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P. Javier

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BIENAVENTURADOS LOS HUMILDES

Dios revela su sabiduría a los humildes. María, maestra de humildad.

En este ratito de oración vamos a meditar el Santo Evangelio en un pasaje que dice lo siguiente:

“En aquella hora, Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: te doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los entendidos y las has revelado a los pequeños.  Sí Padre, porque así te ha parecido bien.  Todo me ha sido entregado por Mi Padre, nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

(Lc 10, 21-22)

En este pasaje vamos a procurar, ante todo, ponernos en la presencia de Dios, como siempre que hacemos un rato de oración, en estos 10 minutos con Jesús, porque lo más importante es que estemos en la presencia de Dios y eso depende de cada uno de los que está escuchando en este momento este Evangelio.

Porque podemos escucharlo pasivamente, escucharlo mientras viajamos, escucharlo mientras nos acostamos, cuando nos levantamos, mientras desayunamos, pero no ser un personaje más en ese relato del Evangelio.  Tenemos que hablar con Jesús, esta es la oración: es hablar con Jesús.  Esto es lo que buscamos en estos 10 minutos con Jesús: establecer una relación personal, un vínculo que nadie pueda romper; establecer una relación que nunca nadie pueda quitarnos, forjar una amistad que dure toda la vida, toda la eternidad.

DEJAR QUE DIOS TRABAJE EN NUESTRO CORAZÓN

Por eso es importante decirle: “Señor, creo firmemente que estás acá, que me estás escuchando, que me estás oyendo, que me estás mirando, que me estás prestando atención, que estás trabajando en mi corazón”.  Nosotros vamos a meditar el pasaje del Evangelio pero, sobretodo, es importante que Dios trabaje en nuestro corazón durante este rato, nosotros se lo decimos: “Jesús, por favor trabajá en mi corazón, que mi corazón quede distinto después de haber escuchado este relato del Evangelio, de haber estado en Tu presencia, de haber estado al lado Tuyo, cerca Tuyo”, porque ya se ve que

Sábado trabajar

”donde dos o más se junten en mi nombre”

(Mt 18, 20)

(y aquí somos varios) el Señor está en medio de nosotros para escucharnos, para ayudarnos, para darnos su vida.  Por eso le pedimos que trabaje en nosotros, que transforme nuestro corazón en un corazón más parecido al Suyo.

Acabamos de contemplar una escena en la cual Jesús alaba al Padre, lleno del Espíritu Santo, lleno de Dios, Jesús le dice al Padre que es Bendito porque ha sabido revelar las cosas importantes, la verdadera sabiduría a los pequeños y la ha ocultado (no porque la quiera ocultar) sino que se le oculta a los aparentemente prudentes y entendidos, según la tierra.

Aquellas personas que con su inteligencia pretenden dominar y entender la creación, la vida, lo que pasa… tenemos que confiar como los chicos que confían en Dios.  La humildad es el lugar donde habita la caridad, son como las paredes de la casa en la cual la caridad puede entrar y habitar.  No hay caridad sin humildad, por eso Jesús al lado a esta virtud en benditos sean los humildes,

“Bienaventurados los humildes de corazón, porque ellos verán a Dios”.

LA HUMILDAD NOS LLEVARÁ A DIOS

Sólo los humildes pueden alcanzar a Dios, pueden conocer a Dios, pueden tener los mismos sentimientos que Dios y en esto: María Santísima, que estamos festejando su novena, todos los cristianos estamos procurando festejar el día de la Inmaculada Concepción, preparándola con estos diez días de anticipación en el cual la veneramos de una manera especial a María.  Queremos honrarla, felicitarla, agradecerle que sea nuestra Madre, que se ha tomado el trabajo diario, minuto a minuto de cuidarnos, de protegernos, de cubrirnos con su manto y una de las virtudes que más se destaca porque

“Felices me llamarán todas las generaciones, porque el Señor ha visto la humildad de su sierva”.

(Lc 1, 48)

Es justamente esta la capacidad de abajarse, de ser humilde, de pensar en los demás, de servir.  La Virgen santísima podría haber escrito el mejor de los evangelios posible, porque nadie fue testigo, tan profundamente como ella, de Jesús.  Podría haber escrito el Evangelio de la infancia, increíble, lleno de enseñanzas, lleno de anécdotas, desde las cosas que Jesús dijo, hizo, las bromas, las metidas de pata, cómo aprendió a caminar, cómo aprendió las primeras palabras, cuándo dijo mamá por primera vez… sería un Evangelio ternísimo y lleno de enseñanzas.

