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P. Josemaría

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MENSAJES OCULTOS

Hoy queremos fomentar esa capacidad de -ver con el corazón- y descubrir la relación que cada cosa tiene con Dios. Descifrar el mensaje que nos está enviando a través de una persona con la que convivo, o con aquel otro acontecimiento. Hasta con una canción.

ENCONTRAR A DIOS

Después de habernos puesto en la presencia de Dios para empezar nuestro rato de oración y pensando que ya estamos retomando la vida ordinaria, no sólo después del verano, sino también terminando esta época de encierro; y que poco a poco, en la mayoría de los países se van reabriendo, incluso las escuelas, ya de modo presencial. Le damos gracias al Señor de poder ir retomando la vida cotidiana.

Pues vamos imitando también a nuestro Señor en su vida oculta, de encontrar a Dios en lo más normal, en lo sencillo, en lo cotidiano de la vida.

Vamos a pedirle que nos haga como a aquel sordomudo que narra el Evangelio de hoy:

“Aquella vez le llevaron a uno que era sordo y que a duras penas podía hablar y le ruegan que le imponga la mano.

 Y apartándolo de la muchedumbre, le metió los dedos en las orejas y le tocó con saliva la lengua, y mirando al cielo, suspiró, y le dijo: -Effetha- que significa: Ábrete.

Y se le abrieron los oídos, quedó suelta la atadura de su lengua y empezó a hablar correctamente”

(Mc 7, 31-35).

MENSAJES OCULTOS
ABRE MIS SENTIDOS

Pues que el Señor aplique en ti y en mí este mismo procedimiento: “Effetha, Señor, abre mis sentidos internos para poder sintonizar Contigo”. Porque a veces estoy como adormilado, demasiado abierto a los sentidos externos, y dormido en los sentidos internos.

No percibo nada más que mi flojera, mi frivolidad y las apariencias. O quizá lo nuestro, lo tuyo y lo mío, es un poco más sutil, porque si rezas y trabajas y tratas de ayudar a los demás…

Pero a veces, como que se va desdibujando. Y lo que es importante es convertir toda la vida en oración. Es mirar con el corazón.

Como lo decía san Josemaría: ser contemplativos en medio del mundo. ¿Y cómo podemos aprender a ser contemplativos?

EL MEJOR MÉTODO

Me contaba un amigo sacerdote que se fue a vivir a China, que, en su casa, donde viven muchos extranjeros, por obvias razones, se habla mucho de métodos para aprender chino.

Y que el que más les había funcionado, es uno que consiste en leer más, hablar más y oír más.

Me contaba que incluso se iba a las tiendas a preguntar el precio de las cosas para practicar el chino, más que para comprar, además no es que tuviera mucho dinero.

Pero fíjate, cómo estas personas que están llevando la buena nueva del Evangelio al otro lado del mundo, que se ponen a leer más, a hablar más y oír más, para hablar en su lengua, pues nosotros queremos hacer algo parecido: queremos hablar con Dios.

Y un poco, la pregunta es: ¿Y eso está en chino, o si podemos? Pues pídeselo a Jesús: “Señor, desata mi lengua para que pueda hablar Contigo. Abre mis oídos a Tu voz para que pueda escucharte”.

SER CONTEMPLATIVO

¿Pero qué es ser contemplativo? Podríamos decir que es estar atentos. Es algo así como la búsqueda de esa misteriosa sintonía que cada realidad tiene con el espíritu del que contempla.

Cicerón decía que la contemplación es:

Considerar con los ojos del alma lo que no se puede ver con los del cuerpo.

Considerar con los ojos del alma lo que no se puede ver con el cuerpo. Es lo que vivió el pueblo de Israel en su largo éxodo. Experimentaba la presencia de Yahvé en aquella nube que los protegía en su caminar por el desierto.

Cuando la nube se paraba, acampaban los hijos de Israel, dice la escritura.

Y por eso, donde los otros pueblos veían solo fenómenos de la naturaleza, Israel veía los signos de Dios en el agua, en el fuego, en la luz, en la roca, en la tormenta.

Todas estas cosas estaban marcadas con la huella de la presencia de aquel que actuaba en su vida.

MENSAJES OCULTOS
VER TUS MENSAJES, VER TUS SEÑALES

Y es que así es la vida del contemplativo. Es el que advierte en todo los signos o los mensajes de Dios. Va descubriendo signos de Dios, donde los demás no ven más que cosas. Pues tu y yo que somos, ¿contemplativos o atolondrados?

Piensa, por ejemplo, lo que le sucedió a aquel joven, el muchacho futuro sacerdote y después santo: san Josemaría. Pero cuando era un adolescente, salió un día de su casa en pleno invierno y, descubrió una señal de Dios en unas huellas de un Carmelita descalzo que había pasado por su casa: eran las huellas en la nieve.

