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DAR VERDADERO FRUTO

DAR VERDADERO FRUTO
LA HIGUERA

«Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador:

—Hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no los encuentro, córtala, ¿para qué malgastar la tierra? 

Pero él respondió:

—Señor, déjala todavía este año. Yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser así que dé frutos en adelante, y si no, ya la cortarás»

(Lc 13, 1-9).

Este es el Evangelio que nos propone la Iglesia en la Liturgia del día de hoy domingo. Y seguramente habrás escuchado muchas reflexiones al respecto. Hoy vamos a intentar hablar con Jesús sobre qué nos quiere decir: «Señor, tenemos claro que tenemos que dar más fruto».

Si vamos realmente a la exégesis de esta parábola, vamos a encontrarnos que Jesús les dice durante tres años que vino a buscar los respectivos higos en esa higuera, y al no dar fruto, después le dijo al viñador que la corte, pues quería aprovechar ese espacio ocupado por ella.

Pero el viñador le pidió al dueño que le deje otro año más, pues cavaría alrededor, colocaría abono, y que si no daba fruto bueno, ahí sí la cortaría. 

DAR VERDADEROS FRUTOS

¿Cuál es el tema central de la parábola? Pues es el fruto digno de arrepentimiento, creyendo y obedeciendo al Mesías. Porque sabemos por el profeta Joel que la higuera representa a Israel, el viñador sería Jesucristo, el Señor es Dios y los higos son los frutos del arrepentimiento.

Israel fue la viña que Dios plantó en un lugar específico y no dio el fruto esperado. Por eso dijo: —Córtala. 

Esta parábola está en consonancia de la parábola de los labradores malvados cuando Jesús les dice:

«Por eso les digo que el reino de Dios les será quitado, y será dado a una nación que produzca sus frutos»

(Mt 21, 43).

Aparece en Mateo que, muchos judíos pensaban que sólo por ser descendientes de Abraham tenían asegurada su salvación. Pero Jesucristo es súper claro: ¡necesitan dar frutos! No sólo estar sembrados, no sólo estar llevando una tradición… 

¿CATÓLICOS POR TRADICIÓN…?

El otro día estuve dando una catequesis a padres de chicos que se están preparando para la primera comunión y salió esta pregunta,  me decían: -Nosotros hacemos el bien, bendecimos los alimentos, rezamos por las noches… Pero esto de ir a misa los domingos, nos parece que no hace falta, porque hay una cantidad de gente que va a misa los domingos y son hipócritas, son peores que nosotros… 

La verdad es que me sorprendí, porque están preparando a sus hijos para hacer la primera comunión y aun así no van a misa. Es que hay esta misma tendencia, de que somos católicos por tradición al igual que estos hijos de Abraham, que pensaban que no tenían que dar frutos, frutos de arrepentimiento, frutos de cambio, frutos propios de de la gente que está cerca de Dios, y que se reconoce pecadora, que se reconoce poca cosa y que necesita de la ayuda de Dios para ser mejor. 

Nosotros también tenemos que plantearnos si a veces pensamos que somos católicos y por que estamos con Dios, entonces no tenemos que dar frutos y permitimos que solo tengamos hojas…

Ir a misa los domingos es fundamental, si no, no correspondemos al amor de Dios. Ahora, en casi todos los sitios ya está de vuelta el precepto dominical… Hay que ir a misa todos los domingos. 

AMAR AL PRÓJIMO

Pero también está, la cantidad de detalles que el Señor nos ha dicho en su Ley y que tenemos que ver si lo vivimos o no, como el no permitir resentimientos, por ejemplo:

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

«Si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar y ve a reconciliarte primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Reconcíliate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino»

(Mt 22,36-40).

Esto nos lo dice Jesús, y es bastante claro que el Señor nos pide que no tengamos resentimientos en el corazón. Un cristiano con resentimientos en el corazón no está dando fruto. Tenemos que dar frutos de arrepentimiento personal. 

Y, ¿de dónde vienen estos? Justamente cuando uno se da cuenta que no está correspondiendo al amor de Dios porque guarda un poco de resentimientos o porque no está viviendo bien los mandamientos, o porque se está comportando mal de alguna forma, pues ahí tiene que venir el arrepentimiento.

