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P. Santiago

4 min

JERUSALEMA

Alégrate Jerusalén, porque no importa cuán grande sea tu desierto en estos momentos, ni lo que tengamos que pasar después en el Calvario… Resucitaremos con Cristo.

Hoy empezamos este rato de oración con algo de música. La liturgia lo permite.  Estamos celebrando el domingo Lætáre. El domingo de la alegría: “Alégrate Jerusalén”
Son las primeras palabras de la Antífona de entrada de la Misa de hoy, en este cuarto domingo de cuaresma.

Y la canción con la que comenzamos este rato de oración, tiene ese título: “Jerusalema”.

DOMINGO DE ALEGRIA

¿Por qué domingo de alegría? Porque la Semana Santa está más cerca. La celebración del misterio central de nuestra redención se acerca, está muy cerca. “Alégrate Jerusalén”.

Y me podría servir de las lecturas para hacer este rato de oración, pero no, me quiero quedar con sólo una palabra: ¡Jerusalén!, que es el nombre de esta canción.
Hablar de Jerusalén es como hablar del plan de salvación; es el nombre de ciudad, que indudablemente aparece más veces en la Biblia, pero hay que decirlo: ¡para bien! pero también, para vaticinar destrucción.

Encontré, por ejemplo, que hay 34 versículos en la Biblia que hablan de la destrucción de Jerusalén. Te cuento sólo dos:

“Por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel: “He aquí, voy a traer tal calamidad sobre Jerusalén y Judá, que a todo el que oiga de ello le reteñirán ambos oídos”.

(2 R 21, 12)

“Haré de Jerusalén un montón de ruinas, una guarida de chacales, y de las ciudades de Judá una desolación, sin habitante”.

(Jr 9, 10)

NOMBRE PODEROSO

Qué misterio esconde este nombre poderoso de Jerusalén, la ciudad del mundo pasado, del mundo presente y, sobre todo, del mundo futuro.

Del presente: Hoy, por ejemplo, escuchamos una referencia en las palabras de entrada en la misa de hoy: ¡Alégrate, Jerusalén, reuníos todos los que la amáis, regocijaos los que estuvisteis tristes para que exultéis!

Hace referencia a la Iglesia, que es universal, abierta a todas las naciones. ¡Qué gran muestra de esto nos dio el Papa en su último viaje a Irak!

CIUDAD CELESTIAL

También es verdad que el nombre de Jerusalén se refiere a la ciudad de Dios, a la Jerusalén celestial.  A la Jerusalén celestial, por ejemplo en el Salmo 86 dice así:

“Y el Señor prefiere: las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!”

Señor, aquí también puedo hacer referencia a la canción, (que por cierto tiene un ritmo muy pegajoso, ya lo habrás escuchado, tiene un ritmo muy movido y original.) ¡Todo! Todo nos sirve para hablar con Jesús. La canción pretende ser un mensaje de esperanza.

Está escrita en idioma venda, uno de los 11 idiomas hablados en Sudáfrica y está dedicada a la “Nueva Jerusalén”, entendida en su sentido bíblico: ¡La Ciudad Celestial! a la que todos tendemos en nuestra búsqueda.

MI REINO NO ESTA AQUÍ

Dice Master KG, que es compositor y el artista de esta canción:

“Jerusalén es mi casa, sálvame y camina conmigo, no me dejes aquí”. “Mi lugar no está aquí”, “Mi reino no está aquí”.

¡Mi reino no está aquí! Qué bueno considerar esto, en nuestra oración. ¡Necesitamos esperanza!.

¿Qué pasará con nosotros?

• Estamos aquí de paso.
• Nos espera la patria celestial.
• No somos de aquí.
• No tenemos pertenencia, sino equipaje.
• Estamos de viaje a la Patria celestial, a la morada de Dios.

JERUSALEMA

No sé Señor, puede ser muy loco, pero esto es lo que he querido meditar el día de hoy: Tú tienes un plan de salvación. Por eso has elegido un pueblo y también el primado de la Ciudad Santa, que es la que reúne al pueblo: “Jerusalén”, no por méritos históricos o culturales solamente sino, sobre todo, porque Dios ha derramado sobre ella Su amor infinito.

En este plan de salvación, recuerdo una persona que alguna vez me dijo que se quería tatuar un símbolo que hablaba justo del plan de salvación: eran unas flechas hacia todos los lados; unos símbolos, que depende del sentido en que estuvieran, querían decir algo. El tatuaje quería decir lo siguiente:

• El vino (allí la flechita miraba hacia abajo)
• Murió (aparecía después una Cruz)
• Resucitó (y aquí aparecía como un arco)
• Ascendió (la flechita hacia arriba)
• Y vendrá nuevamente (otra vez la flechita hacia abajo)

¡Él vino, murió, resucitó, ascendió y vendrá de nuevo! Esta era la manera como esta persona se quería tatuar ese símbolo de la venida de Cristo para el final de los tiempos para llevarnos a Su Reino.

UN CAMINO

Jesús tenía un camino. Ese camino, aquí en este mundo fue muy tortuoso, sobre todo en esos últimos años, en esa Pasión y Muerte en la Cruz. Así quiso el mismo Dios venir a nuestro auxilio.

¡Alégrate Jerusalén! Porque no importa cuán grande sea tu desierto en el que transitemos en estos momentos, ni lo que tengamos que pasar después en el Calvario… ¡Resucitaremos con Cristo!.

El Domingo Laetare, nos alienta a todos en esa espera de la Jerusalén celestial.

SION-JERUSALÉN

No quiero terminar sin recordar a la Santísima Virgen, a quien, teológicamente, se refiere el nombre de Sión-Jerusalén.

En el Antiguo Testamento Sión aparece por primera vez en el relato de la conquista de Jerusalén por el rey David. El joven rey cuando llego allí, construyó su palacio y, sobre todo, construyó el sitio donde iba a estar el Arca. Sión-Jerusalén fue llamada «Ciudad de Dios». A esta roca hizo trasladar el rey David el arca, por este motivo se la llamaba: «Morada de Dios».

¿Y en donde moraste Tú Jesús? ¿En el seno de qué mujer te encarnaste para hacerte Hombre? En el seno virginal de muestra madre Santísima Madre, la Virgen María.
¡Jerusalén-Sión, morada de Dios! Haz que nosotros, Tus hijos, podamos gozar de esa morada también como Tú, por toda la eternidad, después de atravesar este paso por el desierto de este mundo.

Vamos a terminar con un poquito de esta canción tan simpática, con un ritmo tan pegajoso; que nos habla precisamente de esa ¡Jerusalén Celestial!


Citas Utilizadas

2Cr 36, 14-16.19-23

Sal 136

Ef 2, 4-10

Jn 3, 14-21

2 R 21, 12

Jr 9, 10

Sal 86

Reflexiones

No importa cuán grande sea el desierto en el que transitemos en estos momentos, lo único que nos debe llenar de esperanza es que ¡Resucitaremos con Cristo!

Predicado por:

P. Santiago

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