Quizá muchos más, miraron las mismas huellas, pero no las contemplaron. Para el joven Josemaría, aquellas pisadas en la nieve fueron como un fogonazo de luz en su alma.

Externamente no eran más que unos pies descalzos en la nieve y, sin embargo, en el interior de su alma contemplativa, fue la señal decisiva.

Mira lo que decía: “Si otros hacen tantos sacrificios por Dios – pensó aquel muchacho-, ¿yo no voy a ser capaz de ofrecerle nada…?” Había entendido de pronto, que Dios le estaba llamando, le estaba pidiendo algo con fuerza inusitada, poderosa y profunda.

MENSAJES OCULTOS

Y todo por tener esa capacidad de saber contemplar a Dios en los sucesos de la vida ordinaria: esa es la contemplación. Es la mirada del corazón, la mirada amorosa.

Por eso es tan importante aprender a contemplar, porque es lo mismo que aprender a querer. Es lo mismo que aprender a mirar amando, o incluso mejor, a mirar amándote a Ti, Señor.

Es ver a Dios en todas las cosas de la Tierra. Y decía después san Josemaría:

«Saber verlo en las personas, en los sucesos, en lo que es grande y en lo que parece pequeño.

En lo que nos agrada y en lo que se considera doloroso.

Es descubrir ese algo divino que se encierra en los detalles».

Es ver con el corazón y descubrir la relación que cada cosa tiene con Dios. Descifrar el mensaje que Dios nos está enviando con una persona, con un acontecimiento, con un paisaje o con una canción.

Contemplar es no quedarse en la superficie, es descubrir que la vida es mucho más de lo que se ve, es como el mar. Y eso lo podemos hacer en todos los momentos de nuestra vida.

EN LO COTIDIANO

A veces nos puede pasar que queremos hablar con Jesús y sentimos que no podemos mirar con claridad. Tampoco podemos escucharlo y decimos: “Jesús, no veo Tu rostro, ni oigo Tu voz…

¿Será que hemos perdido la capacidad de contemplar? Es así. Contemplar supone tener un corazón sensible de carne.

¿Será que el hombre contemporáneo, – es decir tú y yo- que vive inmerso en la cultura de la imagen, ha perdido esa capacidad contemplativa? ¿Sería tanto, como pedirle a un sordo que tenga sensibilidad musical?

Se habla mucho de manera pesimista, de que la sociedad actual es una sociedad incapacitada para la contemplación.

Sin embargo, encontré una cita del Papa Benedicto, que se muestra optimista, que no justifica el planteamiento cómodo de decir que el hombre de hoy carece de sensibilidad para las cosas de Dios, todo lo contrario.

MENSAJES OCULTOS
SENSIBILIDAD PARA LAS COSAS DE DIOS

Y éstas son sus palabras:

Hay quien dice no tener religiosamente oído para la música. La capacidad perceptiva para con Dios, parece casi una dote para la que algunos están negados.

Y, en efecto, nuestra manera de pensar y actuar, la mentalidad del mundo actual, la variedad de nuestras diversas experiencias, son capaces de reducir la sensibilidad para con Dios, de dejarnos sin oído musical para Él.

Y, sin embargo, de modo oculto o patente, en cada alma hay un anhelo de Dios y la capacidad de encontrarlo”. (cf)

Así que alégrate, podemos aprender a ser contemplativos. Confía de que somos capaces, porque Dios nos ha creado con esa inconmensurable capacidad de lo divino. Somos capaces de Dios.

ENCONTRAR LA VERDAD

En todo hombre existe la capacidad de encontrar la verdad profunda de las cosas. Pues vamos a pedírselo al Señor: “Jesús, no permitas que pierda esa capacidad de ver con el corazón y descubrir la relación que cada cosa tiene Contigo. ¡Ayúdame!

Ayúdame a darme cuenta, a descifrar el mensaje que me estás enviando con esa persona con la que convivo o con aquel otro acontecimiento del trabajo. Hasta con una canción. Que no me quede fuera en la superficie, que pueda descubrir que la vida es mucho más de lo que se ve”.

Y terminamos, como siempre, acudiendo a la poderosa ayuda de Santa María, Virgen bendita, que eres también Madre de Dios y Madre nuestra. Oriéntanos e inspíranos.

Ayúdanos a hacer todos los días una oración muy bien hecha, para después poder encontrar a Dios en los momentos y circunstancias de la vida diaria y ser siempre contemplativos.


Citas Utilizadas

Is 35, 4-7

Sal 145

St 2, 1-5

Mc 7, 31-37

Reflexiones

Señor, ayúdame a guiar mi vida y pensamientos, a guiar mis acciones para ser una persona contemplativa en todas las cosas que veo:

¡Que te vea Señor!

Predicado por:

P. Josemaría

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