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P. Neptalí

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PAN BAJADO DEL CIELO

Jesús, como pan del Cielo, nos invita a hacer de Su palabra y voluntad, nuestro alimento.

Hoy leeremos en el Evangelio de la misa, que en aquel tiempo dijo Jesús a la gente:

“Yo soy el pan de vida; el que viene a Mí, no pasará hambre; el que cree en Mí nunca pasará sed.  Pero como les he dicho: me han visto y no creen. 

Todo lo que me da el Padre vendrá a Mí y al que venga a Mí, no le echaré afuera, porque he bajado del Cielo no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.  Esta es la voluntad de Mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.

  (Jn 6, 35-40)

En estos últimos días estamos leyendo el capítulo sexto del Evangelio de san Juan, que nos lleva a reflexionar sobre la multiplicación del pan con la que el Señor sació el hambre a cinco mil hombres, una multitud.

JESÚS SACIA NUESTRA HAMBRE

Y sobre la invitación que Jesús dirige a los que, precisamente, había saciado de hambre -a buscar un alimento que permanece para la vida eterna-, “Señor, quieres ayudarles a comprender ese significado profundo del milagro que habías realizado”.

Panes y peces para saciar el hambre física de aquellos, disponerlos así para que entiendan o se vayan preparando para ese anuncio de que Él es el pan bajado del Cielo; el que sacia, de modo definitivo.

Con la imagen de la comida y la bebida el Señor expresa que Él es quien realmente sacia todas esas nobles aspiraciones del hombre; nos llena de esperanza el corazón, aquieta el entendimiento, da solución a todas nuestras ansiedades.

JESÚS, PALABRA DE DIOS

Ese es el Señor, esa es nuestra fe y Jesús, al manifestarse como el Pan del Cielo, da testimonio que Él es la Palabra de Dios en persona; la Palabra encarnada a través de la cual el hombre puede hacer de la voluntad de Dios su verdadero alimento; que le orienta y que le sostiene su existencia.

El pueblo judío, durante ese largo camino que estuvo en el desierto, había experimentado ese pan del Cielo: el maná, que “llovía” y lo recogían durante el día para comer y los mantuvo con vida hasta la llegada de la tierra prometida.

El Señor habla de Sí mismo como el verdadero Pan bajado del Cielo, capaz de mantener en vida -no por un momento, por un día, por un trecho de camino-, sino para siempre.  Él es el alimento que da la vida eterna porque es el Hijo unigénito de Dios, que está en el seno del Padre y vino para dar al hombre, la vida en plenitud para introducir al hombre en la vida misma de Dios.

EL ENVIADO DEL PADRE

pan

Revela el Señor que Él es verdaderamente el enviado del Padre, ante lo denunciado por san Juan Bautista, el mismo Señor lo afirmó en aquel diálogo con Nicodemo, lo proclamó ante los judíos en Jerusalén.

Puesto que Él es el enviado del Padre, el Pan de vida que bajó del Cielo para dar la vida al mundo, todo el que cree en Él, entonces tiene la vida eterna.

La voluntad de Dios es que todos se salven por medio de Jesucristo.  La palabra del Señor se contiene, pues todos esos misterios: el de la fe en Jesucristo, que es ir a Jesús aceptando Sus milagros, Sus señales, Sus palabras; el de la resurrección de los que crean en Él, que se inicia en esta vida por la fe y se cumplirá plenamente ya en el Cielo y en el designio de la voluntad de nuestro Padre del Cielo: que todos los hombres puedan salvarse.

LA SAGRADA HOSTIA

Esas palabras solemnes del Señor, pues nos tiene que llenar y nos llena de gran esperanza.  El Pan bajado del Cielo… más adelante explicitará claramente ante sus interlocutores, lo que significa; ante la Sagrada Hostia, la cual Jesús se ha hecho Pan para nosotros que interiormente nos sostiene, que nutre nuestra vida.  Irá preparando con ese discurso eucarístico lo que sucederá en la Última Cena.

Vemos aquí también mucho ese valor de la humildad del Señor.  Él, que es modelo de todas las virtudes, también es modelo perfecto de la humildad del cristiano, al no querer hacer Su voluntad, sino la voluntad del Padre que le envió.

Eso lo repite mucho:

“He bajado del Cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado”.

NOS ALIMENTAMOS DE DIOS VIVO

Lo repite mucho en muchos pasajes del Evangelio, cómo el Señor muestra siempre que Él está para hacer la voluntad del Padre; para enseñarnos a ti y a mí el valor de la humildad, de la obediencia a Dios Padre y así imitamos a Su Hijo también en esta gran virtud.

En el encuentro con Jesús nos alimentamos de ese Dios vivo, comemos realmente el Pan del Cielo.  De acuerdo con ello, el Señor lo había dejado claro antes: que lo único que Dios exige es creer en Él.

Una primera indicación la ofrece el Señor en ese Evangelio que hemos leído:

“Quien venga a Mí no lo echaré fuera”.

JESÚS QUIERE QUE NOS CONSIDEREMOS SUS HIJOS

No lo echaré fuera… esa es su invitación: vengan a Mí.  Ir a Jesús, el que vive para vacunarse contra la muerte, contra el miedo a que todo se acabe con la muerte; no es así.

Como Padre Celestial, quiere el Señor que tú, yo y todos los que nos consideramos Sus hijos, busquemos el Pan del Cielo:

“Yo soy el Pan vivo que ha bajado del Cielo”.

“Él es el pan nacido de la Virgen, fermentado en la carne, confeccionado en la Pasión y puesto en los altares para suministrar, cada día a los fieles, el alimento Celestial”,

(San Pedro Crisólogo, Sermón 67)

palabras de un padre de la Iglesia que nos sitúa, precisamente, en la oración de hoy.

Que podemos examinar si deseamos cumplir siempre lo que Dios quiere de nosotros: en lo grande, en lo pequeño, en lo que es grato, en lo que nos desagrada… y pedir a nuestra madre Santa María, que nos enseñe a amar esa Santa voluntad en todo acontecimiento.

También aquello que nos cuesta entender o interpretar adecuadamente, con la certeza, con la seguridad, con esa certeza que salió de los labios del Señor:

“Yo los resucitaré el último día”.


Citas Utilizadas

Hch 8, 1b-8

Sal 65

Jn 6, 35-40

San Pedro Crisólogo, Sermón 67

Reflexiones

Jesús, ayúdame a tener humildad para aceptar Tu voluntad en todo momento.

Predicado por:

P. Neptalí

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  1. María Mercedes ARBO dice:

    Soy sorda, muchas veces no entiendo los audios, así que para mí, tenerlos por escrito es una bendición! Muchas gracias!! Los 10 minutos me ayudan a comenzar el día en compañía de Jesús.

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