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P. Federico

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ESCUCHA LA MEDITACIÓN

NO EXISTEN COINCIDENCIAS

Celebramos hoy la Virgen del Pilar y el descubrimiento de América; no existen coincidencias… Nuestra Madre nos cuida, aunque a veces no nos demos cuenta.

Pensando en esta meditación, se me venían a la mente unas palabras del profeta Isaías que dice:

“Me presenté a los que no preguntaban por mí; me hallaron los que no me buscaban”

(Is 65,1).

Y es que pensaba que podían servir como telón de fondo para este rato de oración, porque Tú Jesús, le dijiste a los apóstoles:

“Vayan y prediquen el Evangelio a toda criatura hasta los confines de la tierra”

(Mc 16,15).

COMENZABA LA EVANGELIZACIÓN

Y los apóstoles te tomaron la palabra, ¡empezaba la evangelización del mundo! Y cada uno de ellos se iría entusiasmado a hablar de Ti, de lo que llevaba en el corazón, intentando llegar hasta el último rincón de la tierra. 

Y Santiago el Mayor, se fue con esta ilusión a España, hasta lo que llamaban el “Finisterre”, el fin de la tierra, el punto más occidental de Europa:  Galicia. 

 “Y él, como los apóstoles, mientras avanzaban y predicaban, seguro que hacían oración y te iban contando lo que hacían, te confiaban sus dudas, te pedían luces, compartían las alegrías -como nosotros también intentamos hacer”. 

  Pero ellos como nosotros, ¡eran de carne y hueso! Se cansaban y, en alguna que otra ocasión, se desanimaban… por la falta de frutos, por la incomprensión.  

SANTIAGO EL MAYOR

Pilar

Santiago el mayor parece haber estado un poco así.   

Era el año 39 y debió de ser muy duro predicar el Evangelio en las ciudades por las que iba pasando.   ¡Duro y aparentemente infructuoso! 

“Tal vez en su oración, sentía que no le escuchabas; tal vez se quejaba un poco, pensaba que no había respuesta de tu parte…”  Y eso a veces también nos pasa a nosotros.

APARICIÓN

  “Ante el fracaso de su predicación entre los paganos, ya agotado, Santiago se paró a orillas del río Ebro, decidido a volverse, ¡No iba a seguir adelante!

 Y fue entonces cuando pasó: ¡se le apareció María! a orillas del Ebro muy cerca de esta ciudad llamada: Cesaraugusta; hoy la llamamos Zaragoza”.

 Pero ¡ojo! que en ese año, ella vivía junto al apóstol Juan, pero ahí estaba, en cuerpo y alma, levantada sobre una columna, que se dice que es el mismo pilar que hoy sustenta la talla de la Virgen en la basílica de Zaragoza. 

 Y le pidió a Santiago que erigiera ahí ese templo.  Templo en el que concedería muchas gracias hasta el final de los tiempos.

 Así que el apóstol, animado por María, siguió hasta Galicia…

“Me presenté a los que no preguntaban por mí; me hallaron los que no me buscaban”.

BENDITA LA MADRE QUE TE TRAJO AL MUNDO

 Santiago el apóstol, esta no se la esperaba, ¡pero qué agradecido! ¡Qué consolado! ¡Qué entusiasmado se habrá quedado!  

“Seguro que después de esta aparición, haciendo verdadera oración, te diría Jesús lo que te dijo esa mujer del Evangelio”:

««¡Bendito el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!»»

(Lc 11, 27).

  Y nosotros te lo decimos también: “¡Bendita la Madre que te trajo al mundo y bendito el día en que nos la dejaste como Madre nuestra!”  

Hoy, pasados más de veinte siglos, celebramos la fiesta de nuestra Madre bajo esta advocación del Pilar, ¡Bendita Madre! 

 Santiago, pasado un tiempo, volvió a Judea, pero dejó el encargo de construir la iglesia a uno de sus elegidos. 

LA BASÍLICA

 Entonces, hoy se eleva ahí, una basílica hermosa que recuerda ese hecho.   En su interior hay una pequeña imagen de la Virgen apoyada en el pilar donde se apareció.  El pilar está ya hasta deformado de tanto beso que ha recibido.

 Y la Virgen… en Zaragoza y en todas partes, sigue alentando el apostolado de sus hijos.   Animó a Santiago y nos anima a ti y a mí cada día.  

