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Padre Juan

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CENTRADOS EN DIOS

Tenemos tantos motivos para dar gracias a Dios, para encontrarnos con Él durante el día. Como rezamos en el salmo de hoy, “esplendor y belleza son su obra, su justicia dura por siempre”.

Si te ayuda para ir rezando estos días, una cosa bonita: en el colegio que soy capellán, estamos muy cerquita, si Dios quiere, de poder tener la Primera Comunión de las niñitas de tercero básico (llamamos aquí tercero de primaria).  Muy cerca, si Dios quiere, la próxima semana; ojalá.  Hay que ver que sea posible evitar los contagios por el virus.  Pues hacerlo de buena manera para que las niñitas puedan recibir a Jesús y bueno, sin riesgos innecesarios verdad.

Pero qué bueno que encomendemos, que recemos por estas niñitas, recemos por tantos cristianos en distintas circunstancias de edad, de momentos de la vida, de estarse preparando para una cosa, para otra… de en concreto, por ejemplo, este grupo de niñitas de Primera Comunión.

Pero una cosa que creo conecta muy bien con el Salmo de la misa de hoy, que nos puede ayudar para rezar ahora para estar estos diez minutos con Jesús rezando, me ha impresionado estos días, porque han ido acercándose a la confesión, preparando la Primera Comunión.  Qué impresionante la ilusión que tienen, las ganas que tienen y cómo transmiten, por decirlo así, en esa frecuencia.

Realmente eso es lo que tienen, a ver si se puede decir así, entre ceja y ceja es esto: la Primera Comunión, ¡qué ganas de recibir a Jesús! Y recibirlo muy bien, con mucho cariño, ¡qué ilusión que tienen!

Contrasta con el ambiente general que es, por decirlo así, si virus, si no virus y, de verdad, que estas niñitas preparándose para la Primera Comunión, virus o no virus, realmente es que no está en su frecuencia, realmente están centradas y es una maravilla verlo: centradas en Jesús, centradas en la Primera Comunión, con unas ganas muy grandes.

Pienso que nos puede servir a todos ahora mismo en este rato de oración, nosotros también tendremos muchas cosas, quizás en la cabeza, en el corazón, propias, de nuestra familia, de amigos, del país… y está bien, son cosas importantes seguramente, pero quizás aprender de estas niñitas:  centrados en Jesús.

Tienen razón, quizás le podemos decir a Jesús, “Jesús, yo debiera imitarlas más en esto, quizás yo Señor debiera también agradecerte más, cosas reales, cosas que me das, cosas que me has dado, el cariño con que me tratas, con que me atiendes, esta realidad mía de, por el Bautismo, ser hijo de Dios”.  Quizás yo debiera agradecer más, debiera alabar más a Dios por tantas cosas buenas, por tantas maravillas.

Pensaba que esto conecta con el Salmo que vamos a rezar, que hemos rezado en la misa de hoy, dice esto el salmista:

“Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea.  Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman”

(Salmo 110).

Esa es la primera estrofa del Salmo y la antífona, lo que una y otra vez vamos a ir rezando, cantando quizás, es esta maravilla: “El Señor recuerda siempre su alianza”, es decir, su compromiso con nosotros.  “Señor, Tu cariño por mí, Tu cariño por nosotros, Tú te acuerdas siempre, lo tienes siempre presente”.

“El Señor recuerda siempre su alianza”, por eso todo lo que le hemos dicho en la primera estrofa: “Doy gracias al Señor de todo corazón”, por eso, estas niñitas de Primera Comunión, preparándose para la Primera Comunión a poquitos días, la debieron haber hecho en circunstancias normales hace varios meses y han esperado con una impaciencia muy grande, con un deseo muy grande.  Quizás eso ha sido también un regalo de Dios.

Y la segunda estrofa también la rezamos ahora, dice:

“Esplendor y belleza son su obra, su justicia dura por siempre; ha hecho maravillas memorables, el Señor es Piadoso y Clemente”.

