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P. Santiago

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LA SEÑORA DEL SEMÁFORO

Jesús, junto a María y José, en cada Navidad, se ponen de lado de los que sufren, de los solitarios, de los que no pueden más. Junto a la angustia de nacer en un establo, el corazón lo invadía un gozo por la llegada del Salvador.

Me acaba de suceder lo siguiente:

Venía en carro, después de celebrar la Santa Misa, rumbo a mi casa y me detuve en un semáforo.  Estaba más o menos ubicado de cuarto en la fila y vi cómo se aproximaba una señora (de estas señoras que piden dinero en los semáforos).

Cuando se acercó, no tenía nada a la mano y los vidrios del carro son un poco oscuros.  Le extendí las manos como diciéndole: “¡Discúlpame! Hoy no te puedo dar nada”.

Inmediatamente, asintió con la cabeza y me dijo:  “No pasa nada”. Entonces siguió al carro de atrás para pedir dinero, pero se devolvió y me dijo: “Padre, deme su bendición”.  Entonces le di la bendición y, en ese momento, se puso a llorar.  El semáforo se puso en verde y le dije: ¡Dios te bendiga! y arranqué.

¡ME DEVUELVO!

Pero no fui capaz de seguir adelante porque, inmediatamente, dije:  ¡Me devuelvo! Tuve que dar una vuelta grande (porque había ciclovía aquí en Bogotá) Una vuelta larga, de varias manzanas para volver al punto donde estaba esta buena mujer.

Orillé el carro en una bahía y la llamé:

  • ¿Qué te pasa?  ¡Me hiciste devolver!  ¿Por qué lloras?
  • Padre, yo estoy en arriendo, tengo tres hijos, no tengo dinero. La señora que nos arrienda el cuarto – la habitación donde vivo con mis tres hijos- me dijo hoy que si no le traía dinero, me tenía que ir del apartamento.  Entonces estoy muy angustiada, tengo mucha tristeza y me siento sola. Por eso Padre, lloré.
EL ANGELUS

Cuando me contaba esto, lógicamente lo hacía entre lágrimas. Yo miro el reloj y en ese momento dan las 12 del día.  Le dije:

  • ¿Me acompañas a rezar el Ángelus?
  • Me dijo: ¡Claro, Padre!

Y entonces, rezamos el Ángelus.  Cuando terminamos de rezarlo le dije:

  • ¿Cómo te sientes después de rezar esta oración?
  • Tranquila, te llena de Consuelo. Cuando recé aquella oración: “El verbo se hizo Hombre”, me emocioné mucho, porque Jesús quiso venir a esta tierra a nacer entre nosotros los hombres.
LA VIRGEN ESTÁ ALEGRE

señora

  • Y yo le pregunté a ella: Tú sabes, en este momento, ¿cómo está la Virgen María?
  • Me dijo:  Sí padre.  Ella está sola, la acompaña San José.  Van rumbo a Belén.
  • ¿Y qué más?
  • Y entonces me dijo: ¡Está triste!
  • Yo le dije: ¡No! No está triste, está alegre. ¡Está radiante de felicidad, de dicha y de gozo!  Porque tiene en su seno al Hijo de Dios.  Al Dios hecho Hombre, al Mesías esperado y anunciado por los Profetas. ¿Qué más? ¿Cómo está la Virgen? ¿Cómo está San José? ¿Qué les pasa cuando llegan a Belén?
POSADA

Entonces así…  íbamos dialogando, le iba preguntando…

  • Cuando José y María llegaron a Belén, estaban igual o peor. En una circunstancia peor que la tuya, porque tú tienes, en este momento, dónde vivir con tus tres hijos; en cambio, San José y la Virgen no tenían una posada ¡y nadie les abrió! Nadie se dignó a decirles: adelante. Nadie se dignó a comprobar el estado en el que estaba la Santísima Virgen, ¡ya a punto dar a luz a un bebé!

No fueron capaces de darle a la Virgen y a San José, un rincón… ¡un rincón!  Ellos no necesitaban más.  Un rincón digno, limpio para que Jesús pudiera nacer en la intimidad de sus padres: de San José y de la Virgen.

No, no les quisieron dar posada.  Se sentían solos, se sentían pobres en una noche oscura y fría. ¡Y estaba por nacer el Hijo de Dios!

