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P. Rafael

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6 min

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EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

¿Sabías que la solemnidad del Corpus Christi se dió gracias a un accidente? Pues Dios también se valió de esto para que creciera nuestra fe y devoción a la Santa Eucaristía.

OCTAVA DEL CORPUS CHRISTI

¡Buenas noticias! Quienes formamos parte del equipo de 10 min con Jesus, nos hemos preparado para acompañarlos en esta octava del Corpus Christi que inicia el día de hoy, con ocho meditaciones alrededor de la piedad eucarística.

La idea es que esta octava del Corpus Christi nos ayude a crecer en devoción al «Dios con nosotros», a ti, Señor, realmente presente bajo las especies sacramentales, con tu cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Y es que, desde hace muchos siglos, la Iglesia ha estimado que los misterios que celebramos en algunas solemnidades del año litúrgico son tan importantes, que conviene que ese día de fiesta continúe unos días más.

Es como si la solemnidad no sólo durase un día, sino que se extendiera a lo largo de toda una semana.

Así sucede con las octavas de Navidad, la de Pascua, y la octava del Corpus Christi que en tantos lugares tiene su inicio el día de hoy.

“PAN DE VIDA”

Comenzamos esta primera meditación leyendo unas palabras del discurso en la sinagoga de Cafarnaúm, que se suele llamar: el discurso del “Pan de Vida”.

Al leerlas, intuímos que el papel no es capaz de plasmar la fuerza con que tú Señor seguramente anunciaste a tus discípulos esta realidad.

El término «transubstanciación», que parece un trabalenguas, aún no había llegado a lenguaje teológico, pero no hacía falta porque estos hombres en Cafarnaúm.

Les quedó muy claro que no les estabas hablando en sentido metafórico cuando les dijiste:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”

(cfr. Jn 6,51.54-55).

PRESENCIA REAL DE CRISTO EN EL PAN

De hecho, fue tan fuerte el modo en que lo dijiste,

«que desde ese momento muchos discípulos se escandalizaron, se echaron atrás y no quisieron seguirte»

(Cfr. Jn 6,56).

Estas palabras, que prometían que tu cuerpo sería el pan de vida, quedarían grabadas con fuerza en tus discípulos.

Afortunadamente, los que sí permanecieron contigo, Señor, pudieron escucharte hablar otras veces de esta promesa de quedarte con nosotros en la Eucaristía.

Lo que prometiste en Cafarnaún lo llevaste a cabo en la última cena. Allí, ese mandato de :

“Hacer esto en conmemoración mía”

(Lc 22, 20)

fue tan contundente, que desde el inicio, los primeros cristianos se reunieron para celebrar

“la fracción del pan”.

Con la ayuda del Espíritu Santo entendieron que estas palabras no eran en sentido simbólico.

Y así, la Eucaristía pasó a ser parte, junto con el Bautismo, de los ritos propios de nuestra fe cristiana.

Desde el principio, la Iglesia nunca dudó de la presencia real de Cristo en el pan.

“DIOS ESCRIBE DERECHO SOBRE RENGLONES TORCIDOS”

Ahora viene la pregunta del millón: ¿por qué si la Iglesia entendió desde su origen estas palabras de Cristo sobre la Eucaristía como algo real -y no metafórico-, tuvieron que pasar trece siglos hasta la institución de la Solemnidad del Corpus Christi en 1264?

Por una parte, porque como ha sucedido con la proclamación de los grandes dogmas, primero viene la realidad y luego viene el reconocimiento solemne de esa realidad.

Pero además, porque en el caso de la Solemnidad del Corpus Christi quedó nuevamente demostrado que Dios “escribe derecho sobre renglones torcidos”.

Es que Dios es experto en sacar grandes bienes a partir de nuestras miserias, de nuestras metidas de pata y esta fiesta de hoy es prueba excelente de ello.

La Solemnidad de hoy nació en gran parte gracias a un “accidente”, con el que Dios también contaba para manifestar su grandeza.

Y así, el contraste es mayor, lo bueno destaca más y se nos quedan más grabadas esas maravillas de Dios.

Corpus Christi
MILAGRO EUCARÍSTICO DE BOLSENA

 

La historia probablemente la conozcas, así que te la cuento brevemente:

A mediados del siglo XIII, un sacerdote proveniente de la actual República Checa tenía serias dudas de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Esto es una tragedia, imagínate un sacerdote que tiene dudas fuertes de lo que tiene entre manos es de verdad El Cuerpo de Cristo.

