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PREPARADO PARA LA MUERTE

preparados

Jesús dijo a Sus discípulos:

“Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.  Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor que se fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. 

Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada.  Les aseguro que él mismo les recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y los pondrá a servirles. 

            Felices ellos si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así”

(Lc 12, 35-38).

Este Evangelio que nos propone la Iglesia el día de hoy – que es el capítulo doce de san Lucas-, nos puede llevar a hacer este rato de oración con Jesús para decirle que quisiéramos ser igual que este siervo: esperarle con las lámparas encendidas, ceñidos (que quiere decir listos).

El otro día estaba viendo a una persona que tenía que salir a una sesión importante y se estaba alistando. Entonces, se ponía perfume y se alistaba el pelo y tal… estaba listo. Y es la misma figura que vemos en este Evangelio.

Nos dice que estemos preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas; o sea, listos para que el Señor venga. Y nos podemos preguntar si estamos así…

“Señor Jesús, en este rato de oración, te pedimos que nos ayudes a estar más listos para Tu venida”.

En muchos casos, tal vez la mayor parte de los que estamos haciendo este rato de oración, esa venida será cuando nosotros muramos y nos encontremos directamente con el Señor.

¿QUÉ ES LO QUE VAMOS A ENCONTRAR UNA VEZ QUE NOS MURAMOS?

Si estamos listos, ceñidos, peinados, con perfume y tal, porque nuestras obras nos han acompañado y hemos dejado todo cerrado… O tenemos cosas en el corazón que no funcionan.

¿Qué son cosas que no funcionan? Por ejemplo: resentimientos, rencores o cosas que no hemos terminado de limpiar. Que no hemos sido valientes, por ejemplo, en la defensa de la vida o en la defensa de la Iglesia o que no hemos levantado la voz cuando era necesario.

El estar listo para cuando el Señor venga, ya sea que llegue por la parusía o ya sea que nosotros nos muramos y nos encontremos con Él, no es una invitación vana.

¿Cómo estamos dando esa batalla en las cosas culturales de nuestra época? ¿En los valores que tenemos? ¿En si sabemos levantar la voz cuando es necesario?

LIBRAR BATALLAS

Me contaba hace pocos días un amigo que en Chile había dado la batalla para que se vuelvan a abrir las iglesias. Los restaurantes, colegios y cantidad de instituciones ya estaban funcionando pero a las iglesias no les daban permiso. Él hizo todas las gestiones jurídicas para volver a abrir las iglesias. Eso es una batalla cultural.

Pero no en cosas grandes, a veces, son cosas pequeñas. Es la batalla en la que tienes que saber llevar a tu esposo que no entiende que vayas todos los días a misa; o a tu esposa que le cuesta que te vayas a recibir medios de formación; o a tus padres que les gustaría irse contigo el fin de semana, pero tú ya habías previsto hacer un curso de retiro…

Estar listo quiere decir: saber encontrarse a veces con estas cosas que no son completamente negativas, porque es también justo que nuestros parientes o que la sociedad, a veces, se extrañe frente a algunas de las prácticas de piedad que uno pueda llegar a tener.

O que no entienda por qué es más difícil, por ejemplo, que se abran unos templos…

Podemos encontrar como muchas zonas de debate, pero que a veces la contradicción de los buenos -que es un término técnico en la historia de la espiritualidad- designa ese sufrimiento de algunos, de los mejores, que causan de vez en cuando a las personas que quieren servir a Jesucristo.

Porque piensan que tienen razones para actuar así. Se suele explicar ese tipo de actuación equivocada, citando esas palabras de Jesús.  Esas personas buenas que, con ese modo de actuar, piensan que agradan al Señor.

SAN JOSEMARÍA

Escribía en el punto 695 de Camino:

“En las horas de lucha y contradicción, cuando quizás “los buenos” llenen de obstáculos tu camino, alza tu corazón de apóstol: oye a Jesús que habla del grano de mostaza y de la levadura.

Y dile: explícame la parábola y sentirás el gozo de contemplar la victoria futura: aves del Cielo, en el cobijo de tu apostolado ahora incipiente; y toda la masa fermentada”

(San Josemaría. Camino, 695).

Y así sucederá si es que somos generosos con el Señor. Si es que levantamos nuestro corazón, nuestra voz y vamos de forma agradable, explicando las cosas, sin pelearnos, sin plantar bandera de lucha y tal, pero a la vez sabiendo hacerlo con gracia, cediendo a veces y luego recogiendo y no pensar que ya no podemos hacer nada.

El Señor cuenta con nuestro esfuerzo. Cuenta con esas contradicciones de los buenos.

Es que esto es una forma de purificarse, es una forma de estar preparado para ese último tiempo.

