María Paula Riofrio

Licenciada en Periodismo y Relaciones Publicas. Presidenta y Fundadora de Smart Fashion ATX.

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Cuando Te Das Cuenta Que Un Amigo Te Escucha

Iniciativa que busca llevar consuelo a aquellas personas que se encuentran en situaciones desesperadas, que están con miedo, angustia y no tienen con quien hablar.

“Cuando se inició todo el tema del confinamiento comencé a pensar en formas de apoyar a las familias que están en situaciones más críticas”, –cuenta Gisela. Pidiendo consejo para ver de qué forma podía ayudar y salió con un proyecto para liderar: “Acompañar con la cercanía de una llamada a personas en situaciones más vulnerables. Así fue como los cinco minutos que iba a tomarme para hacer una transferencia bancaria se convirtieron en un proyecto para dedicarle tiempo y poner en uso todos mis talentos.” Gisela es la encargada de la dirección de Un Amigo Te Escucha, que es una iniciativa que busca llevar consuelo a aquellas personas que se encuentran en situaciones desesperadas, que están con miedo, angustia y no tienen con quien hablar. 

Efectivamente, una de las cosas que más cuestan de esta nueva forma de vivir que nos trajo como regalo el dichoso Covid-19 es darnos cuenta que la velocidad en que vivíamos nos llevó –sin pretenderlo- a un individualismo frenético; y al tener que meter el freno hasta el fondo comenzamos a ver más de cerca muchas realidades como la soledad, la injusticia social y la filosofía del descarte –denominada así por el Papa Francisco- que miles de personas sufren a nuestro lado. De esto se dieron cuenta en 10 Min con Jesús América Latina, un popular servicio de meditaciones que se transmite a través de grupos de WhatsApp cuya misión es “acercar a las almas a Dios y enseñarles a hacer oración, a hablar con Jesús”.

Así algunos usuarios frecuentes del servicio se dieron cuenta que podrían ayudar. Por ejemplo, Julio, salvadoreño, que descubrió 10 Min con Jesús un día entrando a Instagram. Comencé a seguir sus reflexiones y cuando inició la pandemia vi el anuncio que estaban buscando voluntarios para dar compañía a los que más lo necesitan”.  Inmediatamente este hombre a quien le apasiona servir, que asesora a grupos de jóvenes en su parroquia, decidió levantar la mano. “Uno levanta la mano y Dios sabe por dónde te lleva.” Después de unas entrevistas y capacitación inicial comenzó a formar parte del equipo de voluntarios, y nos confiesa que le impactó hacer una llamada a una chica de 35 años que se sentía completamente fracasada porque tenía hasta una maestría, ya tiene dos hijos y seguía viviendo con su madre.“ El confinamiento agravó la situación –asegura Julio-. Al hacerle ver todas sus bendiciones, su carrera profesional, sus hijos, tener a su madre viva y cerca (yo le conté que yo ya había despedido a la mía hace 4 años), al intercambiar experiencias de vida, el cambio fue impresionante. Ella pensaba que no servía para nada y ahora incluso tiene un emprendimiento en redes sociales muy interesante.” “Pero no fui yo el que la ayudó –nos asegura- siempre que haces el bien es porque Dios está obrando en ti.”

Mónica, una de las voluntarias que dona su tiempo para hacer llamadas asegura: “El propósito de un amigo te escucha es precisamente escuchar a la persona que llamamos para que pueda desahogarse con nosotros, y luego, en la medida de lo posible, acercarla al Señor. Cabe recalcar que antes de cada llamada le pedimos luces al Espíritu Santo para que nos ayude a dar un buen consejo y ser buenos instrumentos”.

A Carla otra de las voluntarias del proyecto, la conversación con una joven universitaria emigrante que había salido de su país en busca de oportunidades y ahora en plena pandemia se encontraba sola y sin papeles, ni posibilidad de tramitarlos, le impactó profundamente . Esta ha sido la llamada que más me ha impactado –nos cuenta Carla desde Quito, Ecuador– porque yo estoy pasando por circunstancias muy similares con una hija que está estudiando en España. Hago este voluntariado porque pienso ‘si mi hija estuviera pasando por algo parecido me gustaría que tenga una persona que la escuche y la acompañe, que no se sienta sola’.”

