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P. Juan Carlos

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TENER EL CORAZÓN HUMILDE

La humildad de María se vierte en el Magníficat. Humildad y servicio son virtudes divinas. Ejemplos de José y María. “Darse sinceramente a los demás, es de tal eficacia, que Dios lo premia con una humildad llena de alegría” (Forja, n. 591).

A dos días de la Nochebuena, la Iglesia nos presenta en su liturgia, el canto del Magníficat, que está recogido en san Lucas, en el primer capítulo, del versículo 46 al 56.

Es bueno que lo tengamos ubicado: capítulo primero de san Lucas, del 46 al 56:

“Y María dijo entonces: Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se estremece de gozo en Dios mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de Tu servidora. 

En adelante, todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes en mí.  Su nombre es Santo y su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen”

(Lc 1, 46-50).

Me voy a quedar ahí, luego continuamos con el resto del texto de esta oración de nuestra Madre la Virgen, que se acaba de encontrar con Isabel.  Isabel le dice:

“bienaventurada tú que has creído”

(Lc 1, 45)

Y ella estalla en este gozo; en este canto.

MARÍA GUARDABA TODAS LAS COSAS EN SU CORAZÓN

Cuando san Lucas escribe esto, la Virgen María seguramente se lo habrá contado. Y habían pasado los treinta y tres  años de la vida de Jesús; habían pasado diez o veinte años más entre la muerte de Jesús y cuando María le contó esto a san Lucas.

Son cincuenta años, ¿cómo es posible que se haya acordado la Virgen de esto?  Primero porque sabemos que nuestra Madre conservaba todas estas cosas guardándolas en su corazón.

A mí me hace mucho sentido de que la Virgen repetiría estas oraciones muchas veces en su vida y, cuando tal vez no salía algo bien, empezaba a cantarla de nuevo:

“Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se estremece de gozo en Dios mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora…”

 LA VIRGEN REZABA “SU ORACIÓN”

La habrá recitado muchas veces cuando estaba en ese momento de dificultad de la salida a Egipto y cuando tenía ese terrible dolor de no encontrar al Niño y cuando seguramente empezó Cristo a predicar y no se entendía todavía muy bien cómo iban a salir las cosas, ella seguiría rezando esta oración

Igual que tú y yo rezamos el Ave María y que nos acogemos a ella con fuerza cuando necesitamos algo y otras veces tal vez le rezamos un poco más distraídos porque estamos rezando el rosario en familia y tal vez no tenemos una intención tan fuerte.  Y otras veces la angustia de que no pase algo y nos aferramos al Ave María.

Yo me imagino a la Virgen así, que habrá también rezado esta “su oración” y tanto la tenía en la mente que se la pudo recitar luego de un tirón a san Lucas; o, inclusive, tal vez se la escribió para que él la transcriba, porque la tenía como muy vivida.

LA HUMILDAD DE MARÍA

Magníficat

Era una oración que transmite tanto de la Virgen; transmite su fuerza.  ¿Cuál es la principal fuerza de la Virgen? Efectivamente, su principal fuerza es la humildad.  Ese es el poder y la grandeza de nuestra Madre: la humildad.

La humildad de María se vierte en el Magníficat.

“La humildad y el servicio son virtudes divinas”, eso nos decía san Josemaría que nos llevaba a ver a la Virgen María y a san José que se dan sin miedo; que se dan sin tregua.

¿A quién encontramos cuando pronuncia estas palabras? Al menos así lo recoge san Lucas: estaba de servicio con su prima santa Isabel.  Acababa de ir a buscarle para ver cómo podía ayudarle y por eso le repite estas frases, que luego se quedarán con ella hasta el final de su vida.

LAS VÍSPERAS

Es bonito también pensar que estas frases no solamente se han quedado ahí, sino que la liturgia de la Iglesia las ha incluido, como costumbre, recitar este cántico diariamente en la oración de la tarde, que se llaman: “Las Vísperas”.

Dice san Beda el Venerable:

“Ya que, de su recitación y del recuerdo cotidiano de la Encarnación del Señor, se encienden las almas de los fieles a la verdadera devoción y, recordando constantemente los ejemplos de la Madre de Dios, se afianzan las virtudes”.

“Esta recitación se hace oportunamente en la oración de la tarde (en la víspera) para que nuestro espíritu fatigado y distraído por los trabajos y las ocupaciones diarias, se recoja en su propia intimidad, precisamente cuando llega el tiempo para el reposo”

(San Beda el Venerable (c. 673-735) Homilías sobre el Evangelio, I, 4; CCL 122, 25s).

