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EL PRIMO REBELDE

SU NOMBRE ES JUAN

CUANDO VIENE UN NIÑO AL MUNDO

Cuando un niño nace cambia la vida. Desde luego, la vida de sus padres, pero también la de los abuelos, la de los tíos y de los amigos. ¿Qué será de ese niño…?

En este momento me encuentro muy cerca de Quito, y el otro día salí a dar un paseo por el jardín. Y estaba el jardinero cortando el pasto en un pequeño tractorcito John Deere amarillo con verde, e inmediatamente me acordé del tractor que tiene mi sobrinito Lucas, que es un niño de tres años.

Tiene un igualito, pero de juguete, con un motorcito, él es feliz con ese tractor. Entonces, me fui donde el jardinero. Le dije: —Oiga, necesito que me tome una foto en este tractor. Y le mandé un mensaje a mi sobrino diciéndole: —Oye Lucas, mira, me encontré un tractor como el tuyo, y está muy chévere. No sé si llevármelo a Colombia. ¿Tú qué me dices? ¿O me prestas el tuyo?…

Y entonces a la vuelta, me manda un mensaje diciéndome: —No tío, el mío es mejor, más fuerte y grande. Puede llevar madera, manga, palos y piedras. (Entonces bueno, ya no tengo que llevar el tractor de aquí de Quito). Pero cuando vi el tractor, inmediatamente me acordé de mi sobrino Lucas…

¡Y un niño pues eso, cambia la vida! ¡Qué alegría cuando viene un niño al mundo!

SOLEMNIDAD DE SAN JUAN

Hoy celebramos la solemnidad del nacimiento de san Juan Bautista. Y ya me imagino la alegría de Isabel y de Zacarías.

“Jesús, mira, esta meditación tiene dos partes: una que es producto de la imaginación, mi imaginación y a mí me sirve para rezar. Y otra que está más ceñida si cabe, a la historia sagrada y a una reflexión más sobrenatural».

La primera puede ser un poquito sacada de los pelos, pero bueno, san Juan Bautista nació para preparar un terreno, un camino para preparar la senda del Señor.

Y pensaba que no solamente lo hizo con su muerte o con su predicación. No. También lo hizo con su niñez y con su adolescencia. San Juan, primo de Jesús, seguramente en muchas ocasiones hablaron, platicaron y compartieron experiencias.

Y yo me imagino las conversaciones de Jesús y de Juan Bautista, por ejemplo, Jesús preguntándole a Juan: —Y tú, ¿por qué eres rebelde? ¿Cómo has conseguido que tus papás te dejen tener así una vida un poquito más independiente, con un sentido tan aventurero de la vida, sin miedo a nada ni a nadie?

¿Qué es eso de irte al desierto? ¿Por qué vistes así esos trajes? ¿Por qué tienes el pelo largo?…

Bueno san Juan no tenía arete, pero realmente no sé si tenía, pero yo a san Juan me lo imagino muy chévere, descomplicado, fresco, un bacán como decimos en Colombia: un tipo auténtico.

FIDELIDAD ES HACER LO MEJOR

Y como estamos haciendo oración, cada uno puede pensar: —Hombre, y si yo tengo un primo así, que es medio friki o medio chafa, o loco o hippie (como se diga), pues chévere. O si mi hijo es así o mi hija es así, pues tranquilo, que Jesús tenía un primo que era un poquito así rebelde, medio fresco.

Es que así también preparaba el terreno de Jesús. Preparaba la agenda del Señor. Jesús aprendió de Juan y por eso también Jesús le contaría a san Juan: —¿Sabes qué? Cuando cumplí doce años, me quedé en el templo tres días, me perdí… Ya después llegó mi madre, María y José, muy preocupados, me llamaron la atención…

Así me lo imagino yo… Esa conversación de esos dos primos: de san Juan con su primo Jesús, o de Jesús con su primo san Juan.