SANTA CATALINA DE SIENA

En una carta que le escribía a Nicolás d’Osimo, le decía:

“Sucede frecuentemente que el hombre trabaja en algo y no logra el éxito deseado. Y la tristeza y el tedio toman, entonces, su espíritu y se dice: “Sería mejor renunciar a esta tarea que me ha tomado tanto tiempo, sin resultados y buscar la paz y el descanso de mi alma”.

            El alma, entonces, debe resistir, ya que desea el honor de Dios y la salvación de las almas. Debe rechazar los propósitos del amor propio diciendo: “No quiero evitar ni huir el trabajo, porque no soy digno de la paz y el reposo si lo hago.

            Quiero permanecer en el puesto que me fue confiado y dar, valientemente, honor a Dios trabajando por Él y por el prójimo””

(Santa Catalina de Siena. Carta 85 a Nicolás d’Osimo. Oeuvres I, Téqui, 1976).

Y la santa luego dice que, muchas veces, el demonio nos intenta desanimar en estas tareas. Intenta turbar nuestra alma y tenemos que estar atentos a estas cosas también porque, a veces, los que intentamos hacer el bien, nos podemos encontrar con cosas de este estilo y no puede ser el motivo para parar.

Al contrario, sería triste que paremos o que nos desanimemos.

Por eso, primero les pido oraciones para que siempre este proyecto -por ejemplo- de 10 minutos con Jesús, nunca pare, sino que siga removiendo corazones.

HACER EL BIEN

Pero tú también que escuchas esto, no te sientas mal cuando haces el bien y las cosas te salen al revés.

Cuando intentas luchar por estar preparado para esa llegada del Señor y parece que el Señor se demora mucho o parece que los demás no entienden lo que estás haciendo y les parece que eres demasiado exigente contigo mismo o que eres fanático…

Estas son cosas que pasan. “Señor Jesús, ayúdame a nunca tirar la toalla. A siempre tener claro que Tú vales la pena. Que vale la pena ser fiel como esos servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada”.

“Él mismo les recogerá la túnica”

dice el Evangelio y dice el Señor:

“Felices si el señor llega tarde o en el alba”

se refiere a que son los momentos en que uno menos espera y así nos tenemos que mover en la vida: dando cuentas de nuestra fe; sabiendo responder oportunamente a los que nos piden cuentas de por qué creemos.

Que te esfuerces por estudiar, por profundizar, por seguir cursos para entender las cosas mejor. No se puede dejar en manos de los demás o de unos letrados que no sabemos dónde se están preparando.

Es como cuando me decían: “No, seguramente hay una gente en Roma que se está preparando súper bien para poder hacer frente a todas estas cosas…”

¡Qué en Roma…! ¡Aquí nos tenemos que preparar!  Tú que me estás escuchando, tú tienes que prepararte. No son un grupo de ninjas que están ahí, que van a ser los que nos salven a todos…

CADA UNO DE NOSOTROS TIENE QUE DAR SU BATALLA PERSONAL

Siendo coherente con las cosas que cree, haciendo las cosas de forma que a los demás les llame la atención y digan: esa persona lee la vida de Cristo y por eso se comporta así.

Y, aunque tengamos -a veces- errores y aunque a veces hagamos las cosas no con tanta precisión o a veces cometamos pecados… nos tenemos que aprender a levantar.

Y mas bien, desde ese punto de esta vulnerabilidad de no haber hecho las cosas bien y de habernos caído, darnos cuenta de que no podemos juzgar a los demás. Que no podemos sacrificar la verdad en el altar de la caridad ni tampoco podemos sacrificar a la caridad en el altar de la verdad.

Que tenemos que sabernos mover dentro de unos espacios en los que aceptamos a los demás. Nos damos cuenta también de los problemas de los demás, pero damos testimonio. Estamos listos, preparados, ceñidos, con las lámparas encendidas.

MÁS VALENTÍA, MÁS EXIGENCIA PERSONAL, MÁS ESPÍRITU DE ENTREGA

“Señor Jesús, Tú que nos escuchas en este rato de oración, te pedimos para todos, más valentía para saber dar la cara. Más exigencia personal, para prepararnos mejor. Más espíritu de entrega para dedicar el tiempo a esa formación oportuna, en el tiempo oportuno. Para poder dar razón de nuestra fe, como nos recomienda san Pedro”.

Vamos a poner todas estas intenciones en manos de nuestra Madre la Virgen. Ella quiere que venzamos también y quiere que llevemos la doctrina de su Hijo a todas partes.

Pero para eso tenemos que esforzarnos por ser cada vez más sacrificados y por saber siempre ser muy caritativos con los demás. A ella le pedimos que nos ayude a ser verdaderos cristianos.

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