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P. Juan Carlos

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CUANDO SEA LEVANTADO CONOCERÁN QUE YO-SOY

En la Cruz se revela la identidad humana y divina de Jesús. Rechazado por sus hermanos, humillado y condenado por las autoridades de su pueblo, será ahí mismo reconocido por Dios, que garantizará la verdad de su causa, lo revelará con su Hijo y hará que brille en Él su gloria, resplandor de su ser divino, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad, amor y lealtad.

En el Evangelio según San Juan Jesús dijo a los fariseos:

«Yo me voy y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde Yo voy, ustedes no pueden ir».

Los judíos se preguntaban: «¿Pensará matarse para decir: ‘Adonde Yo voy, ustedes no pueden ir’?»

Jesús continuó:

«Ustedes son de aquí abajo, Yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, Yo no soy de este mundo.

Por eso les he dicho: ‘Ustedes morirán en sus pecados’. Porque si no creen que Yo soy, morirán en sus pecados».

Los judíos le preguntaron: «¿Quién eres Tú?» Jesús les respondió: «Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo.  De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz y lo que aprendí de Él es lo que digo al mundo».

Y aquí viene la parte más fuerte:

“Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre”.

Después les dijo:

«Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó.

El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada».

Mientras hablaba así, muchos creyeron en Él”

(Juan 8, 21-30).

El Señor nos hace ver con claridad que hay que aprender a creer en Jesús, Él que es el enviado del Padre y que vamos a creer cuando ustedes hayan levantado al Hijo del Hombre en la Cruz.

EN LA CRUZ SE REVELA LA HUMANIDAD Y LA DIVINIDAD

Porque en la Cruz se revela la identidad humana y divina de Jesús. Rechazado por sus hermanos, humillado y condenado por las autoridades de su pueblo, será ahí mismo reconocido por Dios, que garantizará la verdad de su causa, lo revelará como su Hijo y hará que brille en Él su gloria, resplandor de su ser divino, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad (1,14), amor y lealtad.

SER LEVANTADO ES SER CRUCIFICADO Y SER RESUCITADO

En el Evangelio de Juan, Cruz y Resurrección son dos caras de un mismo misterio.

Por eso, “ser levantado” significa a la vez ser crucificado y resucitado.

Juan ve la Pasión como glorificación. Ya antes Jesús había dicho que convenía que el Hijo del hombre fuera

“levantado como la serpiente de Moisés en el desierto, para que quienes lo vean sean salvados”

(Jn 3,15).

Dirá así mismo:

Una vez que haya sido elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”

(Jn 12,31).

VUELTA AL PADRE

San Juan no ve en la muerte de Jesús un simple hecho natural, ni un simple asesinato político-religioso o una tragedia incomprensible. Para el evangelista, Jesús realiza en la Cruz su vuelta al Padre.

Pero como los contemporáneos de Jesús no conocen a Dios, tampoco reconocen al Hijo.

Sus mismos discípulos, antes de vivir la experiencia de su Resurrección, quedarán abrumados pensando que su muerte ha sido su más radical fracaso.

EN LA VIDA HAY CRUZ

Y eso tenemos que ver en nuestras vidas también porque muchas veces creemos que la Cruz puede ser ese fracaso, cuando es la forma en que vamos a Dios.  Es de donde parte la Resurrección.

Nosotros tenemos claridad de que la vida en la tierra siempre tendrá dolor, siempre tendrá cosas duras.

CHIARA LUBICH

dolor

Leí hace poco de Chiara Lubich:

“En nuestro encuentro, Dios nos envía cruz donde menos nos esperaba”

y hace referencia a algo que vivió en 1943, en plena guerra mundial.

Su casa fue destruida el 13 de mayo de 1944, durante uno de los bombardeos más violentos que sufrió Trento, durante la Segunda Guerra Mundial. Su familia busca amparo en las montañas cercanas.

Habiendo nacido ya esa primera comunidad, Chiara decide quedarse en la ciudad porque está acompañando a una madre que prácticamente está enloquecida por la muerte de sus cuatro hijos.

ABRAZAR EL DOLOR

Ella se siente ahí con el deber de abrazar el dolor de la humanidad y deja escrito después:

“Nuestro dolor, asociado al del Maestro, deja de ser el mal que entristece y arruina y se convierte en medio de unión con Dios”.

Y más tarde escribirá:

“Si sufres, sumerge tu dolor en el suyo: di tu Misa. Pero si el mundo no comprende estas cosas, no te turbes; basta con que te comprendan Jesús, María, los santos. Vive con ellos y deja que corra tu sangre en beneficio de la humanidad: ¡como Él!”

