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CORTAR O PODAR

viña
CORTAR O PODAR

Clavar cuchillo a alguien puede ser una agresión, incluso un asesinato. O puede ser sanarlo, incluso salvarle la vida si se trata de una operación quirúrgica, en cuyo caso el cuchillo es un bisturí previamente esterilizado. Acercar la mano a la cara de alguien puede ser un gesto de afecto, en una caricia; o -si la mano va más rápido y con fuerza- un ataque, dar una cachetada y que hace doler.

En el evangelio de hoy Jesús nos habla del sarmiento, el ramo que cortado de la vid -separado de ella- muere, porque no le llega la savia. Y también nos habla del sarmiento que es podado, para que de más fruto. En ambos casos el ramo se corta.

Vos Jesús sos la vid a la que tenemos permanecer unidos para no morir. Si nos separamos de Vos por el pecado, porque dejamos  la oración y los sacramentos, perdemos la vida sobrenatural que Vos nos das. Si nos cortamos porque no estamos unidos al Papa, a nuestro obispo, a los demás cristianos, perdemos la vida.

Y cuando estamos unidos a Vos, Señor, podes permitir que suframos pruebas, que no son para arrancarnos de esa unidad, sino para que demos más fruto.

Te pedimos la sabiduría para identificar lo que es la poda en mi vida actual, que nos permitirá dar más fruto. Situaciones o personas que a primera impresión me rebelan, quiero que cambien y que son quizá la poda que me hace mejorar, quitar algo que sobra en mí.

LA HISTORIA DEL HERRERO

Te leo una historia que encontré y que tiene relación con este evangelio en lo que se refiere a es apoda. Se cuenta la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios.

Durante muchos años trabajó con ahínco, practicó la caridad, pero, a pesar de toda su dedicación, nada parecía andar bien en su vida: muy por el contrario, sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día.

Una tarde, un amigo que lo visitaba, y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó: «Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado.»

El herrero no respondió enseguida, él ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida. Sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:

FORJADO A GOLPES

«En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú cómo se hace esto? primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo, enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada.

Luego la sumerjio en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido y el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta, una sola vez no es suficiente.»

El herrero hizo una larga pausa, y siguió: «A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de hierro viejo que ves a la entrada de mi herrería.»

Se detuvo otra vez reflexionando y después concluyó: «Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero.

Pero la única cosa que pienso es: Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tu esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras, pero nunca me pongas en la montaña de hierro viejo de las almas.

REDESCUBRIR A FUEGO, EL VALOR DE LO IMPORTNATE

Todos tenemos Señor en el camino ocasiones de podarnos, de quitar lo que sobra, de dar más frutos.

En este rato de oración, te los ofrecemos. Mostrame cuáles son. Para que no los desprecie tan rápido, para que no me escandalice, para que no pierda la esperanza. Y sobre todo que nos unan más a Vos. Que nos lleven a ser ramos verdes, vivos, cargados de frutos.

Cuántas veces es la prueba que nos lleva a rezar más a darle la importancia  a lo que realmente la tiene, dejando de lado cosas superficiales que nos quitaban tiempo y energía y que no eran más que hojarasca.

«Sin mí no pueden hacer nada», dice Jesús.

Sólo Dios nos puede decir esto. Y podemos responder con San Pablo:

 «Con Él que nos conforta, todo lo podemos».

Ayer comenzamos el mes de mayo, en muchos lugares el mes de María. Nuestra Madre nos une a Jesús, y en este mes, en particular, a través de ella estamos pidiendo junto con el Papa y con hermanas y hermanos nuestros de todo el mundo a través del santo rosario por el fin de esta pandemia.

Hoy 2 de mayo desde el Santuario de Jesús el Salvador y María Madre, en Nigeria, “por los que no han podido despedirse de sus seres queridos”.

Seguir esta iniciativa del Santo Padre es una buena manera de estar unidos a Jesús -a la vid- y a toda la humanidad, y de vivir un mes de mayo mariano, que sin duda dará muchos frutos.

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