 “La soledad es lo que más le pesa a la gente” –asegura Mónica- “Tengo a una señora mayor que vive en Argentina y está completamente sola. Ella se dedica a cuidar mascotas, en especial perros que es lo que más le gusta, y tenía sus esperanzas puestas en las vacaciones de la Pascua, porque es el tiempo que más viaja la gente y ella se llena de mascotas para cuidar. Lo primero que le abrumó fue quedarse sin trabajo con el que se ayuda económicamente, y luego ‘se me fue la alegría de poder cuidar a estas mascotas que son las que me hacen compañía’, me decía muy apenada.”

Por el momento, Un Amigo Te Escucha cuenta con 48 voluntarios de 11 nacionalidades distintas, y ha logrado más de 1,300 llamadas en 17 países: Estados Unidos, México, Guatemala, Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Paraguay y España (en orden geográfico). No es coincidencia que muchos de los voluntarios del proyecto asistan a medios de formación de la Obra. 

 “Un padre de familia de 38 años, casado y con un niño de 5 años que nos necesitaba desde Venezuela, ha sido uno de los casos más impresionantes que me ha tocado atender”, nos cuenta José Ignacio de Quito. “Fue su esposa quien solicitó la llamada. Lo interesante del asunto es que él y su familia se habían planteado la necesidad de poner un nombre a sus ángeles de la guarda. Al día siguiente de esta conversación familiar yo lo llamo, era una persona en una situación bastante complicada, se quedó sin trabajo, y se sentía completamente desamparado. Empezamos a hablar y me contó un montón de cosas. Yo lo ayudé a ver que a pesar de todos sus problemas, contaba con muchas bendiciones: Una familia unida, que se quiere, todos con salud, etc. Quedamos en seguir conversando la siguiente semana, pero antes de terminar la llamada me sorprende al decirme que ‘confidencialmente había pensado ponerle Ignacio a su ángel de la guarda’; que esa era su primera opción.” A pesar de su limitado tiempo entre una familia con dos niños pequeños y sus responsabilidades profesionales que ahora se han multiplicado por dos, atendiendo vía Zoom a estudiantes y madres de familia a la vez, José Ignacio se saca el tiempo para hacer varias llamadas todas las semanas. “A veces estamos muy cómodos y hacer algo extra parece imposible de alcanzar, pero ese tiempo extra que dedicamos, y el dejar de lado la comodidad para darnos a otro, es un sacrificio vale la pena”, nos garantiza.

 

 

Por otro lado, desde Panamá, Julio, salvadoreño, que descubrió 10 Min con Jesús un día entrando a Instagram. “Comencé a seguir sus reflexiones y cuando inició la pandemia vi el anuncio que estaban buscando voluntarios para dar compañía a los que más lo necesitan”.  Inmediatamente este hombre a quien le apasiona servir, quey ya asesora a grupos de jóvenes en su parroquia, decidió levantar la mano. “Uno levanta la mano y Dios sabe por dónde te lleva.” Al día siguiente comenzó a formar parte del equipo de voluntarios, y nos confiesa que le impactó hacer una llamada a una chica de 35 años que se sentía completamente fracasada porque tenía hasta una maestría, ya tiene dos hijos y seguía viviendo con su madre. “

El confinamiento agravó la situación –asegura Julio-. Al hacerle ver todas sus bendiciones, su carrera profesional, sus hijos, tener a su madre viva y cerca (yo le conté que yo ya había despedido a la mía hace 4 años), al intercambiar experiencias de vida, el cambio fue impresionante. Ella pensaba que no servía para nada y ahora incluso tiene un emprendimiento en redes sociales muy interesante.” “Pero no fui yo el que la ayudó –nos asegura- siempre que haces el bien es porque Dios está obrando en ti.”