ACUDIR A DIOS

Y el Señor lo que quiere es que vayamos a Él, que nos golpeemos el pecho y le pidamos ayuda. “Señor, perdón, he pecado, necesito de Tu ayuda, necesito que me pongas más abono, necesito que me cambies, porque si Tú no me cambias, yo no lo puedo hacer solo, porque yo me pierdo en tonterías». 

Además me da la impresión de que con mis hojas -por así decirlo-, es bastante, o parece que me comporto bien y la gente me tiene estima o tal, pero yo por dentro, me doy cuenta que hay algunas cosas que no van; y es ahí donde necesitamos de la ayuda del viñador -que es Cristo- para que nos trate, para que nos cambie. 

El otro día estuve viendo a una persona que estaba sembrando en los patios de una casa de retiros. Realmente le hizo un hueco bastante profundo para sembrar unas plantas y luego metió una gran cantidad de abono, removió la tierra y ahí recién, puso la planta que iba a sembrar y la llenó. La estuvo regando, y los siguientes días me dijo que tenía que regarla con frecuencia. 

“Señor Jesús, queremos que nuestra alma sea eso, que nos remuevas, que nos quites las cosas que no van, que nos pongas ese abono que necesitamos, que quitemos las cosas que no funcionan, esas piedras de los resentimientos, esas cosas que sabemos que no te agradan: como no vivir el precepto dominical, o estar demasiado distraídos, o vanagloriarnos de nuestras propias cosas, o juzgar con dureza”. 

TENER PULGONES POR DENTRO

A veces es -siguiendo el ejemplo de las plantas-, como un pulgón. El pulgón es un insecto hemíptero de hasta tres milímetros de longitud que vive en las epidermis del vegetal, segrega un líquido azucarado que es la hormona de crecimiento de los vegetales. (Esto lo sé desde segundo grado, creo…). Pero cuando lo tienes en tus plantas, los pulgones, la planta no crece…

Pues los pulgones -haciendo la analogía-, es hablar mal de la gente cuando tienes esa tendencia constante a estar haciendo malos comentarios, o estar criticando. Y eso, es como tener pulgones dentro de la planta, así no da frutos, o da unos frutos raquíticos.

“Señor Jesús, cámbianos, renuévanos por favor… Remueve y haz que demos frutos, esos frutos del arrepentimiento, de darnos cuenta de que no somos a veces suficientemente buenos cristianos y que tenemos que cambiar. 

Pero cambianos Tú, Señor, porque nosotros no podemos solos. Cambiamos Tú, porque Tú tienes el poder, tienes la fuerza, sabes qué es lo que tenemos que hacer y ayúdanos a que tengamos ese oído sensible al Espíritu Santo para cambiar las cosas que tenemos que cambiar, para no permitir que nuestros corazones se albergue ni el rencor, ni los malos sentimientos, ni esas cosas que hacen que los frutos sean chiquitos o desaparezcan. ¡Queremos ser buenos cristianos!”

UN CAMBIO DE VIDA

Otra característica de los buenos cristianos es que son sensibles a las enseñanzas del Romano Pontífice. El Papa nos está pidiendo con fuerza que recemos por Ucrania, ya han pasado varios días y no puede bajar ese nivel de oración. 

El día 25 va a haber esa consagración de Rusia y Ucrania a nuestra Madre. Vamos a unirnos todos con ese esfuerzo concreto de hacer las cosas mejor.

Hoy que estamos viviendo en este tercer domingo de Cuaresma, después de la gran fiesta de ayer de san José, vamos a pedirle al Señor que nos volvamos a poner en marcha, que sepamos vibrar a la misma longitud de onda que está vibrando el Corazón del Santo Padre, y que pidamos por esos cristianos, por esas personas que están sufriendo hoy, y que estemos dispuestos a cambiar de nuestras vidas las cosas que sean necesarias para dar frutos: frutos de arrepentimiento, frutos de amor de Dios. 

“Señor Jesús, gracias por escucharnos. Te pedimos que nos ayudes a ser cada día mejores cristianos, mejores hijos de Dios”.

Ponemos estas intenciones en manos de nuestra Madre Santa María, Reina de la Paz.

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