(Chiara LUBICH, Meditaciones, Ciudad Nueva, Madrid 1989).

ABRAZAR NUESTRO DOLOR Y EL DE LOS DEMÁS

Estas palabras siempre me han conmovido porque la vida del hombre nunca está exenta de dolores en esta tierra y siempre nos encontramos con cosas duras que vivimos nosotros o que vive la gente que queremos.

Es importante pararse al lado de esa gente y abrazar el dolor de esas personas, a veces sin decir más palabras; simplemente, con nuestra presencia.  Cuando ha muerto un ser querido, cuando ha empezado una enfermedad, cuando te detectan un cáncer, cuando te abandonan…

Hay cantidad de cosas en las que no se puede responder con soluciones prácticas, sino simplemente estando; simplemente celebrando tu misa.

Para nosotros los sacerdotes la misa está en el altar, pero para todos los laicos su misa también está en ese dolor de esas personas ofrecido a Dios.  Y muchas veces no se comprenderá y la gente que está alrededor protestará.

JUNTO A JESÚS, MARÍA, JOSÉ ES MÁS FÁCIL

Pero si sabemos y tenemos la confianza de que Jesús, María, José y todos los santos están con nosotros, entonces será más fácil de llevar ese dolor.

A veces pensamos que tenemos que luchar nada más y en realidad no es simplemente luchar, es a veces:

dejarse, entregarse, coger la Cruz.

CISZEK

Hay otra historia (supongo que habrás escuchado), Ciszek fue arrestado por los rusos, él era norteamericano de origen polaco y se fue a evangelizar Rusia.   Ahí empezó la guerra mundial, entonces le agarraron como si él fuera un espía y estaba super fuerte.  Estaba seguro de que no iba a ceder, pero después de un año de brutales interrogatorios, de ser drogado y manipulado con trucos mentales, acabó firmando una declaración que daba a entender que él había estado espiando para el Vaticano.

En ese momento, por primera vez en su vida, Ciszek, el “tipo duro”, orgulloso, con la convicción de que iba a resistirlo todo, de ser distinto a los demás, se sintió débil.

Y al seguir las torturas e interrogatorios, llegó a sentir desesperación.  Solo entonces se entregó plenamente a Dios.

Y solo entonces entendió que todo lo que había tenido hasta entonces en su vida (salud, fuerza, confianza…) eran gracias de Dios.

Escribe:

“Supe que debía abandonarme en la voluntad del Padre y vivir en un espíritu de abandono a Dios, y lo hice.  Solo puedo describir la experiencia como un dejarme llevar, entregando cada esfuerzo o incluso cualquier deseo de llevar las riendas de mi vida. Lo llamo una conversión”.

Fue, a la vez, una muerte y una resurrección”.

SUBIR A LA CRUZ Y ACEPTAR EL DOLOR

Es lo que algunas veces, tal vez no muchas encontraremos en nuestra vida. No ceder a esa tentación de que todo salga bien, a esa tentación de que todos nos aprueben, al aplauso de los demás, a tener el control de todas las cosas…

A veces tenemos que aprender a subir a la Cruz y aceptar el dolor, acompañar a los que tienen dolor o aceptar nuestro propio dolor de no poder hacer mucho más y de aceptar la situación, luchando de la forma que podamos, pero con la convicción de que nosotros no tenemos las riendas de nuestra vida, sino que tienen que estar en manos de nuestro Padre Dios.

ENCONTRARNOS CON CRISTO

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Solo así nos encontraremos con Cristo, porque esa será una Cruz de Cristo; no es sufrir por sufrir.

Es sufrir por entregarnos completamente a Dios y eso implica no llevar cuentas de nuestros sufrimientos, no tener rencores en el corazón, perdonar a todos los que están alrededor y han sido tal vez los causantes de esos dolores.

Vamos a acudir a nuestra Madre la Virgen, ahora al terminar este rato de oración, para pedirle que nos ayude a vivir esta ciencia de la cruz, a abrazar a Dios, a recorrer el camino de esta Cuaresma para llegar a la Cruz con el corazón desasido de las cosas de la tierra, desasido de esa voluntad propia y más bien entregados completamente a Dios.

Madre nuestra, ayúdanos a vivir así toda nuestra vida.


Citas Utilizadas

Números 21, 4-9

Salmo 101

Juan 8, 21-30

Reflexiones

Señor Jesús, ayúdame a saber llevar la Cruz como Tú, entregándome completamente en tus brazos y abrazando el dolor, confiando que a tu lado todo es más fácil.

 

Predicado por:

P. Juan Carlos

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