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P. Juan

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VIRGEN DE LOS DOLORES

JUNTO A LA CRUZ, MARÍA. AMANDO A SU HIJO Y A TODOS AQUELLOS POR LOS QUE ÉL ENTREGA SU VIDA, CONTEMPLA, SUFRE E INTERCEDE…

REZAR CON UNA IMAGEN

Hoy día que celebramos a la Virgen de los Dolores, ayer la Exaltación de la Santa Cruz, ¿verdad? Hoy día a la Virgen de los Dolores, a nuestra Madre Santísima, junto a la Cruz, junto a Jesús: fiel, rezando. Rezando… por nosotros.

Bueno, ahora miramos… Quizás tenemos por ahí cerca una imagen de la Virgen. Yo, ahora tengo aquí a mi lado. Quizás podemos mirar a la Virgen con una mirada de cariño, de agradecimiento, de consuelo, de apoyarnos en ella como San Juan. 

Tengo aquí una muy breve frase, de San Josemaría, de una meditación de abril del año 1963. Una frase muy, muy corta y muy directa, que dice de su propia experiencia y de la experiencia de muchas almas.

Dice así:  «Encontrar la cruz es encontrar a Cristo». De su propia experiencia. Seguramente, ahora podemos rezar especialmente, por las personas de los que habitualmente escuchan 10 minutos con Jesús. De los que no solamente escuchan 10 minutos con Jesús, sino que hacemos oración juntos con «10 minutos con Jesús», que de eso se trata.

REZAMOS LOS UNOS POR LO OTROS…

Es verdad que queremos mirar al Señor con cariño, y que le queremos decir cosas: que nos sentimos mirados por Él en la oración. Bueno, quizás alguien, seguramente más de alguien, tiene alguna cruz en su vida, recemos unos por otros ahora mismo.

Es fácil, Señor… por aquél que tenga algún problema, por aquel que tenga alguna cruz, por aquel que Señor…, ¿para qué? Para que te vean a Ti y pueda encontrarse Contigo y encontrar la cruz es encontrar a Cristo.

Decía San Josemaría, en esta meditación. En nuestra propia vida, seguro que seguro, que quizá en torno a nosotros. Hay algo que no cuadra, algo que cuesta, algo Señor que nos hace preguntarnos: ¿Por qué esto? Quisiera que esto no estuviera aquí… Algo en torno a nosotros, o quizá en mí mismo. En uno mismo. En el presente, o en mi pasado. Algo que no cuadra, que me pesa y que me cuesta.

Es una oportunidad muy bonita, muy grande, ver cómo la Virgen de los Dolores ante el dolor, en esas contrariedades, veia una oportunidad muy grande, muy bonita. Y  decirle ahora mismo al Señor y continuamente, cuando se nos venga al corazón aquello: Señor, esto Contigo… esta es otra manera de rezar:  Breves, sincera y expresarle: Señor, confío en Ti. 

Omnia in bonum

VIRGEN DE LOS DOLORES

…De fondo en el corazón esto, esto que es verdad, qué dice San Pablo: (tan nítidamente) «Para los hijos de Dios todo es para bien”. Por eso, Señor, estoy contigo.

Esto quizás que está en torno a nosotros, esto quizás que está en mí, esto que me cuesta, esto que no me cuadra, esto que me duele, Señor, contigo. Señor, confío en Ti. Y lo que verdaderamente sé es que soy hijo de Dios y por eso esta frase, que recuerda San Josemaría, tantas veces lo resumía en tres palabritas, en latín: “Omnia in bonum”, todo para bien para los hijos de Dios. 

Si no es solamente un buen deseo o un fogonazo de optimismo y Dios te guarde, digamos: Para los hijos de Dios de verdad todo es para bien.

