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PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN EN EL TEMPLO

fiesta

Celebramos hoy una fiesta de la Virgen (que siempre es una alegría) que nos impulsa a dar gracias a Dios, a tenerla a ella más presente, a mirarla más como modelo y a acudir a ella como ayuda, que siempre intercede por nosotros.

Lo que hoy celebramos, es la presentación de la Virgen en el Templo. Una fiesta muy antigua, sobre todo en la Iglesia Oriental. Se celebra desde el siglo VI, cuando fue dedicada una iglesia en Jerusalén a la Virgen.

Pero en realidad, tiene su origen en el Evangelio apócrifo de Santiago, según el cual, la Virgen habría sido llevada de niña por sus padres -Joaquín y Ana- al Templo cuando era muy chiquita, para que fuera allí formada. Para que aprendiera en la religión, en la Ley y, de alguna manera, fuera muy finamente educada en las cosas de Dios.

LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS 

Estos no son inspirados por el Espíritu Santo y, a veces, parecen más bien inspirados en la piedad. Esta tradición se celebraba en Oriente ya en el siglo VI y más tarde se extendió a toda la Iglesia

Estos Evangelios Apócrifos encuentran eco en los creyentes, porque es como un deseo de ver reafirmado lo bien preparada que llegó la Virgen, a ser casi adulta, al momento de la Anunciación.

Y, efectivamente, la Virgen llegó muy bien preparada al momento en que Dios se le manifestó en la Anunciación con un plan concreto para su vida, una vocación grande, mostrándole el papel al que estaba llamada a tomar en la Redención con una total inocencia, con esa vida que había querido entregarle al Señor. Quizás por eso esta fiesta se celebra.

“Sabemos Jesús, que tu Padre, nuestro Padre Dios, tiene un plan para cada uno de nosotros”.

UN PLAN DESDE EL INICIO

Quizá ya hemos tomado decisiones grandes en nuestras vidas, como casarse o seguir a Cristo con una entrega total. O quizás todavía Dios no se nos ha manifestado de un modo más específico de lo que es la fuerza de una vocación. O en un contexto más específico, en el que podemos darnos, día a día, a Dios y a los demás contando con la gracia para ello.

Pero en cualquier caso, ya sea que estamos esperando saber qué quiere Dios de mí en la vida o que estamos santificandonos en el camino que nos puso.  En cualquier caso, podemos aprovechar hoy esta fiesta de nuestra Madre, mirando a María, viendo su ejemplo.

Podemos ser un poco audaces y querer imitarla (a la Virgen) en esa disposición inocente, entera, pura y sin reservas con la que la encontró el ángel para los planes de Dios en la Anunciación; cuando le develó los planes que tenía Dios para ella.

IMITAR A MARÍA

Estamos muy lejos de ser así, no hemos sido concebidos sin pecado original, ni somos inmaculados; no tenemos esa inocencia.

Pero mirándola a ella, Madre nuestra, hoy queremos ser un poco audaces y querer presentarnos ante Dios y presentarle nuestra vida con la pureza, inocencia y la buena disposición que nos da Dios mismo. Con tu mirada misericordiosa, con tu perdón y con tu invitación.

Con esa capacidad que tiene de hacernos nuevos, aunque nuestros errores y pecados hayan sido grandes.

UNA HERMOSA POESÍA 

Hay un libro de un sacerdote chileno que se llama “El libro de la Pasión”, que tiene poesías y me gusta mucho una que dice así:

A la orilla del pozo de Sicar, una mujer samaritana canta:

cinco maridos tuve y no sé contar mis amantes.

Compañeros casi tantos como noches. 

Esta noche estoy sola y no deseo a nadie 

porque soy una doncella pura junto a las aguas, 

con alma y cuerpo virgen hasta las uñas.

Dame agua de beber, me dijo el judío 

y no es que yo careciera de religión, 

pero ríanse hasta las piedras de todo Siquem.

Esta noche estoy joven y enamorada 

florezco junto a las aguas como una azucena,

y canto con la voz del agua viva, 

el dulce cantar de la virginidad perpetua”

(“El libro de la pasión” de José Miguel Ibáñez Langlois, Ediciones Rialp 1987).

AGUA PARA UNA NUEVA VIDA

Se refiere a aquellas palabras que nos transmite san Juan de esa mujer que se encontró con Cristo y encontró su vida nueva. Jesús le habló de esas aguas que le llevarían a la vida eterna. Y pienso que el Señor hace allí referencia a las aguas del bautismo donde sale una criatura nueva.

Es emocionante (aunque no hago muchos bautismos, pero me emociona bautizar un bebé) pensar en lo que sucede en esa alma al derramar el agua y decirle: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Le entra la Trinidad y hace su Templo en ese niño inocente. Y sale realmente inocente, porque se le borra el pecado original.

¡Qué alegría más grande que los niños lleguen al bautismo sin esperar y Dios pueda ya estar en su corazón!

UNA ENTREGA, UN AMOR

Pero hoy, Madre mía, limpios por la gracia y por la bondad de Dios -al menos por el deseo de ser inocentes ante los ojos de Dios-, que mi corazón no es nada despreciable para Él, preséntanos al Padre.

Acá estoy. Quiero ser para ti. Quiero entregarme lo mejor dispuesto posible para la misión que me quieras dar.

Dame esa inocencia y esa entereza con la que quieres que te ame. Que deje atrás, al menos por hoy, al menos en los deseos, esas malas experiencias. Ese querer ser muy del mundo. Querer a veces ser astuto para salirme con la mía, para buscar mis propios intereses.

“Hoy quiero Señor tener inocencia, ser como un niño. Tener la verdadera sabiduría del niño y la audacia del amor”.

Madre nuestra, gracias por ser tan buena, por haber sido tan fiel en toda tu vida, desde la infancia hasta tu Asunción a los Cielos. Nos alegramos, nos llena de orgullo tenerte como Madre nuestra.

Hoy te tenemos más presente en esta fiesta tuya y te pedimos que tu ejemplo nos inspire y tu intercesión nos consiga las gracias para darnos también al Señor con toda inocencia en este día.

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