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P. Santiago

5 min

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TEMPUS BREVE EST

Que corto es el tiempo para amar. Jesús nos ha pedido ser testigos del amor por todas partes.

¡Aquí está Cristo resucitado!

“Sí, Señor. Estás junto a nosotros en este rato de oración, en estos diez minutos. Queremos conversar contigo. Resucitado. Y ¿qué nos pides? Pues la verdad, Señor, yo me esperaba un poquito más.

“Haciendo un recuento ¿qué nos dices una vez resucitas? -Alegraos; -No temáis; -La paz os dejo; -Echad la red a la derecha. Bueno, a los discípulos de Emaús también les dices: -Necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas. Sí, también, es verdad. Pero bueno.

“Y con esto ¿qué esperas de nosotros, Señor? Pues que así vayamos por el mundo: con alegría, sin miedo, dando paz por doquier y pescando, acercando a otros peces a esa red que es de paz y de alegría”.

Así se ha hecho el cristianismo en estos 21 siglos de historia -veinte, veintiún siglos.

Los cristianos somos luz, somos fuego. Y ¿cómo atraemos a otros? Con alegría, con paz, con el fuego de Cristo que llevamos adentro.

EL FUEGO DEL CRISTIANO

Mira, esto lo decía san Josemaría -muy bonito. “De este modo cada uno será como una brasa encendida, que pega fuego donde quiera que esté; o, por lo menos, levanta la temperatura espiritual de los que le rodean, llevándoles a vivir una intensa vida cristiana”

(cfr. Forja, 570).

Tenemos que quemar, encender con el fuego de Jesucristo, todos los caminos de la tierra.

Y es la hora en que nos podamos preguntar: ¿Hay luz en mi interior? ¿Prendo fuego allí donde estoy? ¿Prendo ese fuego de Cristo allí donde estoy?

En la vigilia rezaba el sacerdote en la Ceremonia de la Luz: “Oh Dios, que por medio de tu Hijo has dado a tus fieles la claridad de tu luz, santifica este fuego nuevo y concédenos que la celebración de esta fiesta de Pascua encienda en nosotros anhelos tan santos que podamos llegar con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz” (Oración de bendición del fuego, Vigilia Pascal, Sábado Santo).

ENCENDER ANHELOS DE SANTIDAD

De esa oración me quiero quedar con ese: “encienda en nosotros anhelos tan santos”. Después de la Resurrección han nacido en nuestro corazón anhelos de santidad, anhelos de alegría, de paz, anhelos de pesca, de pesca abundante y de pesca submarina…

“Y para darnos esa luz, Jesús, hay que mirar lo que hiciste por nosotros: Entraste en el sepulcro de nuestros pecados; llegaste hasta el lugar más profundo en el que nos habíamos perdido; recorriste los enredos de nuestros miedos; cargaste con el peso de nuestras opresiones… Y desde allí, desde los abismos más oscuros de nuestra muerte, nos despertaste a la vida y transformaste nuestro luto en danza”.

¡Qué maravilla! Por eso, sí, tenemos que mirar a Jesús resucitado, pero también comprender que todavía tiene las llagas, que Jesús nos ganó en la Cruz, que Jesús murió por nosotros. Y así poder ser testigos.

ILUMINAR CON EL FUEGO DE CRISTO

CRSITO VIVE

No sé si leíste la homilía del Papa en el Domingo de Resurrección.

El Papa decía: “Ven, escucha, que los testigos ven, escuchan y anuncian” (Santa Misa en el Domingo de la Resurrección del Señor, 18 de abril 2022).

¿Y qué anuncian? Yo me quiero quedar solamente con eso: ¿qué anuncian? Pues, la alegría, la paz, el celo por las almas.

San Josemaría escribió un libro que se llama Camino, que tiene 999 punticos breves, sentencias breves, frases breves, párrafos muy cortitos que ayudan a hacer oración. Es una maravilla.

El punto número uno dice lo siguiente: “Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso. Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón”.

Ahí esta: iluminar, encender con el fuego de Cristo todo lo que tocamos, todo lo nuestro.

TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN

“Señor, somos testigos. Si, somos testigos de la Resurrección. Pero sin apariciones, porque claro, las mujeres, los apóstoles sí que te vieron resucitado. Nosotros no. Nosotros no hemos sido testigos de la Resurrección. No, yo no vi nada, por lo menos, Señor”.

Y nos podemos preguntar: ¿cómo podemos ser testigos de algo que no hemos visto? Pero claro, ¿es que los apóstoles, acaso, fueron solamente testigos de la Resurrección? No. Fueron testigos de la bondad de Jesús, del amor, de cómo hablaba, de la fuerza de su palabra, de sus milagros con los más pobres, enfermos y necesitados, del cariño con Zaqueo (-Baja del árbol chiquitín), de cómo escogió al humanamente pobre de este mundo: pescadores; Mateo, recaudador de impuestos, un joven apenas adolescente como San Juan…

TEMPUS BREVE EST

En fin, somos testigos de todo esto nosotros también. Y después de ser testigos de esto en Jesús, el tiempo se nos tiene que hacer corto. Tempus breve est. ¡Qué corto es el tiempo para amar!

Tenemos que ir a un paso más urgente, más rápido. Ser testigos de amor por todas partes y además hacerlo con alegría infinita. Eso dice el Evangelio, que los testigos anunciaban todo con una alegría que rebosaba de su corazón.

Y para tener esa alegría nos puede servir también algo que les dice San Pablo a los colosenses:

“Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Aspirar a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros aparecereis gloriosos juntamente con Él”

(Col 3, 1-5).

Buscad los bienes de allá arriba. Así mantendremos el tono de felicidad en nuestra alma y nuestro corazón. No los bienes de aquí abajo, sino los de arriba. Es algo que nos que nos sugiere también el apóstol.

BUSCAR LOS BIENES DE ARRIBA

Y, para unirnos a la misa de hoy martes de la segunda semana de Pascua, nos puede servir la oración colecta. Le decimos al Señor: “Haznos capaces, Dios Todopoderoso, de anunciar el poder de Cristo resucitado, para que poseamos en plenitud los dones visibles que hemos recibido como prenda de los futuros”.

GRANDES COMO ELEFANTES

Claro. Vamos a buscar los dones de arriba, pero que ya son visibles en este mundo: la oración, el hambre por tratarte a ti, Jesús; el amor, el espíritu de lucha anclado en la esperanza, la fe que Cristo siempre nos da y que sepamos que siempre el Señor vencerá; la humildad…

En estos días leí una frase bonita de unos elefantitos que van creciendo y se hacen como filita. Y entonces dice la frase: Buscad ser grandes para que os imiten y humildes para que quieran estar con ustedes.

La alegría de saber que en este mundo buscamos imitar a Jesucristo. El celo por las almas. En fin

“Señor, y todo con esas poquitas palabras, con esas poquitas cosas que nos dijiste una vez resucitado: No temáis. Alegraos. La paz os dejo. Echad la red a la derecha”.

Pues con estos propósitos terminamos este ratico de oración acudiendo a nuestra Madre Santa María.


Citas Utilizadas

He 4, 32-37

Sal 92

Jn 3, 5. 7-15

Reflexiones

Señor, que sepa llevar tu fuego para iluminar con alegría y paz a todos los que me rodean.

Predicado por:

P. Santiago

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