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VIRGEN DE MONTSERRAT

Hoy día, pensaba para estos 10 minutos con Jesús, de verdad de oración, de decirle cosas al Señor, antes de entrar al evangelio, a ver si llegamos…

No sé, pero empezar mirando a la Virgen, empezar felicitando a Jesús por su mamá, por su madre, por nuestra madre, ¿verdad? Porque hoy día es una de esas fiestas. ¡Tantas fiestas bonitas que tenemos durante el año, de la Virgen María!

VIRGEN DE MONTSERRAT

Hoy: “Nuestra Señora de Monserrat”. Por allá en Cataluña, le llaman la Moreneta, la Morenita. Es una imagen chiquitita, 95 cm, un poquito menos de un metro, la Virgen con Jesús sentado en su rodilla. Y está la Virgen también sentada, cariñosa, mirando… y Jesús también, como con un objeto en su mano, como con una piña.

Tanta devoción que le tienen ahí en Cataluña, y en muchas partes del mundo, ¡en verdad! “la Moreneta”.

Yo pensaba… para este lado del planeta, seguramente si uno habla de la Morenita, refiriéndonos a la Virgen, se nos va la cabeza y el corazón más directamente a nuestra madre de Guadalupe.

Bueno, ella, cercana, cariñosa. Y además, también hoy día, que es un día como para decirle a ella, tantas cosas bonitas. Quizás para estar especialmente atentos a ella, ahí en la casa o en el lugar de trabajo y mirar a la Virgen y mirarla y mirarla… y decirle cosas con el corazón.

GRACIAS POR NUESTRA MADRE

Ahora mismo le podemos decir: ¡Virgencita, te quiero! o ¡Virgen María, te quiero! o ¡Mamá, te quiero! Como cada uno de nosotros la trate.

Pero luego, no solamente decirle a ella esto, sino también le puedo decir ahora a Jesús: ¡Jesús; Gracias por la Virgen María! ¡Gracias, por tu Madre! ¡Gracias, por nuestra Madre! ¡Gracias por hacerla Madre nuestra también! También es un motivo añadido de cariño, de agradecimiento, de nuestra oración de ahora.

SE CURÓ DE ESA DIABETES

Como a San Josemaría, que tenía una diabetes muy fuerte, muy grave, durante mas o menos 10 años… unos buenos años. En una fiesta, en un día como hoy, un día de fiesta de la Virgen de Monserrat, ¡se curó de esa diabetes!

Fue un evento médico, o sea, realmente fue casi morirse San José María. Pero se curó de la diabetes, de manera fuerte, de madera dolorosa, -si le queremos llamar así-, el trago no fue fácil, pero gracias a la Virgen; ¡se curó de esa diabetes! de tantos dolores de cabeza, de tantos problemas, de tantas insuficiencias.
San José María veía y nosotros también, la mano cariñosa, cercana de la Virgen de Monserrat.

FOTOS DE NUESTRA MADRE

Hay un punto, de tantos de esos bonitos puntos en el libro “Camino”, a propósito de esto de la Moreneta; de la Virgen de Montserrat, de la Morenita, de la Virgen de Guadalupe… es el punto 501 del libro Camino: Cuando te preguntaron: ¿Qué imagen de la señora te daba más devoción? Y contestaste como quien lo tiene bien experimentado: ¡todas!… Comprendí que eras un buen hijo. Por eso, te parecen bien, “me enamoran”, -dijiste-, todos los retratos de tu madre.

Y es verdad, nosotros tenemos fotos de nuestra madre, quizás tenemos la suerte de tener distintas fotos ¿verdad? En distintos momentos de su vida; cuando tenía 10 años, y cuando tenía 20, y cuando tenía 30, y cuando tenía 40, y cuando tenía 50… y es la misma persona evidentemente.

Quizá las tenemos subiendo un cerro, o en medio de un cumpleaños de niños chicos, en distintas facetas, en distintos momentos, a distintas edades, y es la misma persona evidentemente.

NOS ENAMORAN

Bueno, con la Virgen María ocurre lo mismo ¿verdad?. Ella se va presentando, o la vamos imaginando, o la vamos presentando a Ella con tanto cariño, en tantas partes del mundo. Y evidentemente es la misma ¡Y la queremos muchísimo!

Y qué sentido, qué fuerza tiene, qué verdad tiene esto que dice San José María; esto de que todas la imágenes de la Virgen, porque son imágenes de Ella, porque son retratos de nuestra Madre, nos enamoran, nos gustan.

