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A MI HIJO LO RESPETARÁN

LOS DISCÍPULOS QUE NO AYUNAN

Al comenzar este rato de oración, acudimos a María y a José; a los padres de Jesús.  María, que es su madre y José que es su padre adoptivo.  Acudimos a ellos porque ellos nos enseñan a tratar y amar a Jesús.  Aman a Jesús, como todos los padres aman a sus hijos.

Hoy leemos en el Evangelio una frase:

“A mi hijo lo respetarán”.

(Mt 21, 37)

Cómo desea un padre, una madre, que respeten a sus hijos; que los consideren, que no les hagan daño y, si le hacen daño a uno de sus hijos, pues él o ella sufren tremendamente, porque el hijo es como una extensión suya, como parte de su ser y desean que todo mundo los reconozca.

En el Evangelio leemos esta frase

“A mi hijo lo respetarán”

dentro de la parábola que Jesús nos propone:

“Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y, luego, lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje”.

(Mt 21, 33)

COMPROMISO

Es fácil de imaginar esta historia y es agradable, es un proyecto que es compartido, una inversión, un lugar agradable, un viñedo, todo verde…

Bueno, todo verde…, ahora en invierno pude ir a visitar un viñedo y estaba todo seco, porque no había llovido y no era temporada de que estuviera verde, pero cuando toca la vendimia en febrero-abril, en el hemisferio sur -o sea, ya en estos meses-, están los viñedos todos verdes y con buen aroma.  Y, acá en el hemisferio norte, en agosto y octubre.

Pues ese es el viñedo, un lugar hermoso, agradable y que produce uvas, que producen vino.  Pues este propietario planta el viñedo y queda con unas personas para que lo cuiden, para que cosechen y para que den cuenta (ellos también quedándose con algo por supuesto).

“Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores”,

(hasta ahí todo va bien, pero aquí comienza a ponerse oscuro el panorama),

“pero estos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon.  Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: a mi hijo lo respetarán”.

Este hombre es un hombre que piensa bien, un hombre bueno, que les da una oportunidad y otra oportunidad y otra oportunidad a estos hombres para que rectifiquen y ellos no piensan bien.  Bueno, piensan bien en un sentido, porque se dan cuenta que ahí viene el hijo y el hijo será el heredero, como dice un poco más adelante.

“Cuando los viñadores vieron al hijo, se dijeron unos a otros: este es el heredero, vamos a matarlo, nos quedaremos con su herencia.  Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron”.

(Mt 21, 34-39)

VIRTUD DE LA PRUDENCIA

Piensan correctamente, porque dicen: este es el hijo y es el heredero, entonces, si lo matamos nos quedamos con su herencia.  Eso es la astucia, la astucia es el pensamiento que nos lleva a encontrar los modos para salirnos con la nuestra, para conseguir nuestro fin.  Pero ese fin, que es un fin torcido, no es el bueno.

Cuando buscamos el fin adecuado a nuestra naturaleza -el fin que es bueno- y encontramos los medios adecuados para conseguir ese fin, entonces eso es la virtud de la prudencia.  Pero la astucia es una corrupción de la prudencia.

Estos hombres eran astutos, dijeron: vamos a conseguir quedarnos con la viña matando al heredero.  Pero también es un pensamiento mal hecho, porque a fin de cuentas, ellos no están matando al dueño de la viña, sino al heredero; al futuro dueño.

EL REINO DE DIOS

El dueño sigue vivo y va a estar muy enojado.  No se dan cuenta que el padre va a sufrir mucho al ver que mataron a su hijo de esa manera.

Esa viña, ¿qué es esa viña? Al final de la parábola, Jesús explica el sentido: la viña es el Reino de Dios.  Y se dirige a los sacerdotes y a los ancianos del pueblo diciéndoles: ustedes son estos que se están apoderando de la viña, quieren esos frutos para ustedes y van a acabar matando al hijo.

