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Mario Rafael Monteverde

Licenciado en Comunicación Social. Profesor de Literatura y Filosofía. Máster en Administración de Empresas.

2 min

Hablar con Jesús (V): ¿Cómo nos habla Dios?

Es bueno tener presente que Dios es un ser espiritual y que, por lo tanto, no se comunica necesariamente a través de palabras (de las que podríamos decir que son materiales), sino que nos habla por medio de ideas. Esa será, la gran mayoría de las veces, la forma en la que Dios se comunicará con cada uno de nosotros.

Dios habla con ideas que inspira en nuestra mente. Con el paso del tiempo y con mucha práctica, una persona puede aprender a distinguir esas ideas con las que Dios se comunica con nosotros.

Hay un aspecto importante que es bueno entenderlo antes de comenzar nuestro diálogo con el Señor: la apertura. Tenemos que tener previamente la disposición de hacer lo que Dios nos pida, sea lo que sea, nos guste o no nos guste. Esto significa que tenemos que estar dispuestos a poner por obra aquello que Dios nos haga ver en la oración, aunque tal vez aquello que Dios nos quiera decir nos suponga esfuerzo, nos saque de nuestra zona de confort, o vaya en contra de nuestros planes.

Esta apertura también se manifiesta –si es que Dios nos lo hace ver– en la aceptación de aquellos aspectos de nuestra vida que no están bien, como algún defecto, una inclinación negativa o alguna costumbre que debemos corregir. Esto no es nada fácil.

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Aprender a ser humildes

Por eso es bueno que en la oración aprendamos a ser humildes, profundizando las cosas, y sin quedarnos en lo superficial.
Esto es evidente, puesto que Dios no nos va a decir que hagamos algo o que actuemos de una manera en concreto, si en el fondo no estamos dispuestos a hacerle caso. Por ejemplo, si le preguntamos a Dios cómo debemos comportarnos con nuestro amigo que nos ha ofendido, pero no tenemos la intención de perdonarlo, entonces lo más probable es que no obtengamos una respuesta de parte de Dios. ¿Para qué Dios te va a decir algo que no estás dispuesto a hacer? Tal vez lo haga, porque te puede convenir saberlo, pero lo más probable es que permanezca en silencio.

Puede ser este uno de los motivos por los que Jesús no le dijo a Herodes ni una sola palabra cuando lo llevaron con él durante su Pasión, porque seguramente estaba lleno de impureza, sensualidad y soberbia, por lo que era inútil cualquier intento de Jesús de decirle alguna cosa, ya que estas cosas contribuían a que no exista apertura en su corazón.

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Las virtudes necesarias

Este ejemplo de Herodes nos puede servir para mencionar una idea importante: para escuchar mejor la voz de Dios, es necesario luchar por vivir la virtud de la pureza. A una persona cuyo corazón está lleno de impureza, le resulta especialmente difícil escuchar a Dios en la oración. Por el contrario, aquella persona que se esfuerza por tener un corazón puro, facilita la acción de Dios en su alma y está mejor dispuesta a escuchar al Señor.
Como habíamos dicho, una vez que estemos recogidos, estemos en presencia de Dios y tengamos nuestra actitud de apertura a lo que Dios nos pueda decir, podemos empezar a contarle todas nuestras cosas al Señor y dejarle espacio a Dios para que nos hable.

Por eso es bueno decirle, por ejemplo, “¿qué me quieres decir a mí en este momento, Señor?” o “¿qué quisieras que haga o que cambie en mi vida?.”
También es recomendable cuestionarle cosas más concretas a Dios, como “¿qué debo hacer ante esta dificultad familiar?” O, “¿qué puedo hacer para mejorar en este aspecto de mi vida espiritual?” En fin, hay muchas cosas que podemos preguntarle al Señor.

No hay excusa que valga para nosotros

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Escrito por

Mario Rafael Monteverde

Licenciado en Comunicación Social. Profesor de Literatura y Filosofía. Máster en Administración de Empresas.

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