Qué bonito esto del esplendor, de la belleza de Dios.  Incluso en situaciones tan duras, a veces tan difíciles, quizás nos acordamos, por ejemplo como hacía Juan Pablo II, San Juan Pablo II, que se acordaba, que pensaba en aquel “mártir de la caridad”, como lo llamaba él, de Maximiliano María Kolbe, que incluso en aquel lugar de tanta crueldad, de tanto absurdo, de odio, de violencia… incluso ahí, el esplendor, la belleza de la caridad, del cariño, incluso ahí, Juan Pablo II se fijaba; nosotros, también.  Incluso lo más oscuro siempre y quizás, por eso mismo, brilla más todavía el esplendor, la belleza de Dios.

Hay un libro, han salido algunas entrevistas a la autora, un libro interesante que ha salido hace poco: “Mujeres brújula en un bosque de retos”, recoge una anécdota, que me parece también bonita, significativa, nos puede servir también para agradecer al Señor, para tener un corazón atento, vigilante, como el de estas niñitas de Primera Comunión.  Bueno, ahí la autora, Isabel Sánchez dice lo siguiente, abre comillas y dice: “no es lo mismo haber nacido, que no”, cierra comillas.  “Mamen estaba tocada por la afirmación, por esta afirmación, no es lo mismo haber nacido, que no.

Se la había oído a un seminarista chino, que podía haber muerto en una clínica abortiva de su país.  Allí hicieron ir a su madre, cuando lo esperaba a él, pero la mujer quería a su hijo y consiguió darle a luz en un retrete, envolverlo en una manta y hacer que lo sacaran a escondidas.  Ningún otro bebé sobrevivió. 

¿Por qué él sí?  Lo supo mucho después, cuando obtuvo el regalo de la fe y la llamada a ser sacerdote.  En su vida ha quedado marcada la huella de la elección: fue elegido para nacer en la tierra y elegido para que muchos puedan nacer al cielo, a través del Bautismo y los demás sacramentos, según cree la fe católica” (Mujeres brújula en un bosque de retos, Isabel Sánchez).

Imagínate cómo da gracias este seminarista chino, quizás ya sacerdote chino, no sé de cuándo será esta historia.  Imagínate el agradecimiento, cómo esta u otras oraciones de salmos rezará, con qué agradecimiento este seminarista, quizás ya sacerdote chino: “no es lo mismo haber nacido, que no”.

Por eso, dar gracias al Señor, por eso alabar al Señor, por eso centrarnos como estas niñitas de Primera Comunión, centrarnos en tantas cosas buenas, centrarnos en ¡Qué bueno es Dios!, como estas niñitas de Primera Comunión, como este seminarista chino.

“Señor”, le podemos decir ahora, “Señor, yo también quiero seguir esta frecuencia de onda, yo quiero sintonizar esta radio.  Señor, yo quiero durante el día darte gracias más veces; Señor, yo quiero alabarte más veces”.

Aquí en Chile, en Santiago, uno tiene la oportunidad de ver la cordillera de los Andes, no sé, de 5,000 algunos cerros, 4,000 otros… metros de altitud, nevados, preciosos.  Y dar gracias al Señor o ver el mar o ver gestos de bondad, de nobleza… “Gracias Señor, qué bueno eres Señor”.

Para eso tenemos los salmos, para eso tenemos nuestro propio corazón que canta al Señor.  Ojalá que esta afirmación, esta invitación del Papa ahora, hace poco, esta carta, esta encíclica que escribió: “Todos hermanos”, “Fratelli Tutti”, el mismo Papa que nos decía hace no mucho tiempo esto: “Oye, todos a ser santos, todos hermanos, de ahora, todos santos”, de algunos meses, un año y poco más.

Pidámosle al Señor que alabemos al Señor durante el día, que le demos gracias durante el día, que busquemos de verdad ser santos; es decir, en conexión con Dios durante el día y por eso tratemos a los demás, a todos como hermanos.


Citas Utilizadas

San Dionisio Mártir, ML

Ga 3, 7-14

Sal 110

Lc 11, 15-26

Reflexiones

Jesús mío, ayúdame a estar siempre centrada en Ti, que las tareas del día a día no desvíen mi atención.

Predicado por:

Padre Juan

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