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P. Federico

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6 min

ESCUCHA LA MEDITACIÓN

PROVOCAR UN ENCUENTRO

No se trata solo de pasar un dato o transmitir un mensaje, sino de provocar un encuentro con Jesús. Tu fe, vivida con sencillez y autenticidad, es de gran provecho para tus amigos, familiares y compañeros.

Hoy en el Evangelio de la misa vamos a leer la versión de san Marcos, pero yo me voy a servir aquí de la versión de san Lucas, porque creo que tiene unos detalles que nos ayudan.

“Estaba Jesús un día enseñando.  Y estaban sentados algunos fariseos y doctores de la Ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén.  Y la fuerza del Señor, le impulsaba a curar”

(Lc 5, 17).

“Todos te quieren escuchar.  O como te dijo san Pedro en una ocasión:

“todos te buscan Señor”.

Esto sigue siendo así Jesús”.

Es lo que tú y yo procuramos hacer todos los días en un rato de oración como este o cuando asistimos a misa… no “hacemos” cosas, sino que buscamos a Jesús; nos encontramos con Él.

Es más, si no lo hacemos, Él nos echa en falta.  Todos, en 10 minutos con Jesús, de todas las aldeas -como dice el Evangelio- lo buscamos… si lo piensas, esto es muy fuerte.

Todos nos reunimos ahí, lo buscamos y Él nos va transformando:

“La fuerza del Señor le impulsaba a curar…”

A curarnos, a ayudarnos a cada uno.

LA TRANSFORMACIÓN EN ELLOS NO TERMINA EN ELLOS

Pero aquello no acaba en nosotros.  Los que están ahí no son los únicos que han experimentado una transformación o, mejor dicho, la transformación en ellos no termina en ellos.

Sabemos de al menos uno que le había visto y escuchado y se había sentido cambiado, transformado.  Estando así, pensó en un gran amigo suyo que se la estaba pasando mal, aquel que yacía paralítico en su casa.

Y pensó: seguro que estar con Jesús le ayudará, le transformará.  Es más, se daba cuenta de que no era cuestión de contarle a su amigo acerca de Jesús de Nazaret, hacía falta escuchar a Jesús, hablarle.

Se trataba de decirle a su amigo lo que el apóstol Felipe le dijo a Natanael:

“Ven y verás”

(Jn 1, 46).

UN ENCUENTRO

paralítico

Es así.  No se trata tanto de pasar un dato o de transmitir un mensaje, se trata de un encuentro y ese encuentro lo tiene que hacer cada uno personalmente.

Ahora, el amigo del paralítico se daba cuenta de que no podía hacerlo solo.  Esta es otra lección para nosotros porque, si es posible, pedimos oraciones.

Como ese amigo: buscamos otros tres que nos ayuden a rezar y así, entre varios, le animamos (no con empujones físicos, sino a base de empujones espirituales, empujones de la gracia de Dios que se sirve de nuestras oraciones y del cariño sincero).

Así lo llevamos, en una camilla si hiciera falta, al encuentro del Señor.

Aquel pobre,

“yacía postrado en el lecho sin poderse mover. (…) Se sentía inútil, acabado.  Pero alguien le llevó una voz de esperanza: quizá Jesús de Nazaret pueda curarle.  Y cuatro amigos buenos se han ofrecido a llevarle a cuestas hasta el Señor”

(Como un personaje más).

LA AMISTAD VERDADERA

Nos lleva a no escatimar esfuerzos por favorecer el encuentro del otro (de un amigo, de aquel pariente o de aquel conocido) con el Señor.

Ahora, si quieren que se encuentre con el Señor, quieren en serio.  La oportunidad no se les va a escapar.

Llevar al paralítico de arriba para abajo no es fácil.  Entonces piensan: ¿cuándo? ¿Dónde? Averiguan, ponen los medios y resulta que el Señor se ha detenido en una casa cercana, se explaya en un discurso y piensan: da tiempo.  ¡Es el momento! Hay que moverse.  Hay que hacer y ¡ya!

Complicarse la vida por los demás.  Eso es ser amigo de nuestros amigos, es rezar por ellos, es dar un consejo oportuno, es estar ahí cuando nos necesitan; es acercarles a Jesús.  Es insistir, porque tal vez el paralítico se resiste.

A VECES TENEMOS MIEDO

A uno le parece evidente, pero a él no.  Pone excusas, le da miedo… Quién sabe si le da miedo quedar en ridículo…

La gente se hace los quites.  A veces tienen “miedo” a probar o miedo al compromiso.  Miedo a fallar o a lo que sea…

Necesitan a alguien que les ayude como estos a su amigo paralítico, que se lanzan.  Pero

“no contaban con una dificultad: al llegar a la casa se encuentran tanta gente a la puerta, que les es imposible entrar.  Sin embargo, no se arredran: suben por la escalera exterior, típica de muchas casas en Palestina, hasta el tejado y allí abren un amplio agujero, por donde descuelgan a su amigo en la camilla”

(Como un personaje más).

