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P. Javier

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LAS BIENAVENTURANZAS

Meditar despacio cada bienaventuranza porque son el camino para parecernos a Dios y ser sus testigos.

En el Evangelio del día, leemos lo siguiente:

“En aquel tiempo, al ver Jesús la muchedumbre, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles:

Felices los pobres de espíritu, porque de ellos será el Reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan, y los calumnian de cualquier modo por causa mía. 

Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo”.

EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

 Jesús, con estas bienaventuranzas, con estas famosas frases en la cual nos llama dichosos, felices, bienaventurados, nos recuerda cuál es el camino.

“Él es el camino, la verdad y la vida”. 

Él encarna de una manera especialmente clara estas bienaventuranzas. Jesús es el modelo de las bienaventuranzas. Jesús encarna la pobreza, encarna la limpieza del corazón, la castidad, la pureza. Jesús será perseguido. Jesús sufrirá más que nadie en la historia como consecuencia del amor que nos tiene. 

El sufrimiento es la mayor demostración del amor. Dar la vida por el amigo, es la manifestación del cariño más profundo que se puede tener por alguien. Jesús va encarnando a lo largo de su vida terrenal estas bienaventuranzas. 

Pero ha querido dejarnos como un mapa, una hoja de ruta para que sepamos por dónde hay que ir, cuáles son los pasos falsos que hay que evitar, cuáles son las trampas. Y por eso nos previene. 

LAS BIENAVENTURANZAS
MI FELICIDAD: LA FELICIDAD DE LOS DEMÁS

Bienaventurados los pobres. Tengan cuidado con la riqueza. Tengan cuidado con lo que atesoran. Porque el corazón del hombre ha sido hecho para las personas, no para las cosas. 

Y por eso tenemos que atesorar personas. Tenemos que coleccionar amigos. Tenemos que aspirar a servir a la mayor cantidad de gente posible, porque nuestra felicidad está atada a la felicidad de los demás. 

UN CORAZÓN SEMEJANTE AL DE JESÚS

Nuestro corazón está hecho para que se dilate de una manera impresionante, que sea inmensa la capacidad de contener a personas. Tienen que entrar en nuestro corazón tantas personas que ya no podamos más…. 

Como en el corazón de san Josemaría, el de san Juan Pablo II, de santa Teresa de Calcuta, que uno veía en sus corazones esa capacidad inmensa de dilatarse. De manera que cabían tantísimas personas, tantísimas almas en esos corazones, inmensos, como fueron los corazones de estos santos. 

Por eso nosotros le pedimos a Jesús, que nos dé un corazón semejante al suyo, que de esta manera podamos encarnar en nosotros esas bienaventuranzas, para que no sólo consigamos la felicidad, sino que otros también encuentren el camino.

Para que sepan de qué manera tienen que vivir en la tierra, para conseguir tener el corazón de Dios, para conseguir parecernos a Dios. 

PARECERNOS A JESÚS

Por eso, en la medida en que vamos consiguiendo ese parecido con Jesús, vamos consiguiendo no sólo la felicidad, sino transformándonos en libros abiertos, para que otros puedan leer con más claridad, cuál es el camino, cuál es el camino correcto. 

Esto requiere de nosotros, ese mirar despacio las bienaventuranzas, pensar si realmente somos pobres de espíritu, si realmente tenemos el corazón desprendido, desapegado, libre de las cosas materiales, aunque tengamos que administrar millones, aunque tengamos que administrar muchas cosas, pero a su vez el corazón libre. 

AMAR ES COMPARTIR

Esta pandemia, entre otras cosas, nos ayudó a valorar la importancia de los vínculos con respecto a la importancia de las cosas materiales. Lo que nos hace felices son las personas. Cuánto hemos echado de menos, cuánto hemos extrañado un abrazo y compartir.

Porque no es lo mismo mirarnos por Zoom, que compartir una comida, una bebida, un rato de conversación con una persona que tenemos. 

Qué distinto es dar un abrazo a nuestros padres, o a esos amigos, a esos parientes que anhelamos dárselos. Y como consecuencia de esta epidemia, hemos tenido que aislarlos. Ni hablar, las personas que han perdido seres queridos que no han podido ni siquiera saludarlos. 