LA VIRGEN NOS COMPRENDE

Entonces, esta mujer, ya serena, tranquila; en cambio yo, por dentro, bastante emocionado, le decía que tenía que -en ese momento- sentirse muy acompañada de la Santísima Virgen,

¡Mirada especialmente por María!  Que comprende cada situación dolorosa de angustia, por la que pasamos los hombres.

“Bueno, Señor… ¡Unos más que otros!”   Yo no me puedo quejar por nada.   Pero por ahí hay mucha gente desesperada; por ahí hay mucha gente con angustias muy grandes, con dolores en el corazón y en el alma muy profundos.

DIOS ESTÀ CON NOSOTROS

señora

¡Pues para eso quiso venir Nuestro Señor! Jesús, misteriosamente, quiso que Su Madre María y San José, lo acompañaran también con esa incertidumbre, con esa pobreza, con esa soledad, con ese frío.

¡Todo eso es redentor! ¡Todo eso es un misterio! Y el dolor que hay en la humanidad, en tantas personas, es un misterio.

  • Le dije: “¡Quédate tranquila!  Cuando te sientas así, un poquito afligida, angustiada, desesperada y que no sabes qué hacer (porque también me lo dijo: padre, ¡ya no sé qué hacer!) piensa en Jesús, piensa en la Virgen y no pierdas la Felicidad. No pierdas la alegría interior de saber que Dios está contigo; de que la Virgen está contigo!
ABRIRLE LA PUERTA A NUESTRO SEÑOR

Venía reflexionando en el carro: ¡Dios mío! ¿Cómo será el juicio de aquellas personas, que no te quisieron abrir la puerta en Belén? Nos daremos cuenta, al final de los tiempos, quiénes fueron estas personas.

¡Que de nosotros no se pueda decir lo mismo! Que de nosotros no se pueda decir que no le hemos abierto la puerta a nuestro Señor; que hemos estado, más bien, pendientes -ahora- del ruido de la Navidad, de la bulla, de la alegría, de la fiesta (que es tan agradable en esta época) pero que nos demos cuenta de lo esencial.

Que no nos olvidemos de meditar en el silencio de nuestro interior aquel gran misterio, de que Jesús quiso venir en ese ambiente de soledad, de oscuridad.

¡CUÁNTO SILENCIO!

Cuando el mundo tuvo que haber temblado y gritado de gozo y de alegría… Silencio, oscuridad, frío, soledad.

Ese el misterio de Dios.  ¡Cuánto silencio! ¡Cuánta oscuridad en tantas almas!  Y Jesús viene a eso, para dar luz…  como esa estrella que anunciaba a los Reyes Magos y a los pastores la venida del Mesías.

Hoy comienza la “Novena de Aguinaldos” que vivimos, especialmente, en Venezuela, Ecuador y aquí en Colombia.  (En otros países no se vive esa tradición.  Ya te enterarás qué significa o qué es la Novena)

DETENERNOS A PENSAR EN LOS DEMÁS

Señor, que querramos hacer el propósito de vivir y de profundizar en ese gran misterio y que no seamos ajenos -tampoco en este mundo- a los dolores, a las angustias de las personas con que nos crucemos.

Basta quizá rezar, detenerse, darles una voz de aliento; quizá darles algo, no sé… de dinero o algún detalle de comida… no sé Señor, no sé.  Cada uno que lo considere en su oración personal.

Casi siempre escribo el guión de la meditación, pero hoy me ha salido así: espontánea.  Así le gusta a Jesús que hablemos con Él.   Y también que conversemos con Él de lo que nos va pasando en el camino y en el día a día.

Vamos a mirar a la Virgen y a terminar este rato de oración poniendo en sus manos todos los deseos, los propósitos, las ilusiones; todas las ilusiones de santidad de nuestro corazón.


Citas Utilizadas

Is 45, 6-8. 18. 21-25
Sal 84
Lc 7, 19-23

Reflexiones

Que cuando nos sintamos desesperados, angustiados, afligidos… ¡No perdamos la felicidad! ¡No perdamos la alegría interior de saber que Dios está con nosotros!

Predicado por:

P. Santiago

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  1. Trinidad dice:

    Buen día padre Santiago,..cuando verdaderamente tenemos a Jesús dentro de nosotros,no podemos ser indiferentes con el que sufre en muchas circunstancias de la vida.. exelecte mensaje… bendiciones.

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