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P. Juan Carlos

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NUNCA DIGAS PERDÍ MI OPORTUNIDAD

Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. Que nunca digas que perdiste la oportunidad, porque Dios siempre se las ingenia para darnos nuevas opciones, para llegar a la Luz.

«Perdí mi oportunidad,

No la supe aprovechar…»

No se si te acuerdas de esta canción de “The Cadillacs”… recuerdo que era bastante patética (la canción), pero que la cantaba a pleno pulmón cuando era adolescente.

Y quería comenzar este rato de oración Señor, diciéndote que: si alguna vez esto me había llamado la atención, en sentido como negativo: que había perdido la oportunidad; que el amor sólo pasaba una vez; que hay alguien más ocupando mi lugar; ya no se puede arreglar; la distancia enfriará todo lo que hubo entre los dos…

Es un drama el de este pobre cantante de The Cadillacs. Y, en cambio, Tu amor qué distinto es, porque es un amor que nos da una y otra oportunidad.

Eso es lo que nos encontramos hoy en la primera lectura del profeta Isaías.  Esto dice el Señor:

«En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo para restaurar el país, para repartir heredades desoladas.

Para decir a los cautivos: “Salgan”; a los que están en tinieblas: “Vengan a la luz”.

(Is 49, 8-9)

Así que ningún: “perdiste la oportunidad”. El Señor nos da una y otra vez oportunidades. 

Vengan a la luz

Todas las lecturas de los profetas de esta semana nos hablan de las bondades de la alianza de Dios con los hombres. Pero es preciso dar un paso adelante e ir hacia la luz. Salir de ese estado “looser” del que perdió la oportunidad para querer estar junto al buen Dios que nos llama.

Que sigue llamando hoy, para que actuemos como corresponde, porque hay muchas necesidades en el mundo.  El responder al amor de Dios no se queda simplemente en sentirnos llenos, sino que hay que decidir, hay que optar, hay que actuar.

Como dice el Evangelio del día de hoy:

“Mi Padre sigue actuando y yo también actúo”.

(Jn 5, 17)

Las obras tienen que estar relacionadas con aquello en lo que creemos; ser consecuentes.  Con palabras de san Pablo:

“Salir de la noche y ser hijos de la Luz”.  

Es dar testimonio de Aquél en quien creemos. Con palabras a veces y, otras veces, con obras.

No quedándonos como en este «bucle» negativo del que pierde su oportunidad, del que no supo aprovechar y ahora «hay otro ocupando su lugar». No, no… esa es la visión anticristiana.  Lo que Jesús quiere es que actuemos, que recuperemos, que pidamos perdón, si es necesario y que volvamos a la carga y que demos, con nuestra vida, testimonio de que siempre se puede volver a Dios.

CONVERSIÓN MISIONERA

El papa Francisco está insistiendo mucho en la cuestión de las obras. De la “Iglesia en salida”.

«Todos somos parte de esa Iglesia, que no puede quedarse dentro de los muros del templo parroquial».

En una “conversión misionera” de ir mas allá, de dar testimonio de nuestra fe.

Para seguir actuando, pero no con criterios humanos sino que, con otros criterios. Porque no vale la pena perderse en lamentaciones, en lamerse las heridas, buscar de qué modo yo, ahí donde me encuentro, puedo aportar mi granito de arena al crecimiento del Reino de Dios.

El que puede llevar un grupo, haciéndolo. El que puede, simplemente, sonreír más, haciéndolo.

Hace pocos días le llevé la comunión a una viejita.  Me llamó mucho la atención la sonrisa de la señora y le aconsejé que siga sonriendo mucho a sus hijos y a sus nietos; que  transmita su fe a través de sus sonrisas.  No podía hacer nada mucho más pues ya esta muy limitada; pero cada uno, puede moverse en un ámbito concreto.

Esta viejita en concreto… sonreír.  Tú, ayudando a que haya más espíritu cristiano en tu casa, dando, por ejemplo: no hablando mal de los demás, dándoles siempre visiones positivas a los hijos cuando se quejan, evitando criticar cuando hay cosas que no te gustan o cuando hay cosas que nos ponen más nerviosos, que lo vemos como injusticias  inclusive; saber cómo tenemos que reaccionar.

