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P. Rafael

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6 min

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¿CÓMO TE IMAGINAS EL CIELO?

Dependiendo de cómo nos imaginamos el Cielo, serán nuestras fuerzas para llegar allá.
Hoy el Señor deja que sus discípulos le echen un vistazo en el Tabor, pero también a nosotros nos ha dado numerosos “adelantos del Cielo” a lo largo de nuestras vidas. Vale la pena.

Los que somos capellanes de los colegios, solemos hacer una encuesta a los más pequeños, esos que tienen entre siete y nueve años, porque su opinión en este tema es importantísima y, muchas veces, es muy divertido.

Les preguntamos: ¿cómo te imaginas el Cielo?  Te aseguro que las respuestas no tienen desperdicio y, a veces, es difícil no soltar una sonrisa (no por burla, sino por admiración).

“Yo me imagino unas verdes praderas y allí viven y pasan muchos ponys” -esto suelen decir las niñas.  Alguna niña suele decir esto del pony -que es un tema recurrente- o un unicornio.

“Me imagino que hay ríos de Nutella; ríos y ríos de Nutella (esto lo suele decir alguno un poquito más “rellenito”).

Incluso, me cuentan que uno no tan joven, respondió esta misma encuesta, a esta pregunta, algo así como: “Yo me imagino el Cielo como anotar el gol decisivo de la final de la Champions, pero en cámara lenta”.

LO QUE DIOS TIENE PREPARADO PARA NOSOTROS

Todos nos podemos imaginar el Cielo de muchos modos, porque cada cabeza es un mundo.  En todo caso, nos llena de esperanza saber que, incluso, la imaginación más audaz se quedará corta ante lo que Dios, en su infinita Misericordia, tiene preparado para nosotros.

Ya lo dice san Pablo:

“Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por el corazón del hombre las cosas que preparó Dios para los que le aman”

(1Cor 2, 9).

Y, aunque sabiendo que siempre nos vamos a quedar cortos, vale la pena que, frecuentemente, hagamos este ejercicio que, más que mental, es un esfuerzo del corazón:

¿Cómo me imagino el cielo? ¿Cuándo fue la última vez que eché a volar la imaginación y me propuse visitar el Cielo? (virtualmente, claro está).

VISITAS GUIADAS

cielo

Además, te recuerdo que es mejor si estas visitas son guiadas, por lo que te recomiendo también que le digas al Guía -especialmente cuando lo tengas delante en el Sagrario: “Maestro, enséñame cómo será el Cielo que tienes preparado para mí”.

Esto te puede parecer cursi, pero no lo es porque estas “visitas virtuales” al Cielo son de gran ayuda para niños, adultos, hombres y mujeres… para todos.

Porque todos tenemos la experiencia de que cuando visitamos un lugar que nos ha impresionado mucho, siempre guardamos el deseo de volver allí.  Y ¿qué más espectacular que el Cielo?

NO CONFORMARNOS CON NADA MENOS QUE EL CIELO

“Con tu ayuda Señor fomentaremos este deseo de no conformarnos con nada menos que el Cielo.  Es verdad que Tú nos has dicho que este premio no se gana automáticamente.

“Nos has hablado de la puerta angosta.  Nos has dicho que requiere de mucho esfuerzo”.  Pero sabiendo lo que vale, entenderemos mejor aquello del

“tesoro escondido en el campo que un hombre halló y escondió; y por el gozo que tiene, va y vende cuantas cosas tiene y compra aquel campo”

(Mt 13, 44).

También aquello del comerciante que

“al hallar una perla de gran valor, se fue y prontamente vendió todas las cosas que tenía y la compró”

(Mt 33, 45).

Es que una vez que se ha visto el Cielo, ganárselo, cueste lo que cueste, vale la pena.

Algunos santos han, ya en esta vida, gozado de ese privilegio de la Misericordia de Dios y han tenido la oportunidad de asomarse por una rendija al Cielo: san Pablo, san Gregorio Magno, santo Tomás de Aquino, san Felipe Neri…

SOR FAUSTINA KOWALSKA

Te cuento brevemente lo que dejó escrito sor Faustina Kowalska en su diario:

“Hoy fui al Cielo, en espíritu y vi sus inconcebibles bellezas y la felicidad que nos espera después de la muerte.  Vi cómo criaturas dan, sin cesar, alabanza y gloria a Dios.

            Vi cuán grande es la felicidad en Dios, que se difunde a todas sus criaturas, haciéndolas felices (…); y entran en las profundidades de Dios, contemplando la vida interior de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a quien nunca podrán comprender o abarcar”.

Descrito de modo mejor… imposible.  Es que el Cielo es sumergirse para siempre en las profundidades de Dios, causas de nuestra felicidad.

