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P. Josemaría

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7 min

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NO COMAS SOLO

Frente a las dificultades de la vida, a veces pienso: para esto no necesito de Dios, esta pequeña tempestad la arreglo yo solo. Y acabo descubriendo que, sin Dios, mi vida en realidad no es más que cuatro tablitas que se rompen con las primeras olitas de las dificultades.

Hay un dicho que se usaba hace siglos (la verdad es que yo jamás lo había escuchado, simplemente lo leí).  Un dicho que se usaba para definir a alguien que te involucraba en algún proyecto, pero luego te dejaba solo.
Como cuando hacías un trabajo en equipo y luego, por ahí, los demás se escaqueaban, te dejaban solo.
Pues hace muchos siglos se decía: “Eres como el capitán araña”.  El capitán araña fue un portugués que llevaba ese apellido y cobraba a la gente para irse en barco hacia América desde Europa.
Al final, cuando menos lo notaban, ya en el barco, él no estaba, él nunca se subía, nunca hacía el viaje, para seguir embaucando más gente…
“Y Tú Señor, que eres nuestro modelo, eres todo lo contrario al capitán araña.  Vas por delante en todo”.
Es la primera cosa que me llamó la atención del Evangelio de hoy.  Narra aquella vez que Jesús se quedó dormido en una barca mientras se desató una gran tempestad.  Fíjate cómo comienza:

“Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron”.

Que no se nos pase esto desapercibido: Jesús va siempre por delante junto a nosotros.  No es como el capitán araña.

Jesús no es un pastor que va detrás echando piedritas a las ovejas para que caminen.  Jesús no embarca a nadie y luego lo deja solo en algo que Él no está dispuesto a hacer; al contrario, Jesús enseña y exhorta, primeramente, con su ejemplo.

JESÚS NOS PIDE UNA ENTREGA TOTAL

Sigamos con el Evangelio de hoy, primero sube Jesús, luego suben sus discípulos y suben porque ha subido Él, porque quieren estar con Él.
Jesús nos pide una entrega total, pero nunca en solitario, precisamente para caminar junto a Él; esto es ser cristiano: seguir a Cristo.
Por lo tanto, el único interés para estar en esta barca es estar con Jesús.  ¡Qué bien se está contigo Señor en esta barca de la vida! En esta barca que podríamos decir, es un símil.
Podríamos pensar que es, por ejemplo, la Iglesia donde está Jesús.  Pero la barca, ya en el día a día, podríamos decir: son también mis ratos de oración, mis esfuerzos por hacer bien mi trabajo, los momentos de convivencia en familia… y “busco que Tú también estés en todas esas cosas”.
“Mi barca es mi vida.  Mi barca es mi vocación cristiana y si yo estoy aquí, es por Ti Señor.  Si yo lucho por ser fiel a mi vocación cristiana, es por Ti y quiero que sea siempre así: que yo haga las cosas por amor a Ti, para estar junto a Ti y no por otro motivo”.

ANÉCDOTA

barca
Íbamos a subir el volcán Iztaccíhuatl (La mujer dormida.  Es un volcán cerca de la ciudad de México) en una excursión y nos subimos al camión.
Eran por eso de las cuatro de la tarde y a uno de los que iba con nosotros le dio hambre.  Se habían subido otros muchachos detrás, iba todo el mundo hablando, pero este, al sacar su torta, su sándwich, empezó a hacer ruido.
El típico ruidito de sándwich que empieza a segregar jugos gástricos en el estómago de todos y se hizo un silencio en el camión.
De pronto, uno de los muchachos de atrás -de esos que no conocíamos- que también iban a subir el Iztaccíhuatl, dijo en voz alta: “No comas solo”.
Ya todo el mundo se rio.  Era una manera de decir, danos un poquito de tu sándwich; danos un poquito de tu torta.
Me acuerdo de esa anécdota, precisamente porque es como un símil de lo que hoy en el Evangelio nos está diciendo Jesús: “No comas solo, porque tú nunca estás solo.  No vivas solo, no hagas nada en solitario”.
Así que lo primero es eso: pase lo que pase, no pasa nada porque no estás nunca solo, porque Jesús está siempre a tu lado, aunque a veces parece que no lo está o que está dormido -como en el caso del Evangelio de hoy:

“De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande que las olas cubrían la barca y, mientras tanto, Jesús dormía”.

