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P. Manuel

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MARÍA AUXILIADORA

Hoy celebramos la fiesta de María, Auxilio de los cristianos. En esta meditación recordamos el origen de esta advocación y contemplamos la actuación de nuestra Madre en las bodas de Caná como un modelo de su intercesión por nosotros.

MARÍA, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS

Napoleón tomó preso al Papa Pío VII. Era inicio del Siglo XIX porque el Papa se negó a apoyarlo en su bloqueo a Inglaterra, así se lo llevó y lo encerró en el Castillo de Fontainebleau en el año 1809. El Papa Pío VII fue empeorando su salud y en un momento le prometió a la Virgen que si recuperar su libertad y volvía a Roma declararía ese día como solemne en honor de María auxilio de los cristianos.

 Así fue como, liberado el Papa, el 24 de mayo del año 1814 llegó a Roma y desde ese momento se celebra cada 24 de mayo esta fiesta, María auxilio de los cristianos

Este es un título, sin embargo, que ya se ocupaba antes en la tradición cristiana. Recordemos que en el año 1571 tuvo que librarse la Batalla de Lepanto. En aquel año, el 7 de octubre, las flotas cristianas comandadas por Juan de Austria vencieron a los musulmanes que estaban a punto de invadir Europa y someter a la cristiandad. 

Después de esa fiesta, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, antes Nuestra Señora de las Victorias y quiso que se incluyera en las letanías de la Virgen esa advocación: Auxilio de los cristianos. 

Evidentemente, desde siempre los cristianos, los católicos hemos invocado a la Virgen como nuestro auxilio ya los padres de la Iglesia orientales ,incluso,  la invocaban con este título: Boetéia, que significa Auxiliadora. 

guia
LA ESTRELLA QUE NOS GUÍA

María es Auxiliadora, es nuestro auxilio, el auxilio de todos los cristianos, no solamente en los acontecimientos políticos difíciles, sino también, en la vida de cada uno de nosotros. Cuando estamos en peligro, cuando nos acechan las tentaciones, cuando parece que las dificultades se hacen cada vez más pesadas, ahí la estrella que brilla a nuestro lado es María santísima. 

Hoy por eso es un buen día para que la miremos un poco más y le confiemos especialmente las necesidades que llevamos en este momento cada uno en su corazón. Quizás será algún problema personal, quizás será algún proyecto que no termina de salir o quizá llevamos sobre todo nuestro corazón las necesidades de los demás, de otras personas.

Gente que quizá está lejos de Dios u otros que están pasando por momentos difíciles. Es bueno en este día que miremos más a María santísima, a la Virgen, nuestra estrella.  Le encomendamos en sus manos todas estas necesidades. 

Pensemos en aquel relato que nos trae el Evangelio de las Bodas de Caná, porque ahí ha querido el Espíritu Santo mostrarnos cómo María se ocupa de cada uno de nosotros. Nos dice el texto: 

“Se celebraba una boda en Caná de Galilea. Allí estaba la madre de Jesús. También Jesús y sus discípulos estaban invitados a la boda”

(Jn 2, 1-2).

Fijémonos más bien cómo empieza este texto. Es la presentación de los personajes que van a actuar y nos dice que en primer lugar estaba María ahí. Después dice: “También fueron invitados Jesús y sus discípulos”; pero antes nos dice: “Allí estaba la madre de Jesús”. Cómo de alguna manera en la vida nuestra también cuando está María hay siempre solución, hay salvación.  María tiene que estar de alguna manera un poco más permanente siempre. 

EL PERSONAJE PRINCIPAL

San Juan nos está poniendo aquí que evidentemente el milagro lo va a cumplir Jesús pero de alguna manera María es, podríamos decir, el personaje principal. ¿Qué sucedió en la boda? Se acabó el vino y la madre de Jesús le dice:

 “No tienen vino. Jesús le responde: ¿Qué quieres de mi Mujer? Aún no ha llegado mi hora. La madre dice a los que servían: Hagan lo que él les diga” 

(Jn 2, 3-5).

“Se acabó el vino…”  Y no es que se acabó y todo el mundo empezó a lamentarse; porque después nos va a mostrar el texto que el mayordomo del lugar no tenía idea que se había acabado el vino. De alguna manera todavía nadie se había enterado, pero María ya lo sabía. 

Como la Virgen siendo así, una ama de casa atenta, se da cuenta; quizá por un gesto de algún sirviente, un gesto de alarma. Maria no espera hasta que le digan al jefe al mayordomo, hasta que se crezca el problema, sino inmediatamente acude en la ayuda. 

¿A quién acude María? A Jesús. Obviamente Él es Dios, Él es el que tiene el poder de resolver los problemas. Pero vemos cómo en este texto Jesús le pone una traba: “Todavía no ha llegado mi hora”. Todavía no es la hora de la redención de la muerte en la Cruz.  María, a pesar de esta negativa de Jesús, actúa igual como si le hubiera dicho que sí.

María Auxiliadora
NOS SEÑALA EL CAMINO A JESÚS

La Madre dice a los que servían: ”Hagan lo que él les diga” ¿Qué sucede?:

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos con una capacidad de 70 a 100 Ltr. cada una. Jesús les dice: Llenen de agua las tinajas. Las llenaron hasta el borde. 

Les dice: Ahora saquen un poco y llévenle al encargado del banquete para que lo pruebe. Se lo llevaron. Cuando el encargado del banquete probó agua convertida en vino, sin saber de dónde procedía, aunque los servidores que habían sacado el agua lo sabían, se dirige al novio.

Y le dice: Todo el mundo sirve primero el mejor vino; y cuando los convidados están algo bebidos saca el peor; tú, en cambio has guardado hasta ahora el vino mejor. 

Así en Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal, manifestó su gloria y creyeron en él los discípulos” 

(Jn 2, 6-11). 

¿Qué es lo que hace María con nosotros cuando le pedimos, cuando le presentamos nuestras necesidades?  María nos señala a Jesús y nos dice: “Haz lo que Él te diga”. Y así vienen siempre los milagros, así vienen siempre las soluciones. Cuando, mirando a María,  tratamos de escuchar a Jesús. Escucharlo con obediencia, escucharlo haciendo lo que el Señor nos pide. Y así, siempre hay solución en todos los problemas, en toda nuestra vida.

Quizá una solución que todavía no vemos del todo, pero al menos María nos da la seguridad de que el Señor nos escucha también. Por eso terminamos este rato de oración haciendo el propósito de mirar más a la Virgen santísima. En los peligros, decía san Bernardo, en las tribulaciones, tenemos que mirar a la Estrella.

Así como los marineros, cuando están zarandeados por las olas y no saben bien en qué dirección tomar, miran las estrellas; y gracias a las estrellas pueden ordenar su camino, pueden volver a la ruta.

Así nosotros, en nuestras necesidades, en los peligros, las dificultades, miremos a María y siempre llegaremos al puerto seguro que es Jesús.

 

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Citas Utilizadas

Hch 16, 22-34

Sal 137

Jn 16, 5-11

Jn 2, 1-11

Reflexiones

Madre mía,  que sea obediente en seguir el camino que Tú nos señalas para llegar a Jesús. 

Y si me desvío, que te mire siempre para encontrarlo.

Auxilio de los cristianos 

¡Ruega por nosotros!

 

Predicado por:

P. Manuel

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