Seguramente le tenemos especial cariño a alguna, por supuesto. San Josemaría qué cariño le tenía a la Virgen de Guadalupe. El fue allí, en mayo del año 70, varios días estuvo, y cómo le rezó, cómo le habrá cantado a la Virgen de Guadalupe.

Y también a la Virgen de Monserrat, y también a la Virgen de Loreto, y a la Virgen de Torreciudad, ¡a nuestra Madre Santísima!

Y nosotros en nuestra casa podemos mirarla más.   Quizás tenemos alguna imagen de la Virgen de Monserrat por ahí, o quizás de la Virgen de Guadalupe, o quizás alguna que hemos pintado nosotros.

DEDICACION DEL TEMPLO

Hoy día en el Evangelio, dice San Juan:

“Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del Templo. Era invierno. Jesús se paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón”

(Jn 10, 22-23).

Era un día de fiesta.   Estaba ahí, en el lugar mismo de la fiesta, y Jesús se paseaba;  era invierno, quizás Jesús se paseaba,  un poquito para entrar en calor.   Era invierno hacía frío por allá… mucho frío, cómo se pasa aquí, en el sur de Chile; tal vez menos frío allá, pero al menos fresquito si estaría.

Bueno, la cosa es que está ahí el Señor, yendo de un lado al otro tranquilamente en un día de fiesta alegremente, y de pronto cuenta esto San Juan:

«Los judíos rodeándolo le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente»»

(Jn 10, 24).

En un tono intenso, un tono desafiante. No sé si te ha pasado a ti alguna vez, pero si a alguna persona lo rodean por los cuatro costados, es inquietante evidentemente. Sobre todo si a uno lo rodean no para felicitarlo, sino para desafiarlo, para ponerlo entre la espada y la pared. Es inquietante que a uno lo rodean por todos lados ¿verdad?

Bueno, lo rodean al Señor. ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso?, ¡si tú eres El Mesías dínoslo francamente! Son desafiantes.

SOMOS UNO

Y Jesús -dice San Juan- respondió:

«Ya se los he dicho y no me creen. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre esas dan testimonio de mí; pero ustedes no creen porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; y yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las ha dado, es más que todas las cosas y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno»

(Jn 10, 25-30).

El Señor es súper valiente para contestar rodeado de personas. Y el Señor siendo valiente, porque el Señor da testimonio de la verdad. Valientemente, con confianza, con fuerza, también con su personalidad que tenía.

El Señor – ahora que estamos hablando con Él -, le podemos decir:  Tú, Jesús dices esta frase: (con eso termina el evangelio de hoy)

“Yo y el Padre somos uno”.

EL UNGIDO DE DIOS

Le han preguntado a Jesús, te han preguntado, Señor: ¿Si eres el Mesías? “El ungido de Dios” eso significa “Mesías”, en hebreo, el ungido.

Y Jesús responde: no sólo El Mesías; “Yo y el Padre somos uno”. Y esto, a propósito, esto conecta mucho… con esta fiesta preciosa de la Virgen de Monserrat, de la Virgen santísima, porque en verdad nosotros nos unimos a Jesús, nosotros podemos hacernos Cristo por el bautismo. Lo somos por el bautismo, máximamente por la Eucaristía.

Lo va haciendo el Espíritu Santo en nuestras almas, por la gracia. ¡Es así, de verdad!

Gracias a la Virgen María, ella ha abierto la puerta, ella ha sido, gracias a ella ha entrado en el mundo la salvación, el Señor.

Gracias a María santísima nosotros podemos ser hijos de Dios. El Hijo de Dios, se ha hecho Hijo del Hombre; para que los hombres pudiéramos ser hijos de Dios, y el hijo de Dios se ha hecho hombre, a través de María.

HIJOS DE DIOS

Y los hijos de los hombres podemos llegar a ser hijos de Dios por la Fe en Cristo. Gracias a María, a través de María, por eso imitemos a la Virgen mucho, hoy día piropeémosla mucho, agradezcámosle mucho.

Démosle gracias a Jesús mucho, por esta Madre buena, cariñosa.

A través de la Virgen… “hijos de Dios” ¡Qué maravilla!

Bueno, y un consejo tan bueno que nos han dado tantos Santos; Santa Teresa de Ávila, San José María: si uno quiere ir a Jesús, a través de María; y si uno quiere ir a Jesús y a María, a través de José.

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