «Pidan y se les dará. Llamen y se les abrirá. Busquen y encontrarán…» . El Señor nos lo dijo de mil maneras. Nos enseñó a rezar el Padrenuestro y a pedir al Señor con confianza. También a darle gracias, a darle gloria, a alabarlo.

SIEMPRE ES SIEMPRE 

Por supuesto, que sí está toda la tradición de los Salmos, no vamos a limitar nuestra oración solo a pedir; pero el Señor nos dijo: pidan, pidan, pidan… Hace no mucho, salía también ese Evangelio de: 

“La cosecha es abundante y los trabajadores del campo son pocos. Pidan al dueño del campo que envíe trabajadores para su campo, para su mies, para su trabajo, para su labor apostólica…”. 

¡Pidan, pidan…! Por eso, nosotros pedimos con insistencia: 

“Señor, te pido vocaciones para el sacerdocio, para mucha gente, vocaciones numerosas. De hombres normalísimos, porque de Marte no van a venir; hijos de Adán y Eva, normalísimos pero, Señor, que estén llenos de Ti. ¡Llenalos Tú con tu gracia!”. 

Le pedimos al Señor, sacerdotes, pedimos vocaciones para el sacerdocio, damos gracias al Señor. Tú cuando escuchas, cuando haces la oración con estos 10 minutos con Jesús, es bueno que le demos gracias al Señor por tener la predicación, por tener sacerdotes que nos ayudan en nuestro camino hacia el Cielo.

Recemos por cada uno de los sacerdotes de 10 minutos con Jesús, por todos los sacerdotes del mundo, pero pidamos más… El Señor nos dice ¡Pidan! Y pidan, porque están pidiendo a un Padre bueno, cariñoso, que escucha.

Y aquí el Señor dice esto: «Les digo que les hará justicia sin tardar»

¡El Señor escucha siempre! Siempre es siempre. 

 


Citas Utilizadas

Sb 18, 14-16. 19, 6-9

Sal 104

Lc 18, 1-8

 

Reflexiones

Señor,  antes de pedir, te quiero agradecer todo tu amor, tu bondad y tu misericordia infinita. 

Te pido que mi oración sea insistente y confiada.

 Te pedimos especialmente por cada uno de los sacerdotes de 10 Minutos con Jesús, que con tanto cariño y dedicación preparan las meditaciones que escuchamos todos los días y nos ayudan a estar más cerca de Ti. 

Predicado por:

P. Juan

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