El equipo que trabaja para Un Amigo Te Escucha funciona de la siguiente manera. El primer paso fue poner anuncios en sus grupos de WhatsApp solicitando voluntarios y, a la vez, poniendo a disposición los servicios del grupo; esto fue como una primera llamada tanto para beneficiarios como beneficiados. “Cuando se lanzó el proyecto teníamos 25 llamadas al día, nos cuenta Carla. Poco a poco se fue normalizando y ahora recibimos entre 2 y 4 llamadas al día.” Para elegir a los voluntarios, el criterio de selección fue: tener la voluntad de ayudar, interés y tiempo (por lo menos una hora a la semana). La mayoría de sus voluntarios son gente de las más variadas profesiones que están dispuestos a servir; pero también cuentan con un grupo de voluntarios expertos para los casos más difíciles (sobre todo en temas de psicología y psiquiatría) donde es importante una formación académica específica. Luego comienzan a llegar las solicitudes que se reciben en una plataforma digital. 

Quien busca hablar con Un Amigo Te Escucha llena un formulario digital con preguntas sencillas como país de residencia, edad, y que explique a grandes rasgos cuál es la situación por la que está pasando. Las administradoras de la plataforma deciden cuál es el voluntario ideal para hacer esta llamada, en base a similitud de culturas, país, huso horario; y en seguida el voluntario asignado recibe un aviso con todos los datos. “Intentamos que la llamada sea haga el mismo día  que recibimos la solicitud, como muy tarde al día siguiente”, asegura Gisela. Pero no todo termina con la llamada; al final cada voluntario llena una bitácora con una descripción breve de la situación por la que está pasando esta persona. “Lo más importante es saber si es necesario un seguimiento. Es decir, si la persona necesita que continúen llamándola.”

María Isabel, por ejemplo es una voluntaria que da seguimiento a 3 casos en este momento. Esta es una chica de 18 años que está en su segundo año de carrera. El proyecto de Un Amigo Te Escucha cayó en sus manos a través de una fundación que ayuda a madres solteras donde colabora desde hace un par de años. “Lo que tocó mi corazón fue la posibilidad de ayudar a gente de todo Latinoamérica”, –nos cuenta-. Llevar a los demás a Jesús sin necesidad de salir de mi casa.”

 “Mi primera llamada fue a una señora mayor que tenía una mala relación con su esposo, sus hijos fuera, y sentía que su marido estaba en otro mundo, anclado en su trabajo. Cuando la contacté le dije que la estaba llamando de 10 min con Jesús, pero ella se sorprendió porque nunca había llenado nada pidiendo ayuda… Resulta que fue el esposo el que llenó el formulario, y cuando se enteró se puso a llorar. ‘Pensé que a mi esposo no le interesaba mi vida’, me decía. Luego me preguntó mi edad y yo le dije que tengo 18 años, eso la sorprendió mucho porque ella tiene 70… Me contó que su esposo no le prestaba atención, no la ayudaba y sus hijos estaban lejos. Yo en ese momento la invité a hacer una oración de perdón, pero ella me dijo que no era capaz de perdonar. ‘De dónde viene todo esto?’ le pregunté ‘¿Qué ha pasado? ¿Qué lleva arrastrando todos estos años? Para poder perdonar primero hay que sanar personalmente, perdonándonos a nosotros mismos’, le dije. Ella me tomó mucha confianza y me vio como una amiga, yo también, así nos comenzamos a tratar como amigas. Al principio la llamaba cada semana pero ahora solo la llamo cuando ella me lo pide. ¡Está mucho mejor!”

“Son muchos los que hoy están solos y se sienten abandonados, yo trato de hacerles ver que la soledad no es mala. Que la soledad nos ayuda a apoyarnos más en ese amor filial a Dios del que tanto hablaba Juan Pablo II”, finaliza esta impresionante mujer. Y gracias a Dios el futuro de este proyecto no terminará cuando se acabe la pandemia, porque “siempre habrán personas que necesiten que alguien las escuche; sobre todo una persona que no las va a juzgar sino que, al contrario, las va a ayudar a salir adelante”, confirma Gisela.

Si necesita que un miembro del equipo lo llame, puede contactarlos a https://unamigoteescucha.10minconjesus.net/quieres-hablar-con-alguien.


Escrito por

María Paula Riofrio

Licenciada en Periodismo y Relaciones Publicas. Presidenta y Fundadora de Smart Fashion ATX.

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