LA BARCA

Por una parte, me ilusiona, me emociona ver a Jesús dormido y, precisamente, en una barca con olas grandes, porque da cuenta de la humanidad santísima de Cristo. “Que de tanto que trabajaste Señor ese día, que estabas agotado, exhausto”, como a ti y a mí nos ha pasado tantas veces.
Por ejemplo, después de ir al mar y de haber jugado en el agua, quedas cansado; o después de un día de trabajo intenso te echas una siesta que quizá te deja completamente dormido.  Así estaba Jesús, Jesús dormía…
Pero volvamos un poco a mirar esa barca más de lejos, esa barca que es la Iglesia, esa barca que es mi vida, mi familia, mi relación con los demás, en los que a veces, cuando menos me lo espero, viene una tormenta.
Como ayer en la noche, que dejé abierta mi ventana aquí, en esta ciudad de Guadalajara, porque estaba todo tranquilo y por eso de las doce, empezó a car un aguacero… que se estaba metiendo toda el agua.  Me tuve que levantar a cerrar la ventana y a limpiar.
A veces así nos pasa, cuando parece que todo va de maravilla, que todo está en calma, que en mi vida todo está bien, de repente vienen las pruebas, cosas que no esperaba, cosas que no entiendo; el dolor, las injusticias, el pecado de otros, mis propios pecados, mis debilidades…
Y, a veces, la barca desaparece entre las olas y Jesús duerme.  Las olas que cubren la barca son muchas veces mi falta de confianza en Dios, mi falta de esperanza en su Providencia ante las dificultades.

ACUDIR AL SEÑOR

A veces, en medio de esas tempestades -que también pueden llegar a ser duras-cuando dan ganas de gritar: “Señor, ¿dónde estás? ¿Dónde estás que no te veo? ¿Dónde estás que parece que no escuchas lo que te pido?
“Me he subido a la barca porque estabas Tú y ahora, cuando más te necesito, ¿dónde estás?”  Y por toda respuesta, parece que simplemente escuchamos el silencio de Dios.
Sigue el Evangelio:

“Se acercaron los discípulos a despertar a Jesús diciéndole: “Sálvanos Señor que nos hundimos””.

Están al borde de la catástrofe, todo parece perdido, ya no hay vuelta atrás, parece que se van a hundir.
“También Señor, ¿ya ves? a veces yo estoy un poco así: ahogándome en un vaso de agua o probablemente sí son grandes mis problemas.
“Señor, ¿por qué tanto acudir a tu ayuda? ¿Por qué los apóstoles que van en la barca tardan tanto tiempo en acudir a Ti? ¿Por qué tardo tanto tiempo muchas veces yo en pedir ayuda a Dios o también a los demás?”

¿SOBERBIA?

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Quizá por un poco de soberbia.  Quizás por pensar: “Para esto yo no necesito de nadie, ni de Dios ni de nadie, de esto me encargo yo solo; esta pequeña tempestad la arreglo yo, yo puedo”.

“Y acabo descubriendo de que mis posibilidades, mis virtudes, mis talentos, toda mi fuerza, no es nada sin Ti.  Que en realidad son cuatro tablitas que se rompen con las primeras olas. Yo solo no puedo, pero contigo sí.
“Señor, en este mundo en el que parece que somos ya totalmente independientes, que no necesitamos de nada ni de nadie, quizás este Evangelio de hoy es un buen recuerdo para que no se me olvide que sí necesitamos de Ti; que sí necesitamos de otras personas que muchas veces son esa providencia tuya para ayudarnos Señor”.
Y Jesús les dice a los apóstoles:

“¿Por qué teméis? Hombres de poca fe”.

¿Por qué tienen miedo?”  …estas palabras que tantas veces las dice Jesús en el Evangelio.

            “Pasa el tiempo y quizás me acostumbro, me olvido de Ti, me quedo solo y cuando me quedo solo, entonces me entran las dudas y cuando me entran las dudas me entra el miedo”.
Me desanimo porque estoy solo, porque me falta fe.  Y Jesús nos quiere enseñar que el problema no son las dificultades de la vida, el problema es la falta de confianza en el Señor.

QUE NO SE NOS OLVIDE QUE DIOS ES NUESTRO PADRE

“Jesús, a veces me pongo nervioso, como si todo dependiera de mí y se me olvida que Tú eres mi Padre, que estás siempre al pendiente de mí”.
Como ese niño que iba en otra barca y se desató también una gran tempestad y parece que se hundía.  Los marineros iban de aquí para allá y el niño jugaba.
A la mañana siguiente, ya finalmente cuando vino la calma, le decían los marineros a aquel niño:
“¿Tú por qué no te pusiste nervioso?” y él respondió con ingenuidad -pero que es algo que nos puede servir más a fondo-: “Porque el capitán de este barco es mi papá y yo sabía que con él al timón nada podía pasarnos”.
El Evangelio termina diciendo:

“Jesús se levantó e increpó al viento y al mar y se produjo una gran calma”

(Mt 8, 23-6).

Vamos a terminar nuestra oración acudiendo como siempre a la Virgen.  Madre mía, tú eres mi estrella.  Si a veces el viento de las tentaciones se levanta -como decía la oración de san Bernardo:

“…si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino, mira a la estrella, invoca a María. (…)

Si ella te sustenta, no caerás; si ella te protege, nada tendrás que temer; si ella te conduce, no te cansarás; si ella te es favorable, alcanzarás el fin.  Y así verificarás, por tu propia experiencia, con cuánta razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María””

(San Bernardo de Claraval).


Citas Utilizadas

Am 3, 1-8; 4, 11-12
Sal 5
Mt 8, 23-27

Reflexiones

Jesús, a veces me pongo nervioso, como si todo dependiera de mí y se me olvida que Tú eres mi Padre, que estás siempre al pendiente de mí.

Predicado por:

P. Josemaría

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