La Virgen nos pudiera haber enseñado a hacer oración, podría haber sido la maestra de oración de toda la humanidad, podría haber ejercido la dirección espiritual de los apóstoles, podría haber hecho montones de cosas y, sin embargo, elige el trabajo doméstico.

Es casi una locura ante tanta sabiduría, ante tanta capacidad de darnos luz.  La Virgen santísima elige una cosa tremendamente oculta, como es el trabajo doméstico, siendo la que podría habernos revelado más cosas acerca de Dios, se oculta, se abaja, se esconde y se dedica a hacer algo que es (que exige mucha fortaleza): las tareas domésticas porque no tienen éxito aparente.

Nadie felicita a su madre o a su esposa o a sus hijos porque han lavado bien los platos.  En todo caso, nos quejaremos si vemos que un plato está sucio.  Pero es muy difícil que le digas a tu mujer o a tu madre o a quien sea: qué bien está este plato, qué bien lo has lavado, está impecable, ¡qué maravilla! Y es un trabajo brutal porque se ensucian 3 o 4 veces por día normalmente y no es que tengamos vajillas para infinitos días, tenemos que vivir lavando y volviendo a lavar y volviendo a lavar… son cosas que no tienen resultado, que no son dignas de ser aplaudidas.

PASAR DESAPERCIBIDO

No es como el David de Miguel Ángel, una escultura, una obra de arte, una pintura, un cuadro de Caravaggio, lo que sea, que uno dice: ¡qué maravilla! Y uno cuando se topa ante una obra de arte felicita al autor si está vivo o si lo conoce; o si alguien ha escrito un buen libro o si alguien ha hecho una buena demanda o un buen balance, uno felicita al contador, al abogado, al médico cuando ha resuelto bien una situación; o sea, ante los resultados uno felicita a la persona.  Incluso, cuando hacen una comida especialmente rica, uno felicita a la persona que la ha hecho.

Hace poco fui donde unos amigos y me tocó comer una bondiola que estaba increíblemente hecha.  Obviamente, felicitamos todos al que la había hecho, porque la hizo especialmente bien; en cambio, un plato limpio nadie lo felicita y la Virgen eligió eso, eligió abajarse, eligió hacer lo que nadie quería hacer.

Por eso le pedimos: Madre mía, ayúdanos a entender tu lógica, porque estás en las antípodas de la lógica humana que es: el triunfo, el éxito, lo que produce aplauso, dinero, honor, fama, prestigio, poder… estás en las antípodas de todo eso y, sin embargo, fuiste la persona más feliz de la creación, la más feliz de la historia.

EL CAMINO DE LA HUMILDAD

Por eso Madre nuestra, ayúdanos a entender que tenemos que recorrer este camino de humildad, que las cosas importantes nos serán reveladas en la medida en que seamos humildes; en la medida en que nos sepamos abajar, en que nos sepamos esconder; en el servicio desinteresado; en el servicio que nadie va a aplaudir; en esas cosas que nadie quiere hacer porque no tienen aplauso: cortar el pasto, lavar los platos, poner la mesa…

Todas esas cosas que nadie se va a dar cuenta; que sólo nos dirán algo si están mal hechas: si el pasto no se cortó, si quedó alto, si en algún lugar lo rompimos, pero sino, nadie nos va a felicitar: esas son las cosas que nos llevarán al Cielo, que nos llevarán a la lógica de Dios, ese servicio desinteresado a los demás, ese poner nuestro corazón en el piso para que los demás pisen blando, como hizo nuestra Madre.

Le pedimos a ella: Madre, ayúdanos a entender; ayúdanos a transitar este camino de anonadamiento, de abajarnos, de ser más humildes, de no creernos el centro del universo, de prescindir de nuestra opinión, de no decirle nunca a Dios lo que tiene que hacer, de saber aceptar las cosas de la vida como vienen y no pretender imponer nuestro criterio siempre.  Ayúdanos Madre nuestra, a ser humildes, que así sea.


Citas Utilizadas

  • Is 11. 1-10
  • Sal 71
  • Lc 1, 48
  • Lc 10. 21-24
  • Mt 18, 20

Reflexiones

Madre, ayúdanos a entender que tenemos que recorrer este camino de humildad, a aceptar las cosas de la vida como vienen y no pretender imponer nuestro criterio siempre.

Predicado por:

P. Javier

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