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P. Juan

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Jesús habla con fuerza y con cariño, abriéndonos un horizonte más amplio. Que veamos como Él ve, que veamos en toda su profundidad realidades asombrosas.

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En el evangelio de san Mateo vienen unas palabras cariñosas de Jesús, de esas que abren un horizonte muy amplio, que sorprenden en verdad. Porque son tantas las palabras de Jesús, tantas las expresiones, las enseñanzas del Señor que son así, en verdad muy generales.

El Señor nos dice tantas cosas, tan grandes, bonitas y luminosas, que nos hacer ver más allá…

Una de ellas, es esto que cuenta san Mateo. Son palabras de Jesús y dice:

“El que los recibe a ustedes, me recibe a mí. Y el que me recibe, recibe al que me ha enviado”.

Es como tres etapas, por decirlo así, tres profundidades. Y en verdad es una sola realidad. Pero lo que uno ve, es sólo el primer escalón, lo epidérmico. “El que los recibe a ustedes…”.

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NOS HABLAS “EN PRESENTE”

Cuando se recibe a alguien que nos sonríe, cuando abrimos nuestra vida a alguien que nos habla de Jesús, o que nos muestra con su vida la enseñanza del cariño y la presencia de Jesús, pensamos: ¡Qué suerte haber podido estar con esa persona!

Jesús está diciendo algo más profundo ahora en la oración. Y no es solamente esto como un registro de algo, que dijo Jesús a cierta gente, y cayó luego registrado por san Mateo, y después… copiando, copiando, y copiando, a través de los siglos me llegó a mí. No.

Esto es algo ahora en el presente. Algo que ahora Tú, Jesús, en este rato de oración, me lo dices también a mí. Nos lo dices a nosotros que estamos ahora rezando…

Para decirnos, esto es tan profundo:

“El que los recibe a ustedes me recibe a mí”.

JESÚS ESTÁ EN MI PRÓJIMO

Cuando uno conoce a alguien que habla de parte de Jesús, que nos muestra a Jesús con su vida, con su sonrisa, con su paciencia, con su optimismo y con su serenidad; no solamente estoy conociendo a una persona en sus palabras y en su ejemplo, en su transmitir seguridad y cariño… En esa persona está también Jesús.

Cuando yo recibo a alguien como de parte Tuya Señor, en verdad estoy también recibiéndote a Ti.

Esto es tan profundo, tan grande. Pero es que además Jesús, va más allá todavía. Nos dice lo que más allá ya hay. Porque no sólo estamos con una persona, sino que estando con esa persona, estamos también con Jesús.

LA BUENA NOTICIA DEL EVANGELIO

Pues Jesús, Tú dices que además está el Padre en Ti,

“El que me ha enviado”.

Esto lo hace posible el Espíritu Santo: la verdad, la luz, y el amor infinito de Dios.

Es muy grande, no solamente muy grande, que nosotros, -todos los cristianos-, intentaremos llevar al Señor en nuestra vida, en nuestras palabras, en nuestras acciones, en llevar, -por decirlo así-, a los demás, la buena noticia del Evangelio.

Llevar a los demás en nuestras palabras, en nuestras acciones, en nuestro modo optimista de ver las cosas.

¡Qué maravilla, no voy solo! Además de llevar el mensaje, llevo al Señor. Pero no sólo llevo al Señor Jesús, -que también va conmigo-, llevo a Dios Padre y Dios Espíritu Santo.

UNA RECOMPENSA DE PROFETA

Y desde el otro punto de vista, cuando recibo a una persona en la familia, en la parroquia, en una comunidad cristiana, en una reunión, o en unas charlas, ya sea que nos juntamos presencialmente o por algún medio tecnológico… ¡Qué maravilla esto!

Porque luego el Señor abre más todavía, y dice: “El que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta”.

Y profeta es, -y quizás nosotros asociamos inmediatamente al que conoce el futuro, y dice antes de que las cosas ocurran, cual va a ser ese futuro-, el que habla de parte de Dios, el que habla movido por Dios.

Uno quizás puede transmitir lo que todavía no ocurre, y ocurrirá que Dios lo conoce y lo transmite, quizás a través de esa persona. Y hay profecías, efectivamente, pero profeta es el que habla de parte de Dios, el que habla movido por Dios, y esto no lo ve.

PALABRAS SABIAS

Una mamá, tantas veces habla movida por Dios, habla de parte de Dios. Un amigo tantas veces que habla así, proféticamente, en el sentido de hacer presente la palabra, el ánimo o también la corrección.

El puede decir hay que seguir este rumbo, o hay que corregirlo, porque por aquí vamos al precipicio, no vamos por el buen camino…

Un amigo puede ser tan profético en este sentido, al igual que una mamá. Por supuesto, un sacerdote predicando la Palabra de Dios, claro que sí, que puede ser profético también.

Y esta promesa de Jesús: el que recibe, el que acoge, el que anima, el que apoya, el que recibe a un profeta porque es profeta, porque habla de parte de Dios, tendrá recompensa de profeta.

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EL QUE ME RECIBE A MI, RECIBE AL PADRE…

Y el que recibe a un justo, porque es justo, porque ama a Dios, y porque ama a los demás. Y así, amando cumple toda la ley. El que recibe a un justo, porque es justo, tendrá recompensa de justo.

Fíjate como el Señor se va abriendo y dice:

“El que me recibe a mí, recibe al Padre”.

Pero luego sigue hablando, y dice esto otro:

“Y el que recibe a un profeta porque es profeta, y el que recibe a un justo porque es justo”.

Ahora, puedo quizás pedirle a Jesús, a propósito de este Evangelio, de esta enseñanza del Señor, así en presente que nos está diciendo ahora: “Ayúdanos a ver más allá, a ver más allá de lo solo inmediato o solamente aparente.

Ver más allá, por decirlo así, ver con tus ojos, ¡Dios mío!”

Quizá ahora puedo pedirle eso a Jesús: “Señor, ábreme los ojos. Dale vista más profunda, más como la Tuya a mis ojos, porque eso quieres que yo mire, como mira un hijo de Dios. Que no es sencillamente mirar, sino mirar como un hijo de Dios”.

 MIRAR COMO UN HIJO DE DIOS

Hay tantas miradas posibles, ¿verdad? Ante una misma realidad, puede haber una mirada profunda, una mirada superficial, una mirada ciega, una mirada destructora. Y nosotros nos damos cuenta de eso. Hay miradas tan distintas según sea el corazón.

Ahora aprovechemos y digamos esto a Jesús:

“Jesús, Tú que me estas abriendo tanto los ojos y animándome a ver cosas más profundas, tan bonitas… ¡Señor! Que yo vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma”.

Pidámosle a la Virgen, porque de verdad es algo que vale la pena.


Citas Utilizadas

Is 1, 10-17

Sal 49

Mt 10, 34-11, 1

Reflexiones

Señor, ábreme los ojos, dame una visión mas profunda. Enséñame a mirar a los demás como un verdadero hijo Tuyo….

Predicado por:

P. Juan

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