Como este sacerdote tenía rectitud de intención, decidió realizar una peregrinación a Roma, una peregrinación larguísima de República Checa a Roma, para pedir, sobre la tumba de San Pedro, una gracia especial que le quitara estas tentaciones.

Ya de regreso, mientras celebraba la Santa Misa en la localidad de Bolsena, se percató de que había un rastro de sangre sobre el corporal (uno de los paños litúrgicos blancos que se coloca sobre el altar) y se dió cuenta de que el origen era la forma u hostia consagrada que tenía en sus manos.

¡QUE NO NOS ACOSTUMBREMOS, SEÑOR!

Imagínate por un momento que algo similar te suceda.

Que ante tu falta de fe, -ante tu acostumbramiento en cada consagración, en cada comunión-, ante tu falta de agradecimiento después de cada Misa, Dios tenga que darte un cariñoso jalón de orejas como a este pobre sacerdote.

¿Cómo reaccionarías? De ordinario, Dios no tiene por qué hacer milagros eucarísticos como éste, cada vez que flaquea nuestra fe, porque contamos con elementos más que suficientes para creer.

Tenemos tus palabras, Señor, en las que queremos confiar cada vez más.

Tenemos la historia de tantos hermanos nuestros -santos, algunos no canonizados- que, desde los inicios de la Iglesia, han sido almas de Eucaristía, hasta el extremo de dar su vida por ella.

Nos acordamos de que dos hermanos nuestros en Nigeria mueren mártires por asistir a misa.

Tenemos la posibilidad de encontrarte en cada Sagrario, y de hablar contigo con la naturalidad de quién habla con un amigo, como estamos intentando hacer ahora.

AUMENTAME LA FE Y EL AMOR A LA EUCARISTÍA

Volviendo a nuestra historia, el Papa entendió que se trataba de un milagro eucarístico y el  mensaje era claro:

Los fieles han de fortalecer su fe y amor a la Eucaristía.

Y para eso estableció la celebración del Corpus Christi para la Iglesia universal.

En esa celebración, la liturgia prevé la posibilidad de que al final de la Misa de la Solemnidad del Corpus Christi haya una procesión en la que el pueblo adora al Señor en el Santísimo Sacramento.

DIOS PASA POR NUESTRAS CALLES Y SE QUEDA CERCA DE NOSOTROS

Corpus Christi

Dice el Papa Benedicto XVI que está procesión:

“nos recuerda el misterio de Dios que ha querido quedarse cerca de nosotros, caminando en medio de nosotros”.

Es Dios que pasa por nuestras calles, por nuestras plazas, por los pasillos de nuestros colegios y hospitales. Es Cristo en nuestras vidas.

¡Qué lástima si Él no es el centro de nuestra vida!

¡Qué pena que el acostumbramiento mate nuestro amor!

¡Qué dolor debería darnos el conceder espacio a la más mínima duda de fe en la Eucaristía!

En esta solemnidad del Corpus Christi, además de acudir a Misa a adorar a Cristo como se merece, pidámosle que aumente nuestra fe.

¡Que se note! no sólo cada vez que acudimos a una iglesia y que, al entrar, el Sagrario sea lo primero que busquemos para saludarlo a Cristo con una genuflexión pausada, muestra de nuestro profundo amor.

¡Que se note! en la delicadeza con que nos preparamos para recibirlo en cada comunión, guardando el ayuno previsto por la Iglesia, pero sobre todo con una buena confesión que disponga nuestra alma a recibirlo como se merece.

¡Que se note! en esos minutos de recogimiento en acción de gracias al finalizar cada Misa.

¡Que se note! en tantos detalles de amor, que sólo un alma eucarística puede ofrecer al Amor de los Amores.


Citas Utilizadas

Génesis 14, 18-20

Salmo 109

1 Corintios 11,23-26

secuencia

Lucas 9, 11-17

Lucas 22, 20

 

Reflexiones

Señor mío y Dios mío, que no me acostumbre a que estás en la Eucaristía y te quedaste por mí, aumentame la fe y que se note que eres el centro de mi vida.

 

Predicado por:

P. Rafael

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