Hay una homilía muy bonita de San Josemaría sobre la caridad, el cariño y el amor. En este segundo volumen de homilías, que se llama» Amigos de Dios», está titulada: «Con la fuerza del amor» (Amigos de Dios. 2, 3 7)

Esta homilía termina con un par de párrafos. El primero, que quizás nos puede servir ahora para la oración es, el que vamos a pedirle ahora al Señor. Y para terminar este rato de conversación con Él, que nos conceda repetir con San Pablo:

Que triunfamos por virtud de aquel que nos amó… (por lo cual, estoy seguro, son palabras de San Pablo) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni virtudes, ni lo presente, ni lo venidero, ni la fuerza, ni lo que hay de más alto, ni de más profundo, ni cualquier otra criatura podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está en Jesucristo nuestro Señor”.

UNA HOMILIA  DE AMOR

 

La fuerza de San Pablo y San Josemaría está terminando esta homilía de la caridad, del amor, del amor de Dios por nosotros, del amor de Dios a todos y ojalá nosotros podamos, participar de ese amor. Y también quiere.

Mira la fuerza de San Pablo. Mira la fuerza de San Josemaría en esta homilía. Y Puede ser nuestra fuerza también, porque somos hijos de Dios. Y diría así mirando a nuestra Madre, a la Virgen de los Dolores.

La homilía de San Josemaría se llama «Con la fuerza del amor», mira tú la fuerza. La serenidad en el dolor de María. Miremos a nuestra madre. ¡Con cariño, ahora mismo! es un mirar que es oración o mirar con los ojos, quizá alguna imagen que tenemos por ahí. Mirarla con cariño tantas veces les hemos dicho eso…

«Mírame con compasión. No me dejes, madre mía».

Ahora la miramos a ella con compasión, con cariño, y aprendemos de ella y la acompañamos y vemos la fuerza de su amor.

Y termina el segundo párrafo (y con esto ya termina San Josemaría su homilía), dice así:

“De este amor la escritura canta también con palabras encendidas. Las aguas copiosas no pudieron extinguir la caridad, ni los ríos arrastrarla”.

TE CONTEMPLO MADRE MÍA:

VIRGEN DE LOS DOLORES

Y luego San Jose María aterriza, mirando a María. (Pues eso nos puede servir nosotros también ahora para hacer oración y contemplarla) y sigue así:.

“Este amor colmó siempre el corazón de Santa María hasta enriquecerla con entrañas de madre para la humanidad entera. En la Virgen, el amor a Dios se confunde también con la solicitud por todos sus hijos. Debió de sufrir mucho su corazón dulcísimo, atento, hasta los menores detalles: «no tienen vino«.

Al presenciar aquella crueldad colectiva, aquel ensañamiento que fue, de parte de los verdugos, la pasión y muerte de Jesús. Pero, María no habla.. Y cómo su hijo: Ama, Calla y perdona. Esa es la fuerza del amor.

Vale la pena contemplar todo esto, contemplar, mirar con cariño. ¿Verdad? María no habla, como su hijo: Ama, calla y perdona. Esa es la fuerza del amor.

Porque estás segura del amor de Dios, de que es hija de Dios. Bueno, hija de Dios, Madre de Dios, esposa de Dios. Esta filiación divina. Esta seguridad, esta confianza. Pues ahora podemos volver a decirle al Señor: «Señor, contigo». Quizás es algo que tengo ahora en el corazón. Quizás el Señor venga, Señor. Por eso, con esperanza y optimismo.

Señor, contigo, Señor, confío en Ti porque eres mi padre, ¡porque me quieres! En ese libro.. (que ahora ya no alcanzamos mencionar), pero, en ese libro: «Buscaré, Señor, tu rostro», también se detiene sobre esta escena del contemplar de la Virgen a Jesús. Y termina con esa linea la oración del himno: Stabat Mater dolorosa… (Si lo puedes googlear, te lo recomiendo mucho). Es preciosa…

 


Citas Utilizadas

Hb 5, 7-9

Sal 30

Jn 19, 25-27.

 

Reflexiones

“Mater Dolorosa, stabat mster speciiosa, Juxta vrucem lacrimosa, justa Gaudiosa foenum, Dum filius pendeba, Dum jacebat filius (…)”

Predicado por:

P. Juan

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