TENER UN CORAZÓN CONTRITO Y HUMILLADO

“Proclama mi alma la grandeza del Señor…”

¡Qué belleza! Señor Jesús, Tú que nos escuchas hoy, te pedimos que nos ayudes a tener súper cerca también estas palabras de nuestra Madre la Virgen, para acordarnos del poder de Tu humildad; del poder de la humildad de la Virgen y que esperas las mismas cosas de nosotros.

Un alma (así hemos escuchado muchas veces) atribulada, un alma que tiene un corazón contrito y humillado, Dios no la desprecia.  Y, tener un corazón contrito y humillado, implica darse cuenta de que somos poca cosa y de que es Dios el que hace las cosas.

MAGNÍFICAT

Estoy impartiendo ahora un curso del misterio de la Redención y, en una de las clases, hablé justamente del Magníficat; toda la clase fue del Magníficat.  Para mí siempre es una alegría meterme más en estos textos.  Siempre encuentro algún detalle nuevo.

Estaba contando esto y, al final de la clase, se me acercó una de las asistentes.  Me dijo que hasta ese día nunca le había gustado el Magníficat; o sea, esta oración de la Virgen, porque le parecía un poco “creída” de la Virgen.

O sea, decir que todas las generaciones hablarán de mí, le parecía un poco fuerte; le parecía poco humilde.  Pero después de entender en la clase cómo la humildad también es reconocer la verdad, se da cuenta de que la Virgen María era el ser más humilde.

LEER LAS ESCRITURAS A PROFUNDIDAD

Porque, efectivamente, no estaba diciendo simplemente que hablarían bien de ella, sino que era el Brazo fuerte de Dios que había hecho tales maravillas en su poquedad; que había llegado a ser la Madre de Dios.

¡Impresionante! A mí me causó un poco de sorpresa, que me diga que pensaba que nuestra Madre era así un poco más creída… Digo, ¡qué bestia! Para nada.

A veces, por no leer las escrituras a profundidad, se nos pueden meter estas ideas un poco más locas en la cabeza.

Hay que tener la convicción de que nuestra Madre es la madre de la humildad.  Humildad y servicio, ¡ese es el ejemplo que nos da!

RECONOCER NUESTRA NADA

Magníficat

“Darse sinceramente a los demás desde tal eficacia, que Dios lo premia con una humildad llena de alegría”

(Forja, n. 591).

decía también san Josemaría.

Y me parece que es fundamental que, en nuestras vidas, tengamos esta convicción profunda de que la única forma de estar bien con los demás, pero sobre todo con Dios, es reconocer nuestra nada.

Es tener este corazón contrito y humillado que Dios nunca lo desprecia, porque nos damos cuenta de nuestras debilidades; de nuestra poquedad.  Pero, a la vez, nos damos cuenta de las maravillas que hace Dios.

SOMOS INSTRUMENTO

Yo, aunque soy un pobre instrumento, me doy cuenta de que, a través de estos audios, muchas personas se conmueven, rezan, abren su corazón a Dios, han vuelto a la Iglesia.  Algunos hasta se han convertido y no puedo decir: es porque yo hable bien o porque los otros curas son unos santos…

Es porque el Brazo de Dios es poderoso.  Porque Él es el que hace realmente las cosas. Y no pensar que estos audios hacen bien sería ridículo o sería, simplemente, auto engañarme.

¡Por supuesto que hacen bien! Y espero que le digas al Señor, que también tú quieres hacer mucho bien y que quieres ser un buen instrumento, pero que eres nada.

TRANSFORMAR CORAZONES

Y, justamente, porque eres nada, viendo tu corazón contrito y humillado, el Señor podrá utilizarte como herramienta para llegar a más; para transformar corazones; para hacer las locuras que solo Él es capaz.

Termina el Magníficat diciendo:

“Desplegó la fuerza de Su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.  Derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes.  Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”

(Lc 1, 51-55).

Terminamos nuestra oración pidiéndole a la Virgen María que nos ayude a tener un corazón humilde, para recibir así también a su Hijo Jesús en esta Navidad.


Citas Utilizadas

Feria mayor de Adviento

1Sm 1, 24-28

1Sm 2, 1-8

Lc 1, 45-56

Forja, n. 591

San Beda el Venerable (c. 673-735) Homilías sobre el Evangelio, I, 4; CCL 122, 25s

Reflexiones

Señor, yo quiero hacer mucho bien y quiero ser un buen instrumento, pero soy nada.   Utilízame como herramienta para llegar a más; para transformar corazones.

Predicado por:

P. Juan Carlos

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