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P. Federico

Escúchala

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ESCUCHA LA MEDITACIÓN

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SAN AGUSTÍN

San Agustín confiesa la acción de Dios en su alma, así como quien ha alcanzado una cumbre, señala la ruta para futuras expediciones. Que seamos un “san Agustín de la vida”, no escudándonos en sus errores, sino imitando su búsqueda de lo que realmente llena el corazón.

No sé si te has fijado o has tenido la experiencia, pero cuando alguien ha alcanzado una cumbre de una montaña, tipo el Everest o de un volcán, suelen dejar rastro del camino que han seguido para facilitarle el trayecto a los futuros escaladores.

Es más, un conocido escalador guatemalteco, publicó un libro con todos los consejos posibles para escalar los volcanes en este país.  Y no es el único caso, también hay otros que trazan mapas para futuras expediciones, como lo hizo Américo Vespucio, que con eso pasó a la posteridad; la verdad es que es interesante.

El Evangelio de hoy, nos presenta la parábola de las vírgenes necias y prudentes.  Todas esperan la llegada del esposo para celebrar las bodas; todas tienen lámparas con aceite, pero unas han sido precavidas y tienen aceite suficiente como para superar cualquier retraso del esposo.

EL ACEITE ES EL AMOR A DIOS

Las otras, han sido descuidadas, tal vez le han prestado atención a otras cosas y han pasado por alto lo esencial del aceite de sus lámparas.

Tengo que aceptar que esta escena, que propones Jesús, me resultó incomprensible durante muchos años.  Las vírgenes prudentes me parecían egoístas.  Pero un buen día, leyendo, me lo explicó san Agustín, el santo que la Iglesia celebra el día de hoy.

Decía este gran santo que:

“El aceite es la caridad, el amor a Dios y que eso es muy personal”,

entonces no puedo dar mi amor, porque cada uno quiere a Dios con el suyo. Por eso, no es egoísmo, sino que simplemente, es imposibilidad lo que impide compartir el aceite que permite la entrada a las bodas: al Cielo.

CONFESIONES

Por eso pensaba que nos podían servir estas dos imágenes para nuestra oración el día de hoy.  San Agustín no puede darnos su aceite, pero puede mostrarnos la ruta que siguió para conseguirlo.

Nos puede aconsejar, esto fue lo que él hizo y lo hizo especialmente en su libro titulado: “Confesiones”.  Y no es que haga una confesión pública en ese libro, sino que confiesa la acción de Dios en su vida, que es la vida de un corazón inquieto en busca de la Verdad y del Amor.

Porque, como escribió él mismo:

“Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.

(Confesiones 1,1)

GRACIAS POR LOS SANTOS

Este santo africano (porque nació en el norte de África) escribe, como Américo Vespucio, como un buen escalador escribe para que no nos perdamos, para que no tropecemos en las mismas piedras, para que no nos equivoquemos en las bifurcaciones de la vida, para que sepamos dónde está el aceite que llena el corazón, el aceite virgen, sin mancha, limpio, puro.

Gracias Jesús por Tus santos y gracias por este santo.  Se dicen muchas cosas de Agustín de Hipona, de sus errores, de sus pecados, de su caminar errado, pero también se voltea a ver su conversión.  Y hay gente que piensa, se consuela equivocadamente pensando, que va a ser un san Agustín de la vida.

La conversión es posible, todos somos pecadores, pero no hay que olvidar que la biografía de Agustín es la de un hombre en busca de la Verdad y del Amor.  Fue un hombre con un gran corazón y con una gran cabeza.

UNA MENTE BRILLANTE CON UN CORAZÓN INQUIETO

BAJARSE DEL CABALLO

No era ni sólo corazón, ni sólo cabeza; una mente brillante con un corazón inquieto y un corazón con patas, pero con una agudeza intelectual fuera de lo normal.

Lo que quiero decir: su conversión, su santidad, no se improvisa.  No es el aceite que podemos pedir que nos den en el último momento cuando ya está el esposo a las puertas y nos damos cuenta de que no tenemos lo que se necesita para entrar; no es eso.

Es asombrosa la acción de Dios en el alma de este hombre, como lo puede ser en la tuya y en la mía; pero no hay que olvidarnos del esfuerzo que le supuso al mismo Agustín.