Él es el Hijo, Jesús, Tú eres el Hijo y estás, de alguna manera, prediciendo Tu muerte y, aún así, te mantienes firme, nos miras a los ojos y nos dices: “Mira, aquí está el amor de ese propietario, de ese padre que quiere que ustedes entren en su proyecto.  Que ustedes colaboren con su proyecto y que se queden también con parte del fruto; o sea, no es un dueño tirano que quiere quedarse con todo, sino que quiere compartir.

Porque la viña es el Reino de Dios, por esta razón termina Jesús explicando el sentido de la parábola:

“Les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

(Mt 21, 43)

Dios Padre es ese propietario que ama tremendamente a Su Hijo y lo envía.

EL AMOR ESENCIAL

Leímos apenas el domingo pasado, en la escena de la Transfiguración, la voz de Dios Padre que dice:

“Este es Mi Hijo amado, escúchenlo”

(Mt 3, 17)

y ¿cómo ama Dios a Su Hijo? Pues es el amor esencial, es el amor que crea y que se refleja en todo amor que existe, pues es un reflejo de ese amor de Dios, que es el más fuerte, el más verdadero.

Y Jesús es, efectivamente, el heredero, es el dueño de esta realidad, porque como dice la carta a los Colosenses:

“Todo fue creado por medio de Él y con vistas a Él”.

(Col 1, 16)

DIOS QUIERE ESTAR PRESENTE EN CADA UNO DE NOSOTROS

Esta historia se repite en nuestra vida, porque Dios nos habla y nos invita a participar en Su proyecto: es el Reino de Dios; es Su presencia redentora, Su presencia entre nosotros.  Dios quiere estar presente en ti y hacerse presente en el mundo a través de ti; que Él reine en tu corazón y que se den frutos en tu vida personal, frutos de santidad y que tú también ayudes a los demás a ser santos con tu ejemplo, con tu amistad, con tu palabra, con tu consejo, con tu oración, con tu sufrimiento también…

Todo lo que eres y todo lo que haces, se lo puedes ofrecer a Dios.  Y ese ofrecérselo a Dios nos ayudará a rectificar y a ser prudentes, que no astutos, para querernos quedar con la gloria para nosotros.

«No a nosotros Señor, no a nosotros, sino a Tu nombre da la gloria, que vivamos para Ti, que queramos ofrecerte constantemente el fruto de nuestra vida.  En las mañanas haciendo el ofrecimiento de obras -ya desde ese momento dándote gracias por el nuevo día que nos das- y ofreciéndote todo lo que vamos a hacer, todo lo que vamos a pensar en ese día».

TODO PARA GLORIA DE DIOS

«Que todo empiece, que todo se mueva para darte gloria a Ti, para ofrecértelo y que todo termine también con esa misma intención y, cuando durante el día nos damos cuenta que estamos buscándonos a nosotros mismos, que queremos quedarnos con ese fruto, rectificar, pedirte perdón muchas veces, porque Tú eres infinitamente paciente».

«En esta parábola el padre envía unos criados, luego otros, luego al hijo… pues Tú Señor nos envías constantemente el perdón.  ¿Cuántas veces nosotros nos arrepintamos Tú nos vas a recibir? Por eso, aprovechar para rectificar muchas veces, porque Tú confías en nosotros, confías en que podemos ser buenos, que podemos, con Tu gracia, tener un corazón puro».

«Ahora que estamos en este tiempo de Cuaresma, este tiempo de preparación, te pedimos Señor que nos des un corazón puro, un corazón que se quiera convertir en estos días para llegar bien preparados a la Semana Santa».

Acudimos a nuestra Madre la Virgen, la madre de Jesús, acudimos a José.  Cómo te aman Señor, ellos son Tus padres aquí en la tierra.  Que tengamos también ese amor, y ese deseo de respetar,

“A mi hijo, lo respetarán”.

«Pues que te respetemos también a Ti Señor que has venido a redimirnos y que nos ofreces Tu amor constantemente».

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