< Regresar a Meditaciones

P. Federico

Escúchala

6 min

ESCUCHA LA MEDITACIÓN

TENER PANTALONES

Para responder a Jesús como Mateo hace falta tener pantalones. Claro, por encima de todo es necesaria la amistad con Dios, tratarle, conocerle. Pero para buscarle, descubrirle y seguirle hace falta esa valentía, ese arrojo, que han tenido muchos a lo largo de los siglos, así como Mateo.

LA LLAMADA DE MATEO

Desde ya advierto que no sé si vas a estar totalmente de acuerdo conmigo en las afirmaciones que voy a hacer en esta meditación, pero es como yo lo veo. Bueno, siempre se podrían hacer mil y un matices… pero bueno, ya tu verás.

Y es que hoy, una vez más, nos encontramos con la escena en la que San Mateo evangelista nos relata su propia vocación:

“Al marchar Jesús de ahí vio a un hombre sentado al telonio, que se llamaba Mateo, y le dijo: -Sígueme. Él se levantó y le siguió. Ya en la casa, estando a la mesa, vinieron muchos publicanos y pecadores y se sentaron también con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al ver esto, empezaron a decir a sus discípulos: ¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores? Pero él lo oyó y dijo: -No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué sentido tiene: misericordia quiero y no sacrificio; porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”

(Mt 9, 9-13).

No sé si has visto la serie The Chosen, esta serie que trata sobre aquellos primeros que siguieron a Jesús. Uno de los primeros personajes en aparecer en la serie es Mateo. Pero la llamada de Jesús no tiene lugar sino hasta varios capítulos más adelante.

De hecho, ahí dejan claro que no sólo los fariseos se escandalizan de verte, Jesús, con un publicano. Los mismos apóstoles no se lo creen: Pedro lo mira como por encima del hombro y Mateo se reconoce indigno, se reconoce miserable, o como el que menos encaja en aquel conjunto de personas que rodean a Jesús.

Puede ser miserable -todos lo somos. Puede tener lo que sea (y en la serie, de hecho, Mateo es un personaje bastante curioso); pero bueno, Mateo, si algo tiene -me permites la expresión- son pantalones. Mateo tiene arrestos, Mateo no se arruga, no se achica. Esto de responder a una vocación implica, al menos, eso.

tener pantalones
LA LLAMADA DE TODOS: LA SANTIDAD

Algunos dirán que es locura. Otros tal vez pensarán que afirmar algo así es incluso soberbia. Pensando en esto, me acordaba de un gran santo:

“Cuando San Bernardo le comunica a su hermana Humbelina el propósito de irse a un monasterio de por vida, ella, que lo consideraba su más íntimo amigo, le preguntó:

-Bernardo, ¿por qué? Y Bernardo le respondió: -Porque quiero ser santo. Pero ella insiste: -Bernardo, no seas soberbio. ¿Cómo puedes atreverte a decir que quieres ser santo? Y para acabar la discusión,

Bernardo le dice: – ¡Humbelina! Aun cuando muchas personas sabias consideren que tú eres humilde y estás en la verdad, y yo en la soberbia y el error, quiero advertirte que tus palabras, en mi opinión, no están tan cerca de la humildad como de la estupidez; porque nuestra existencia en este mundo tiene un solo camino digno: la santidad; y tontería mayúscula sería no intentar recorrerlo. Y como ya me cansé de la vida mediocre que llevo, me voy al monasterio para intentar ser santo de una vez por todas, y seriamente”. (Amor, soberbia y humildad, Pedro José María Chiesa)

Bueno, sobra decir que San Bernardo buscó y alcanzó la santidad. Para ser santo no hace falta irse a un monasterio, pero en su caso particular sí hacía falta. Aunque no hay que dejar de decir también que su hermana es la beata Humbelina y no se fue a un monasterio; ya se ve que no era la vocación de ella, pero sí la de su hermano.

Pero como te decía, algunos pensarán que es locura, o hasta soberbia. Pero no… Es ese arrojo de saber jugárselo todo a una carta. Y no se trata aquí del prepotente que saca el pecho, el de “abran paso que aquí vengo yo” … ¡No! es otra cosa.

“Jesús, yo no sé muy bien qué otra expresión usar más que esta de “tener pantalones”. Mateo tenía pantalones y ojalá ¡todos los tuviéramos!

Contaba un sacerdote: “Una persona me preguntó recientemente: “- ¿Por qué hay menos vocaciones hoy en día? -Las vocaciones no son menos, aclaré. Sigue habiendo una para cada uno. El problema es que las vocaciones tienen que ser descubiertas, aceptadas y vividas. Como leemos en el Evangelio: Jesús llamó a los que él quiso, pero luego ellos tuvieron que aceptar la llamada y decidirse a seguirlo” (¡Me voy de vacaciones!, Jorge Boronat).