NO EXCUSAS

Se me venía a la cabeza un anuncio publicitario de Nike, la marca de ropa y cosas deportivas.  Un anuncio con Michael Jordan -este personaje que ahora se ha vuelto a poner de moda con este documental: “The last dance”- donde aparece delante de un grupo de jóvenes y les dice:

“Quizá es mi culpa, quizá te dejé creer que era fácil cuando no lo era; quizá te hice pensar que mis brillos comenzaban en la línea de tiros libres y no en el gimnasio; quizá te hice pensar que cada tiro que hacía era un tiro ganador, que mi juego estaba construido por “flashes” y no por fuego;

Quizá es mi culpa que no vieras que fallar me daba fuerza; que mi dolor era mi motivación; quizá te hice creer que el basquetbol era sólo un don divino y no algo por lo que trabajaba todos y cada uno de los días de mi vida;

Quizá destruí el juego o quizá sólo están poniendo excusas”.

Así terminaba el anuncio.  Pues no pongamos excusas, no pensemos que es fácil.

ENCONTRAR ACEITE PURO

Por eso, escribe san Agustín lo que escribe.  A él le habría gustado ahorrarse todo su desvarío, todos sus pecados, sus errores; subirse a topar con un callejón sin salida y tener que dar la vuelta y seguir buscando.

Le hubiera gustado encontrar el aceite puro y no tener que irse dando cuenta que lo que recibía era aceite adulterado, un sucedáneo bastante pobre respecto a lo que buscaba.  Por eso escribió:

“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva; tarde te amé! Y Tú estabas dentro de mí y yo afuera y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste.  Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo.  Reteníanme lejos de Ti aquellas cosas que, si no estuviesen en Ti, no existirían. 

Me llamaste y clamaste y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste y curaste mi ceguera; exhalaste Tu perfume y lo aspiré y ahora Te anhelo; gusté de Ti y ahora siento hambre y sed de Ti; me tocaste y deseé con ansia, la paz que procede de Ti”.

(Confesiones, 10)

VOLVER A LA CARGA

TE VAS A ENOJAR PORQUE YO SOY BUENO

Pues más claro imposible, así que despertar; despertar, buscar aceite para nuestras lámparas, volver a la carga.  Así sí ser un Agustín de la vida, pero en el sentido de buscar la Verdad.  Querer querer lo que realmente llena el corazón.  Luchar contra mis defectos, desprenderme, rechazar el pecado y no darme por vencido nunca en el intento.

En palabras de este mismo santo:

“Si dices basta, estás perdido, añade siempre, camina siempre, avanza siempre.  No te pares en el camino, no retrocedas, no te desvíes.  Se para el que no avanza, retrocede el que vuelve a pensar en el punto de salida, se desvía el que apostata.  Es mejor el cojo que anda por el camino que el corre fuera del camino. 

Examínate y no te contentes con lo que eres si quieres llegar a lo que no eres, porque en el instante que te complazcas contigo mismo, te habrás parado”.

HACER ORACIÓN

Así era la cita y es fuerte y, aunque ya nos pasamos del tiempo, pensaba terminar simplemente diciendo: ¿qué nos puede servir para conseguir todo esto? Pues hacer oración con la Escritura como lo intentamos en estos 10 minutos con Jesús.

Y aunque sí estoy abusando del tiempo, termino con el relato del momento decisivo de la conversión de este gran santo:

            “Estando un día en Milán, escuchó a unos niños que cantaban y decían: “toma y lee, toma y lee” y san Agustín pensó que Dios se servía de aquellas voces para sugerirle que hiciera eso mismo con la Biblia: “Toma y lee”.  La tomó en sus manos, la abrió y se encontró con el siguiente pasaje:

“Andemos como en pleno día, con dignidad.  Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfrenos; nada de riñas y envidias.  Revístanse más bien del Señor Jesucristo y no den pábulo a la carne siguiendo sus deseos”

(Rm 13, 13-14)

            Esto le bastó para caer de rodillas, cambiar de vida y entregarse a Dios”.

Esa es la fuerza de la palabra de Dios.  Ojalá toque así también tu vida y la mía.

Madre nuestra, nosotros acudimos a ti para pedirte que nos ayudes, a que seamos un Agustín de la vida pero como él, no utilizándolo como excusa, sino como una guía que nos lleve por donde conviene.


Citas Utilizadas

1Cor 1, 17-25

Sal 32

Mt 25, 1-13

Rm 13, 13-14

Confesiones.  San Agustín

Reflexiones

Jesús, yo quiero querer lo que realmente llena el corazón.  Luchar contra mis defectos, desprenderme, rechazar el pecado y no darme por vencido nunca en el intento.

Predicado por:

P. Federico

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