Por eso, sopesar cada una de estas bienaventuranzas. Jesús las ha encarnado. Jesús las ha hecho carne, para que nosotros justamente tengamos clarísimo el camino. Jesús nos habla de ese perdón que tenemos que dar, para que nunca nuestro corazón, quede esclavo del rencor. 

LAS BIENAVENTURANZAS
UNA ANÉCDOTA EJEMPLAR

Recuerdo un chiquito del colegio, que un día al volver a su casa, le pidió a su papá que le enseñara a matar a un compañero que le había hecho bullying. Estaba indignado, estaba enojadísimo el pequeñito. 

Y el papá, con mucha sabiduría, lo que hizo fue agarrarlo y llevarlo al jardín. Tomó una camisa blanca que tenía y la puso en un extremo del jardín. Tomó una bolsa de carbón, para hacer asado, -aquí hacemos el asado con carbón-, y lo puso a una distancia razonable del chico. 

¡DALE CON TODO!

Le dijo: – Mirá, pensá que esa camisa blanca es tu compañero. Ese es el chico que te ha hecho bullying, que te ha hecho daño, que te ha causado ese dolor. Pensá que es ese pibe, y agarra esta bolsa de carbón, y tírale. ¡Dale con todo! 

El chiquito empezó a tirar carbones hasta que se quedó sin nada, hasta que vació la bolsa. El padre que lo estaba contemplando, lo agarró y le dijo: – Mira, vamos a ir los dos junto a un espejo, para que veas el resultado de esta acción. 

Entonces llevó al chiquito a un espejo junto con la camisa. El chiquito había logrado darle solamente tres veces a la camisa, con lo cual la camisa tenía apenas tres puntos negros, mientras que el chiquito estaba negro entero. Por qué, manipular carbón hace que uno se quede negro en dos minutos.

QUE DIOS NOS CURE EL CORAZÓN

 Y, el padre logró enseñarle la necesidad de perdonar, porque el que se ensucia realmente es la persona que mantiene el odio o que está enojada, que tiene rencor en su corazón. Se ensucia mucho más que la persona odiada. La persona odiada no la tocamos.

En cambio, cuando odiamos a alguien nos ensuciamos el corazón, y todo lo que tocamos lo ensuciamos. 

Una persona enojada. Una persona con bronca. Una persona con odio. Es incapaz de misericordia. Es incapaz de amar. Por eso necesitamos que Dios nos cure el corazón. 

Así tenemos que ir bienaventuranza por bienaventuranza. Asegurándonos que las podamos vivir. Hoy concretamente, podemos pedirle a Jesús que nos limpie el corazón de todo rencor.

Que sane nuestro corazón de cualquier odio o de cualquier bronca, por más justo que sea, por más razonable que sea. 

LAS BIENAVENTURANZAS
TENER UN CORAZÓN LIMPIO

Porque muchas veces nos vamos a topar con gente que nos hace daño, como a ese chiquito. Ese compañero le había hecho bullying, pero era muy mal negocio para ese chico odiar, porque se iba a ensuciar el corazón, iba a ensuciar todo aquello que tocase… 

Por eso necesitamos pedirle a Jesús que nos limpie el corazón de todo rencor. Hoy, de una manera especialísima, se lo pedimos para que nuestro corazón no anide nunca, ni el más mínimo destello de bronca. 

UN CORAZÓN CAPAZ DE PERDONAR

Que tengamos un corazón capaz de perdonar. Y a veces nos hace bien decirlo en voz alta: “Señor, perdono a esta persona. Perdono como vos querés que yo perdone”.

No importa si el otro recibe el perdón, a veces no podemos darle el perdón de manera expresa. Lo importante es perdonar de corazón. Que Jesús nos ayude en este deseo. Que así sea.


Citas Utilizadas

1R 17, 1-6

Sal 120

Mt 5, 1-12

 

Reflexiones

Jesús ayúdame a repasar cada bienaventuranza con hechos de mi vida.

Enséñame a tener la capacidad inmensa de dilatar mi corazón, y que quepan todas las personas con las que me encuentre.

Predicado por:

P. Javier

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