 Quiere que muchos conozcan al fruto de sus entrañas: “Jesucristo” y quiere ayudarte a ti también, que eres un apóstol moderno, a que lleves la gracia de Dios a todo el mundo. 

DEBEMOS CORRESPONDER

 ¡Su ayuda es eficaz!  Lo ha sido siempre, así lo fue con Santiago.  Nuestra Señora lo convirtió en un instrumento fiel en las manos de Dios. 

“Señor, yo hago lo que Tú quieres”.  Madre mía, busco ser y hacer lo que tu Hijo quiere.

¿Busco corresponder? ¿O me desanimo ante la primera dificultad? ¿Soy generosamente apostólico? O me dejo llevar por estados de ánimo, por respetos humanos o por un simple:  “es que no veo, no me nace o no quiero…”

¿Qué hago?  ¿A quién acudo?  Cuando el horizonte se oscurece, cuando no veo: ¡la Virgen!  Cuando los ánimos se vienen abajo:  ¡María! 

Cuando el suelo se nos mueve y parece que las cosas no salen como nos gustaría y te impacientas: Señora, ¡ayúdame! ¡Confío en ti! 

A veces puede ser, que incluso ella se presente sin que la invoquemos, sin que la busquemos, un poco como le pasó a Santiago.   Pero ojalá que tengamos la buena costumbre de siempre acudir a ella.

12 DE OCTUBRE

Pilar

Yo pensaba que en estos 10 minutos con Jesús -son de América latina y en América a este día le llamamos de otras maneras, algunos le llaman: el encuentro de dos mundos, el día de la raza, “Columbus Day” o como le quieras llamar. 

 Hay que tener en cuenta que “las coincidencias no existen”.  Te comparto unas palabras pronunciadas por san Juan Pablo II en 1992.  El santo Papa decía:   

“La llegada del Evangelio de Cristo a las Américas lleva el sello de la Virgen María. Su nombre y su imagen campeaba en la carabela de Cristóbal Colón: la «Santa María», que hace cinco siglos arribó al nuevo mundo. 

Ella fue «Estrella del mar» en la arriesgada y providencial travesía del océano que abrió insospechados horizontes a la humanidad. 

La tripulación de las tres carabelas, al despuntar el día del descubrimiento, la invocó con el canto de la Salve Regina. 

Era un 12 de octubre, fiesta de la Virgen del Pilar, memoria tradicional de las primicias de la llegada del Evangelio a España, lo cual representaba el signo providencial de que la evangelización de América se realizaba bajo la protección de la Madre de Dios”

(Viaje Apostólico a la República Dominicana, Juan Pablo II, numeral 2).

UNA TIERRA IGNORANTE DEL EVANGELIO

Este es un detallazo de Dios y de la Virgen con nosotros.

Piensa ¡piénsalo!  Poco después de que ellos rezaran el Salve Regina; Rodrigo de Triana gritaba:  ¡Tierra!

 Una tierra ignorante del Evangelio.  Una tierra ignorante de la redención.  Una tierra que todavía era huérfana, porque no sabía que tenía una Madre…

“Me presenté a los que no preguntaban por mí; me hallaron los que no me buscaban”.

 Más de 500 años después, tú y yo lo sabemos.  ¡Pues que se note!  Que se note que sabemos que tenemos Madre.  Madre en el Cielo que sale a nuestro auxilio cuando hace falta.  Pero que nos acostumbremos a no solamente acudir a ella en momentos de desánimo o de zozobra, sino que ¡siempre!

Hace poco, leía una publicación del Instagram del Opus Dei, que decía la siguiente frase, -que igual nos puede servir-, decía:

Ama tanto a la Virgen, que cuando llegues al Cielo, Jesús diga: he oído a mi Madre hablar de ti”. 

Qué gozo nos daría escuchar esas palabras de la boca tuya, Jesús.

Acudimos a tu Madre: Madre nuestra, háblale a tu Hijo cosas buenas de nosotros, pero porque nosotros nos dedicamos a hablar contigo.


Citas Utilizadas

Jl 4, 12-21

Sal 96

Lc 11, 27-28

Is 65, 1

Mc 16, 15

Viaje Apostólico a la República Dominicana, Juan Pablo II, numeral 2.

Reflexiones

Señor, gracias por darnos a tu Madre, nuestra Madre que siempre nos cuida.  ¡Que sepamos en todo momento acudir a ella!

Predicado por:

P. Federico

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