Esto es: nosotros “complicarnos” la vida.  Es: rezar, es mortificarse, ofrecer un pequeño sacrificio.  Es: poner a las almas ante Cristo con nuestra oración, así los descolgamos con todo y camilla.  Se descuelga la camilla y el alma queda frente a Jesús…

“El paralítico ya está frente al Señor.  En torno a él, la silenciosa expectación del milagro.  Pero la mirada penetrante de Jesús atraviesa la inmovilidad del cuerpo para llegar a la del alma”

(Como un personaje más).

JESÚS LLEGA MÁS A FONDO

“Tú siempre llegas más a fondo Señor”.  Nosotros pensamos que alguien le puede ayudar a acercarse a Dios por esto o por lo otro, pero cuando un alma se pone delante de Dios, Él llega más a fondo; a sus verdaderas necesidades, no a la parálisis del cuerpo.  Jesús penetra el alma.

San Josemaría comentaba:

“Jesús le ha mirado, fíjate en sus palabras.  Confía hijo (Mt 9, 2).  Fe hijo mío; cuando sientas el peso de tus errores, la fe es lo primero.  Y, después, dejarse llevar como un paralítico

(San Josemaría, meditación 2-X-1955).

El Señor ha iluminado el interior de aquel hombre y ha nacido el dolor, la humildad profunda.

“Es Jesús el que habla: Confía, hijo, tus pecados te son perdonados (Mt 9, 2). ¡Ten fe, primero fe, ya te lo he dicho! Y si sientes que no puedes di: ¡creo, pero ayuda mi incredulidad! (Mc 9, 23)”.

Jesús nos conoce.  Cuando nos mira nos sabemos conocidos, penetrados por Su mirada.  Y bien podríamos decirle:

“Señor, Tú conoces mi vileza: yo no he sabido responder, pero Tú sabes que te amo”

(San Josemaría, Meditación 2-X-1955).

PONERNOS FRENTE A JESÚS

paralítico

Si la gente, (¡nosotros mismos! Porque el paralítico somos también yo mismo, tú mismo) se pone ante Jesús, las cosas cambian, las almas se transforman.

Todo el esfuerzo vale la pena, porque es para esto.  Y eso es querer a la gente de verdad… y, entonces, Jesús actúa.

Nos repetía el Papa Francisco en Panamá, en la JMJ:

“Porque solo lo que se ama puede ser salvado (…) Por eso, nosotros podemos ser salvados por Jesús, porque nos ama.  Podemos hacerle las mil y una, pero nos ama y nos salva”.

Por eso es importante estar delante de Él.

“A pesar del gentío, un tembloroso silencio llena la pequeña casa de Cafarnaúm.  Suena la voz de Cristo: “Tus pecados te son perdonados”

(Como un personaje más).

La gente no se lo cree, pero el paralítico ya ha vuelto a la vida en su interior.  Poco le importa a él su parálisis porque, interiormente, ya es libre de una carga mucho más grande; de una parálisis mucho más profunda.

Sin embargo, no se mueve, no se puede mover.

“Y ante la mirada atónita de los circunstantes, se realiza el prodigio, como señal y garantía de aquel otro milagro más grande en el alma”

(Como un personaje más).

Jesús se dirige nuevamente a él:

“A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.  Y, al instante, se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa glorificando a Dios”

(Lc 5, 24-25).

“La fe de aquellos (cuatro hombres) fue de enorme provecho para su amigo paralítico, del que, por otra parte, nada se dice de su fe.  También tu fe, vivida con sencillez y autenticidad, es de gran provecho para tus amigos, familiares y compañeros de trabajo o de estudios.

Aunque ellos no la compartan o no la aprecien, tu fe es también ocasión para que Dios haga de las suyas en ellos y los mueva en lo íntimo de su alma.

Tu vida, llena de fe -y pídele a Dios que así lo esté- es verdadero fermento para elevar también a quienes te rodean hacia Dios”

(Adviento-Navidad 2017, con Él.  Antonio Fernández).

Le podemos pedir a nuestra Madre que nos ayude a querer a la gente en serio.  A provocar encuentros de nuestros amigos, de quienes nos rodean, con su Hijo.


Citas Utilizadas

1Sm 8, 4-7; 10-22

Sal 88

Mc 2, 1-12

Lc 5, 17. 24-25

Jn 1, 46

Como un personaje más.

San Josemaría, Meditación 2-X-1955

Reflexiones

Señor, que yo sepa rezar, mortificarme, ofrecer un pequeño sacrificio. Que ponga a las almas ante Ti con mi oración, así descolgarlos con todo y camilla.

Predicado por:

P. Federico

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  1. Había leído y reflexionado este pasaje de San Lucas pero la meditación P. Federico me ha dado otra mirada, me encantó. Muchas gracias!

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