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La importancia de la Oración en 10 Minutos con Jesús.

Cuenta el evangelio de Marcos que el Señor, de madrugada, todavía muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba (Mc 1, 35). Y comenta san Josemaría: me conmueve […]

Cuenta el evangelio de Marcos que el Señor, de madrugada, todavía muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba (Mc 1, 35). Y comenta san Josemaría: me conmueve esa premura -de madrugada- para dialogar con el Padre Eterno y confiarle la labor de almas de todo un día que comienza (…) No tenemos otro remedio. Ante cada jornada que iniciamos para trabajar junto a Cristo, para atender a las almas que le buscan, no nos queda otro camino que acudir al Señor: solamente en la oración aprenderemos a servir a las almas. Seguir el ejemplo de Cristo: siendo el Hijo de Dios, múltiples veces nos lo presentan los evangelistas haciendo oración: antes de iniciar la vida pública, de la elección de los discípulos, de la pasión, etc. Y Santa Teresa saca la conclusión: “Sin este cimiento fuerte (de la oración) todo el edificio va en falso

Sabemos, porque está revelado en las mismas escrituras que Dios quiere verdaderos adoradores (que) adorarán al Padre en espíritu y en verdad. La oración se juega en la intimidad personal, en el interior del corazón, que es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión. Es el lugar de la verdad. Es el lugar del encuentro.

Ahí se está a solas con Dios, en un diálogo amoroso, Hay que esforzarse en entrar en ese reducto, con mucha paciencia, con tozudez. La oración es la vida del corazón nuevo, Debe animarnos en todo momento.

La oración debe ser hecha con total sinceridad

Ahí la persona se encuentra con su Dios y en ese encuentro debe esforzarse por quitar toda doblez para presentarse tal y como es, con sus limitaciones, dependiente de Dios. Sin sinceridad no hay oración posible. Esto nos lo enseña el encuentro con la samaritana: porque es en espíritu y en verdad, Cristo desvela toda la vida de esa mujer, y ahí se basa su conversión: me ha dicho todo lo que he hecho: la sinceridad es sobre todo escuchar a Dios.

La oración es una búsqueda de Dios: si conocieras el don de Dios le dijo Jesús a la Samaritana en el pozo de Sicar. El descubrimiento de alguien que nos quiere más que el padre más amoroso de la tierra es algo que da felicidad. Por eso, dice el salmista: “El hombre es, después de los ángeles, capaz de reconocer: «¡qué glorioso es el Nombre del Señor por toda la tierra!» (Sal 8, 2)”

Sin embargo, “a maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua, allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es él el primero en buscarnos y el que nos pide de beber, Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre, Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él.

La oración vivifica la presencia de Dios: no se puede orar en todo tiempo si no se ora, con particular dedicación, en algunos momentos. Eso es lo que busca 10 minutos con Jesús, enseñar a tratar a Cristo, conocerle más de cerca, tratarle de tú a tú.


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