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La Conversión De San Pablo

Fe

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Las Sagradas Escrituras son un constante llamado a la conversión, a volver nuestra mirada del mundo hacia Dios, a la fe, la confianza y el abandono en el amor del Padre.

La conversión llega a cada uno en forma distinta; algunos conocemos el catolicismo desde pequeños dentro de nuestras familias, otros lo encontramos en el camino.

Hay quienes perteneciendo a otra religión o iglesia cristiana, lo adoptan en el transcurso de su vida; y, hay también quienes siendo sus detractores, por circunstancias de la vida alcanzan la conversión, transformándose en sus defensores e inclusive en santos.

Esta última, es la historia de San Pablo.

¿Quién era san Pablo?

San Pablo, antes conocido como Saulo, nació en Tarso de Cilicia en el año 8 después de Cristo, dentro de una familia judía, pertenecía a la casta de los fariseos. Sin embargo, por haber nacido en Tarso, ciudad considerada parte del mundo grecorromano, tenía la calidad de ciudadano romano, y por lo tanto tuvo que esconder sus raíces y costumbres judías.

Para los griegos Saulo era un hebreo, comunidad que vivía aislada y a quienes se les prohibía el acceso a las clases cultas y dirigentes. Los hebreos eran rechazados por sus costumbres.

A los 18 años, se mudó a Jerusalén para continuar con su educación rabínica, siendo su maestro Gamaliel, el Viejo.

Era un joven talentoso y conocedor de la Ley con exactitud, por lo que fue reconocido. Su formación estricta y fuerte carácter, hicieron de Saulo un verdadero defensor de la ley judía y las antiguas tradiciones.

Se convirtió pronto en detractor de la doctrina cristiana, la cual conoció a través de las prédicas de san Esteban.

La rápida expansión del cristianismo, y su celo por la defensa del judaísmo, lo llevó a unirse  a los perseguidores de los discípulos de Jesús. A sus 26 años, en su misión de persecución al cristianismo, pidió cartas a los príncipes de los sacerdotes para trasladarse a Damasco y apresar a los seguidores de Cristo, quienes habían constituido una comunidad en esta ciudad. Sin embargo, el destino que Dios le tenía preparado, era distinto.

La conversión

En su camino a Damasco, cuando más seguro estaba de que su misión era detener la expansión del cristianismo, el propio Jesús se le reveló:

“…de repente le rodeó una luz venida del cielo; cayó en tierra y oyó una voz que le decía:

«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».

Él respondió: “¿Quién eres tú Señor?”

Y oyó que le decían: «Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero ahora levántate; entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer» (Hechos 9, 3-6).

Saulo quedó ciego, permaneció tres días sin comer ni beber. En Damasco se encontraba Ananías, discípulo de Cristo, a quien el Señor, en un sueño,  le encomendó la misión de visitar a Saulo y devolverle la vista. Ananías sorprendido cuestionaba su misión, pues conocía que Saulo se encontraba en Damasco para apresar a los cristianos, ante lo que Jesús responde:

«Vete, pues a éste lo he elegido como un instrumento para que lleve mi nombre ante los que no conocen la verdadera religión y ante los gobernantes y ante los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre» (Hechos 9 15-16).

Cumpliendo su mandato, Ananías visitó a Pablo y le devolvió la vista. Desde ese momento Saulo se convirtió en discípulo de Cristo, cambió su nombre por Pablo (que significa pequeño), y su misión por la de propagar la doctrina cristiana y a Jesús como Hijo de Dios. Pablo se trasladó a Arabia para preparar su labor de apóstol en soledad, después de lo cual regresó a Damasco.

Pablo fue perseguido por los judíos, quienes querían matarlo, tuvo que huir de Damasco a Jerusalén, y de Jerusalén a Cesarea y posteriormente a Tarso, ciudades en las que continuó predicando la fe cristiana. Murió en Roma en el año 67, decapitado por los verdugos de Nerón.

Las enseñanzas de san Pablo las encontramos en trece cartas: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses,  1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón.

En algunas de sus cartas san Pablo responde distintas inquietudes y preocupaciones del pueblo cristiano; en otras los reprende por su comportamiento o agradece por su fe; y en otras enseña sobre la organización interna de la Iglesia. En todas ellas, san Pablo nos instruye sobre la forma de vida que los católicos debemos llevar, en Cristo y para Cristo.

Un llamado a la conversión

Como san Pablo, todos quienes profesamos la fe católica tenemos nuestra propia historia de conversión. Unas historias serán más impactantes, otras más sencillas, a distintas edades, bajo diferentes circunstancias, para algunos ha representado un verdadero cambio de vida, cada uno a su manera y en su tiempo. Pero seguro todos identificamos y recordamos ese momento hermoso en el que nos encontramos con Jesús.

Seguro todos recordamos ese instante en el que nos dimos cuenta que Jesús está cerquita nuestro, que así como a san Pablo nos habla y nos llama.

En un mundo convulsionado, cada vez más materialista y menos creyente, los católicos estamos llamados, como lo hicieron los apóstoles, a levantar la voz sin miedo. Así como a san Pablo, Cristo nos elige para cumplir una misión; la de llevar al mundo, dentro de nuestras distintas vocaciones, la Buena Nueva de Jesús.

Cada uno tendrá una misión distinta, una forma diferente de servir a Dios, misión que debemos descubrir y vivir con amor. Como lo hizo san Pablo, en  oración , en silencio, en soledad, reconozcamos nuestra misión y preparémonos para cumplirla.

¿Cuál es tu historia de conversión?

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