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P. Juan

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GRACIAS, SEÑOR

Hoy, Jueves Santo, es un día de dar gracias por la Eucaristía, por el sacerdocio en la Iglesia.

            Hoy, ¿cómo no le vamos a dar gracias al Señor, pero así muy de verdad, muy desde el fondo del corazón? ¿Cómo no le vamos a dar gracias por el don inmenso de la Eucaristía?

            De que el Señor haya querido, en aquella cena Pascual judía, condensar, adelantar y poner en nuestras manos, en las manos de la Iglesia, todo el tesoro de su Pasión que vendría al día siguiente.

            De su muerte, del silencio del Sábado Santo y la gloria maravillosa de la Resurrección, todo en la Eucaristía -el misterio Pascual del Señor que se dice.

            ¿Cómo no le vamos a agradecer? Es re fácil: “¡Gracias, Señor!”

            «Un gracias, Señor», que tiene muchísimo contenido, porque contiene o quiere contener, el agradecimiento por un don inmenso, sin medida, sin mensura.  Así es la Eucaristía.

FUENTE DE TODAS LAS GRACIAS

            Es, al mismo tiempo, la fuente de todas las demás gracias que recibimos con el Señor en su muerte, en su Resurrección.

            Lo recibimos todos.  Es la fuente y, al mismo tiempo, es también la cima; es decir, el punto al que queremos llegar como Iglesia. Por eso, le decimos al Señor: “Señor, muchas gracias”.

            Eucaristía significa eso en griego: Acción de gracias.

En la santa Misa damos gracias, muchas gracias a Dios por el don que nos ha hecho.  Agradecemos, respondemos al don de Dios, a la salvación que nos da el Señor.  Respondemos levantando el corazón al Cielo.  Respondemos con una acción de gracias vibrante, cariñosa.

CRISTO VIVO

gracias

            Hoy es el día en que recibimos este don inmenso del Cuerpo, de la Sangre de Cristo, de Cristo vivo.

            También ahora podemos aprovechar de cómo estamos haciendo oración, cómo nos estamos dirigiendo a Jesús.  En el corazón le podemos decir: “Señor, gracias por tu Cuerpo, por tu Sangre”.

Y, sobre todo, como un acto de fe: “Señor, creo de verdad, ayúdame a creer más, pero creo que en la Eucaristía estás Tú verdaderamente, realmente, sustancialmente con tu Cuerpo y con tu Sangre y todo entero también con tu Alma”.

Porque el ser humano está ahí con su cuerpo, con su sangre, con su alma.  No podemos dividir eso en un ser humano.

“Donde estás Tú Señor, perfecto Hombre, está también toda tu divinidad, porque eres una sola persona.  Por eso la Eucaristía Señor, creo, quisiera creer más”.

Ahora mismo hago un acto de fe: “Señor, yo creo que estás con tu Cuerpo y con tu Sangre.  Nos lo has dicho Tú:

“Tomen, coman, esto es mi Cuerpo”.

“Tomen, beban, esto es mi Sangre”

(Mt 26, 26).

No dice representa, dice:

“esto es mi Sangre”.

“Señor, yo creo, quisiera creer más.  Ayúdame a creer más, pero yo creo que, en la Eucaristía -te creo a Ti- estás con tu Cuerpo, con tu Sangre y, por tanto, también con tu Alma, todo entero y con tu divinidad”.  Aunque no aparenta eso, no aparece eso.

ADORO TE DEVOTE

Decía santo Tomás -está en ese himno precioso en latín- el Adoro te devote.

“Te adoro a Ti Señor con devoción…”

Le decimos en ese himno, cantamos, lo rezamos:

“La vista, el tacto y el gusto se equivocan, pero basta con el oído para creer con firmeza…”

            “Sí, porque con el oído yo te oigo a Ti Señor, a través de este sistema de parlantes o de altavoces de la historia que es la Iglesia.  Te oigo a Ti Señor decir:

“Toma, come, esto es mi Cuerpo. 

Toma, bebe, esta es mi Sangre”.

            “Por eso, ante la Eucaristía, hoy Señor se equivocan, no ven lo que en verdad hay, no tocan lo que en verdad hay”.

            “Se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza”.

QUIERO CREER MÁS

gracias

         “Señor, quisiera creer más, ayúdame a creer más.  Ayuda Señor a otros hermanos nuestros, cristianos, a creer.  Algunos que no creen siendo cristianos y, sin embargo, no tienen la plenitud de la fe, de los sacramentos, de la maravilla que es la Eucaristía y de otros sacramentos también.