HACER CADA UNO EL REINO DE DIOS

Porque cada uno tiene que hacer el Reino de Dios según sus medios… El que cuida de su familia, haciéndolo con amor; el que ya ha trabajado mucho, rezando por los que continúan la labor evangelizadora; los que han trabajado y ahora están ocultos por la pandemia también intentando estar en contacto con sus grupos; intentando dar este ánimo para que todos sigan luchando. Porque el Señor es más poderoso que cualquier enfermedad y es más fuerte que cualquier problema que nosotros vayamos a tener.

Queramos o no, hay que decidir: ¿Cómo vamos a vivir? Hay que salir del estado de “looser”, “de perdí mi oportunidad” y saber que el Señor nos da una y otra y otra.

Porque al final de la vida, nos van a examinar en el amor y sería triste que llegue al examen final, al estar con Jesucristo y le digas: “Perdón Señor, es que yo ya perdí hace mucho tiempo mi oportunidad”.  Nos va a decir: ¡No seas burro! ¿Qué pasó? Te di miles de oportunidades más.

Por eso Señor Jesús, Tú que me escuchas ahora: que yo también sepa pedir perdón y volver siempre.  Cuando no haga las cosas bien y cuando a veces esté cansado o derrotado, que sé que Tú siempre nos das nuevas oportunidades.  Que sepa decidir por Ti siempre, que no me quede en ese sentimiento de perdición, de desaliento, de pena profunda que no conduce a ningún sitio Señor, porque los que creemos en Ti, al revés, nos da esa fuerza para seguir caminando, para seguir luchando.

Aunque no veamos el fin, que hagamos como San José… que acogemos las cosas a veces sin comprenderlas.

Yo no sé si has leído ya la: “Patris Corde”. Es un documento hermosísimo del Papa Francisco.  El Papa nos habla de que José acogió sin poner condiciones previas…Y que muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos y nuestra primera reacción es, a menudo, es de decepción, de rebelión o de esto de “perdí mi oportunidad”, pensar que ya no se puede hacer nada.

RECONCILIARNOS CON NUESTRA PROPIA HISTORIA

Ternura

Sin embargo, José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, lo asume con responsabilidad; se reconcilia con su propia historia.

Nos dice el Papa Francisco:

«Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el siguiente paso, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones».

Por eso la vida espiritual de San José no nos muestra una vída que explica las cosas, sino una vida que acoge y sólo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podremos también intuir una historia más grande, un significado más profundo que no podremos encontrar en esta tierra sino que lo veremos en el Cielo, cuando estemos contigo Señor entenderemos todas las cosas. Ahora no hace falta muchas veces que entendamos sino que acojamos igual que san José.

Que no pienses que has perdido tu oportunidad, que todas las las cosas van mal y que todo el mundo es negativo y que aquí sólo nos vestimos de negro. ¡No! para nada, estamos en una Cuaresma que nos lleva a darnos cuenta de lo poco que somos y de lo importante que es nuestra conversión y lo primero que tenemos que hacer es convertir el corazón.  El corazón para Dios para saber repetir con el Señor estas frases: que los cautivos salgan, que los que están en las tinieblas, vayan a la luz.

“¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta?  ¿No tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.”

(Is 49, 15)

Dios siempre está actuando, dispuesto a mostrarnos el camino. De nosotros depende responder como es debido, como Dios quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre.

Así termina este rato de oración, con el Evangelio del día de hoy y también acudimos a nuestra madre la Virgen y a san José para pedirles que nos ayuden a acoger todas las cosas que vivimos.

Para que sepamos que nunca perdemos la oportunidad y que siempre el Señor está esperándonos con los brazos abiertos.

 


Citas Utilizadas

Is 49, 8-15

Sal 144

Jn 5, 17-30

Patris Corde

 

Reflexiones

Al final de la vida seremos examinados en el amor. Dios mío has que, de esto, nunca me olvide.

Predicado por:

P. Juan Carlos

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