El otro día escuchaba en una clase que la fidelidad, la santidad y la bondad no es no hacer nada malo. Y decía el profesor que daba la clase: —Quizá por qué no has hecho nada bueno. La fidelidad es hacer cada vez lo mejor, con creatividad. ¡Y así era San Juan!

RECTIFICAR Y SER MEJORES

La oración colecta de la misa de hoy es bonita porque dice así:

«Oh Dios, que suscitaste a san Juan Bautista para que preparase a Cristo, el Señor, una muchedumbre bien dispuesta, concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual».

Y la gente cuando veía a san Juan, se contagiaba de, no sé, de ganas de vivir. Se contagiaba de su presencia. Veían su alegría, veían su manera de comportarse.

Hace poco leí un libro sobre Isidoro Zorzano, que fue el primer miembro del Opus Dei, sobre uno que lo iba a visitar cuando estaba ya enfermo y decía:

“Siempre que voy a visitar a Isidoro, tengo ganas de rectificar y de ser mejor”.

Bueno, yo creo que la gente cuando veía san Juan Bautista, inmediatamente le entraban ganas de ser buenos, de ser mejores, de cambiar y de convertirse, no solamente por sus discursos, sino por su manera de ser, por cómo miraba la gente y cómo trataba a sus amigos.

San Juan tenía unos discípulos que fueron después discípulos de Jesús. (Bueno, Señor, primera parte y ya me quedan solamente dos minutos o tres minutos…. no sé…)

Bueno, es que si pudiéramos preguntarle a Isabel y a Zacarías, por san Juan Bautista, por su hijo, seguramente nos responderían que Dios los había bendecido mandándoles a ese niño, cuando parecía que ya no tenía ninguna razón para esperar, ya eran mayores. Y lo veían como un modo extraordinario porque vino en una edad muy avanzada de los dos, de Isabel y de Zacarías.

«Y por eso veían que era un don de Dios, que era un regalo de Dios, que iba a ser gozo y alegría para muchas personas» (cf. Lc 1,14). 

UN HIJO: REGALO DE DIOS

«Surgió un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Éste venía como testigo para dar testimonio de la luz, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto» (cf. Lc 1,16). 

Y así lo veían sus padres, por eso lo dejaban, por eso le daban libertad, por eso aprendieron rápidamente a confiar en Él, porque era un don de Dios. Es un regalo de Dios. Dios nos dio este hijo.

Por eso no tenemos que meterlo en un molde. Ni preparar qué va a estudiar y qué va a ser de universidad o qué beca se va a ganar o qué carrera tiene que estudiar. No, no, no… Un hijo es un don de Dios. Es un regalo de Dios.

Y lo más importante para un hijo es que cumpla la misión para la que ha venido al mundo. Maravillosas las historias de los hijos que en algún momento van volando y van haciendo sus vidas. Sus papás se tienen que desprender de esos hijos, además muy jovencitos también, muchas veces con doce, trece o catorce años. Y no te digo cuando reciben una vocación para seguir a Dios.

Querer a los hijos implica querer su libertad. Pero eso implica también correr un riesgo. Exponerse a la libertad de los hijos, de manera que ellos, junto con Dios, (claro, siempre todo Contigo, Señor) sean los verdaderos diseñadores de su camino hacia la santidad.

¡Hay que confiar mucho en Dios!

Yo no tengo hijos. Lo que tengo son muchos hijos espirituales jóvenes en el colegio y muchas niñas. Pero un papá que tiene que desprenderse de su hijo, eso tiene que ser tremendo y tiene que ser en la presencia de Dios.

«Pues Jesús, ésta ha sido mi segunda parte de este ratito de oración. ¡Qué bueno poder hablar Contigo de todas estas cosas, de lo Divino y de lo humano!» 

Fuimos a Santa María. Ella que nos conoce a la perfección porque es nuestra Madre, guíe nuestra oración hoy en todo el día.

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