¡Tiene razón! ¡Ahí está la cosa! Pero ¿habrá algo que frena ese decidirse a seguirle?

UNA SOCIEDAD SIN CONOCIMIENTO DE DIOS

Pues mira, hay quien afirma que: “Al mundo actual le cuesta entender a Dios. La sociedad ha envejecido en esto del amor. Se ha vuelto resabiada, objetiva y demasiado humana para ser capaz de ver a Dios detrás de la vida de muchos… Y ese modo de pensar, llevados por unos ideales que muchas veces no superan el materialismo y el afán de seguridad personal, ha calado en la vida de muchos (…) que ven de primeras la entrega a Dios como un absurdo, como un lujo de antaño,

como una ilusión quimérica, como un desperdicio de la propia vida (…). Hemos logrado -no se sabe muy bien cómo- que cale en muchos la idea de que entregar la vida a Dios es una exageración… que no merece la pena dejar tantos placeres de esta vida (…). Y es que, aunque pretendamos ocultarlo, le hemos cogido miedo a Dios. Nos falta amistad con Él, conocerle y tratarle…” (¿Mi hijo para Dios?, Antonio Pérez Villahoz).

“Parece, a veces, que nos incomodas Señor. Que nos incomoda tener una vida de piedad seria. Nos incomodas… ¡Nos incomoda que Tu, Jesús, nos pidas más!”.

Por eso me atrevo a decir que, para seguir a Dios en una vocación de entrega total, para descubrirla, aceptarla y vivirla, hacen falta pantalones. Claro que antes, e incluso por encima de eso, hace falta amistad con Él. “Contigo, Señor: conocerte, tratarte…”

CONSTANTES LLAMADAS

tener pantalones

Es aleccionador lo que cuenta un buen obispo que dice: “Cuando yo tenía dieciséis o diecisiete años, hice unos Ejercicios Espirituales. En la Misa final, el sacerdote puso delante del altar un brasero con carbones ardiendo, invitándonos a cada uno a echar un papel en el que previamente hubiera escrito un compromiso para ofrecerle a Jesús como culminación de los Ejercicios: “Iré a misa los domingos”; “no me quejaré de la comida”; “ayudaré en casa”’’.

En el momento del ofertorio había que echar los papeles en el brasero. Recuerdo que yo estaba en la parte de atrás de la capilla, sin saber qué poner, porque no se me ocurría nada. Me quedé el último y, como me daba vergüenza no echar ningún papel, escribí mi nombre, José Ignacio, y pensé: “Jesús, lo que tú quieras. Yo no tengo ni idea». Así terminaron aquellos Ejercicios. Cuando aquella noche volví a casa, por primera vez en mi vida (jamás se me había pasado por la cabeza), me vino la idea de que Dios podía querer que yo fuese sacerdote. Yo ya le tenía echado el ojo a una chica, pero dije: “Oye, Señor, yo he firmado el papel en blanco con mi nombre, pero si Tú quieres añadir algo en ese papel, lo que te pido es que me lo digas, claro”.

Aquella noche experimenté una alegría interior tan fuerte, a pesar de que se me rompían totalmente los planes y todo se ponía patas arriba, que concluí: “Esto tiene que ser de Dios”. Se lo dije a mi madre esa misma noche y, a la mañana siguiente, a mis compañeros de clase. Y a lo largo de todos estos años, Dios me ha dado la gracia de no dudar nunca de ello. Cuando más tarde llegué al seminario, sentía una gran curiosidad por saber cómo habían sido las llamadas de los demás, por lo que les iba preguntando a mis compañeros. Al final saqué la conclusión de que todas las historias eran distintas: Dios tiene una manera concreta de llegar a cada uno” (Dios te quiere feliz, Mons. José Ignacio Munilla).

Y así es. Pero a mí este relato me encanta, porque eso es jugárselo todo a una carta; eso es ser lanzado, ser generoso. Pero para eso hace falta mucha valentía también. Por supuesto, por encima de todo, es cuestión de amor a Jesús, pero también de valentía, como Mateo en el Evangelio.

Pidámosle a nuestra Madre vocaciones para la Iglesia y junto con eso, perdón por la insistencia, pidámosle que todos tengamos pantalones.


Citas Utilizadas

Am 8, 4-6

Sal 118

Mt 9, 9-1

Amor, soberbia y humildad, Pedro José María Chiesa

¿Mi hijo para Dios?, Antonio Pérez Villahoz

 

Reflexiones

Virgen María, te pedimos por vocaciones para la Iglesia, pastores que tengan los pantalones bien puestos para decir ¡sí! y ser instrumentos de Dios en el mundo.

Predicado por:

P. Federico

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!


    Regresar al Blog
    Únete
    Suscríbete
    Donar