ADELANTOS DEL CIELO

Precisamente, el Evangelio de hoy recoge eso que envidiamos tanto los cristianos, porque se nos recuerda uno de esos primeros “adelantos del Cielo”.

“Tú Jesús, llevaste contigo a Pedro, a Santiago y a Juan a lo alto de un monte y se produjo la Transfiguración.  Tus vestidos blancos, como la nieve, resplandecientes, asombran a tus discípulos -y también a nosotros que estamos aquí contemplando la escena”.

Y aquí, curiosamente, no vemos ningún pony, ni ríos de Nutella, ni hay una cancha de fútbol.  Allí estás Tú Señor y eso basta.  Quedémonos aquí,

“hagamos tres tiendas”

(Mc 9, 5).

Este privilegio que tienen los discípulos en el Evangelio de hoy no es un simple viaje relámpago al Cielo, es una inyección de esperanza que a ellos les servirá luego para mantener la mirada en la meta; especialmente, en los momentos de sequía, los momentos difíciles.

“Qué bien se está aquí”

(Mc 9, 5)

se le escapa a Pedro que, como sabes, no tiene filtro, dice lo que piensa.  Si así es el tráiler, ¿cómo será la película?

ACOMPAÑAR A CRISTO

Pero aquí en la tierra no venimos al Tabor, sino al Calvario.  Y esto no es una tragedia, porque es la alegría de querer acompañar a Cristo, de seguir el camino de Jesús.

Esa alegría que nos recuerda que el premio de la eternidad, junto a Él, hace que todo valga la pena.

“Por eso, Tú Señor le dices a tus discípulos: “bájense de esa nube” que toca bajar de la montaña (por ahora), que aquí todavía hay mucho qué hacer.  Pero eso sí, que les quiten lo bailao’.

Han tenido un adelanto del Cielo y han comprendido que el Cielo no es un lugar geográfico ni es un viaje todo pago a un hotel cinco estrellas.  El Cielo es estar con alguien

“para siempre, para siempre, para siempre”

(Santa Teresa).

ANTICIPO DEL CIELO

Cielo

Digamos, si esta es la definición más radical del Cielo, ¿no nos habrá dado tan bien a nosotros Dios unos cuantos “adelantos del Cielo”?  Si el Cielo es estar con Dios que nos ama con locura, ¿no será la Eucaristía un anticipo del Cielo?

¿Cómo no ver esos instantes en los que acabamos de comulgar, en los que tenemos a Dios dentro de nosotros, tan cerca como nunca, un anticipo del Cielo?

Acaso, ¿para estas cosas tengo yo la misma urgencia del comerciante que encontró este tesoro o encontró esa perla preciosa?

EN LOS SACRAMENTOS

Lo mismo podemos decir del sacramento de la confesión.  Acaso ¿no es la alegría de estar con alguien que nos ama tanto que nos dice: “te devuelvo la dignidad que habías perdido”?

En el sacramento de la reconciliación nos encontramos con un Dios tan bueno, que nos regresa al camino del Cielo cuantas veces haga falta.

Y también nuestros ratos de oración o “estos 10 minutos contigo Señor.  Es verdad que en la oración no siempre estamos al máximo de energías o de atención, pero auméntanos la fe para que, tengamos o no tengamos ganas, podamos decir siempre como san Pedro:

“¡Qué bien se está aquí! Vengo por mi dosis diaria de anticipo del Cielo; vengo a estar con alguien que me ve, que me oye, que me comprende, que me ama.”

DEDADAS DE MIEL

Como ves, no hace falta estar en el Tabor todo el día para tener adelantos del Cielo.  Es que son muchas las ocasiones que podemos agradecer a Dios que nos ofrece estas “dedadas de miel” que, a veces, despreciamos.

Ahora entendemos que, para un corazón enamorado, también en el Calvario se puede disfrutar de un adelanto del Cielo.  Y no porque sea masoquista o se disfrute el sufrimiento, sino porque en el Calvario está Cristo; en la Cruz, está Cristo.

También está el buen ladrón que

“con una palabra robó el corazón a Cristo y se abrió las puertas del Cielo”

(San Josemaría, Viacrucis, 12ª estación).

Nuestra Madre también está en el Cielo.  Pidámosle que no despreciemos estos “montes Tabor” que Dios nos ofrece tantas veces en nuestras vidas.  Que no perdamos de vista la meta y, sobre todo, que nos decidamos a soltar todo aquello que sea un obstáculo para llegar allí.

¡Es que vale la pena!


Citas Utilizadas

Sant 3, 1-10

Sal 11

Mc 9, 2-13

1Cor 2, 9

Mt 13, 44. 33, 45

Diario sor Faustina Kowalska

San Josemaría, Víacrucis

Reflexiones

Con tu ayuda Señor fomentaremos este deseo de no conformarnos con nada menos que el Cielo.

Predicado por:

P. Rafael

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