            “Señor ayúdanos a todos los cristianos a estar unidos en la verdad de tu Cuerpo y de tu Sangre”.

            Y hoy también ¿cómo no le vamos a agradecer al Señor el regalo inmenso, precioso del sacerdocio?  También es un regalo del Jueves Santo, en esa maravilla que fue la Última Cena.

            Tantas cosas que dijo el Señor, podemos repasarlas, mirar en el Evangelio de san Juan esas enseñanzas del Señor tan luminosas y vehementes sobre el Espíritu Santo.

“Les conviene que yo me vaya, si no me voy, no se los podré enviar; pero si me voy, se los enviaré”

(Jn 16, 7).

            O esa otra enseñanza del Señor:

“Permanezcan unidos a mí como la vid y los sarmientos.  Sin Mí no pueden hacer nada”

(Jn 15, 4).

            Hay tantas cosas profundas, preciosas en esas enseñanzas últimas de Jesús. Esa enseñanza también con gestos de lavar los pies a los apóstoles y san Pedro que se resiste un poco y Jesús le dice:

“Déjame”

y Pedro se deja.  Dice:

“Señor, todo entero en tus manos”

(Jn 13, 8-9).

            Démosle gracias al Señor, qué maravilla este nuevo sacerdocio que instituye el Señor.

LA NUEVA ALIANZA

Está expuesto muy claramente en la Carta a los Hebreos.  Ahí se explica con profundidad, con rigor cómo:

“El Señor en la plenitud de los tiempos instituye la Nueva Alianza”

(Hb 8).

Y en esta Nueva Alianza un solo y sumo sacerdote.  Todo el sacerdocio anterior de la Antigua Alianza, todas las prescripciones puntuales de la Antigua Alianza quedan ya “fuera de juego” (por decirlo así en términos futbolísticos).

Una Nueva Alianza con un único, un nuevo sacerdote que es Jesús.

“Señor, los sacerdotes que Tú mismo has instituido”.

“Hagan esto en conmemoración mía”

(Lc 22, 19).

Háganlo ustedes, a ustedes se los encargo, lo pongo en sus manos.

“Señor, cuando instituyes el sacrificio de la Eucaristía de tu Cuerpo y de tu Sangre, el memorial de la salvación, eres Tú el único sacerdote, pero nos participas en la Iglesia, en algunos a los que Tú les das ese poder, ese regalo: el sacerdocio.

“Pero es participar de tu sacerdocio, no es fulano o mengano quien ofrece el Cuerpo y la Sangre del Señor, el que celebra el santo sacrificio de la misa o el que perdona los pecados en la confesión…

“Eres Tú mismo Señor por boca, utilizando las manos, la expresión de tus sacerdotes.  Señor, gracias por el sacerdocio, gracias por hacerte presente”.

NECESITAMOS MÁS SACERDOTES

Podemos pedirle ahora, no solo darle gracias, sino pedirle más sacerdotes.  Yo no sé en otros países, pero aquí en Chile hacen mucha falta más sacerdotes.

Le damos gracias al Señor como le hemos dado gracias por el don maravilloso de la Eucaristía: “Te damos gracias Señor”.  Díselo tú también: “Señor, gracias por el sacerdocio en la Iglesia, porque es un don, un regalo.

“Es una maravilla que, por el bautismo, todos los bautizados, todos los cristianos (porque estamos incorporados dentro de tu Cuerpo Señor por el bautismo incorporados en Ti) participemos también de esa capacidad de ese sacerdocio común de los fieles”.

Podemos ofrecer nuestras vidas, oraciones, tantos sacrificios a Dios en Cristo.  Por supuesto que sí, todos con el sacerdocio común de los fieles, pero también ese sacerdocio ministerial.

Un sacerdocio que ministra, que sirve a los demás cristianos, sirve con el poder confeccionar, celebrar la Eucaristía y dar, de parte de Dios, el perdón de los pecados y los demás sacramentos.

“Señor, gracias por el sacerdocio común de los fieles.  Gracias, especialmente, hoy Jueves Santo, por este sacerdocio ministerial.  Gracias y danos más sacerdotes”.

Se lo pedimos a la Virgen, se lo pedimos a san José también, que intercedan por nosotros.


Citas Utilizadas

Is 61, 1-3. 6. 8-9

Sal 88

Ap 1, 5-8

Lc 4, 16-21. 22, 19

Mt 26, 26

Jn 13, 8-9. 15, 4. 16, 7

Hb 8

Reflexiones

Señor ayúdanos a todos los cristianos a estar unidos en la verdad de tu Cuerpo y de tu Sangre.

Predicado por:

P. Juan

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