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P. Josemaría

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SIN MOCHERÍAS

Se dice que cuando la Virgen tenía 3 años sus papas la llevaron al Templo y allí la dejaron hasta que cumplió los 12 años para servir en el Templo. Es un historia piadosa, pero seguramente no fue así.

Hoy celebramos la fiesta de la presentación de la Virgen en el templo. Desde muy antiguo se ha celebrado en la Iglesia la fiesta de la presentación de la Virgen en el templo. Lo narra alguno de los evangelios apócrifos, estos finalmente se descartaron por qué no están totalmente apegados a la verdad, pero que dejaron historias piadosas.

Una de estas historias, es esta: se cuenta que cuando la Virgen tenía 3 años sus papas, San Joaquín y Santa Ana, la llevaron al templo y allí la dejaron hasta que cumplió los 12 años, para servir. Es una historia piadosa pero seguramente no fue así no. No veo lógico dejar a una bebita desde los 3 años; además, el templo, qué era tan grande que no era una guardería.

En cambio, lo que sí debemos imitar a la Virgen, es su cuidado de estar pendiente de las cosas de Dios. Quizá podamos empezar nuestra oración haciendo un examen de conciencia con esta pregunta: ¿cómo andamos de presencia de Dios a lo largo del día?

Presencia de Dios

La presencia de Dios no consiste en que estamos rezando los sesenta segundos de cada minuto, sino vivir en contacto y armonía con Dios; como una música de fondo. La presencia de Dios que nos ayuda luego a reaccionar de manera positiva.

Te pongo algunos ejemplos. Te levantas y haces tú ofrecimiento de obras, eso ya te da presencia de Dios, porque inmediatamente tienes clase de 7 o 8 de la mañana, prendes tu computadora, dices presente al profe cuando te nombra en la lista; y te entra la tentación de apagar tu monitor y acostarte otro ratito en la cama. Pero miras el crucifijo, qué pusiste en el escritorio, y en vez de dejarte llevar por la flojera, en vez de dejarte llevar por la ley del mínimo esfuerzo, vives la presencia de Dios. Y le ofreces quedarte sentado y entender.

Mas tarde tu hermano se mete a tu cuarto y se pone a jugar con tus cosas; le pides que las dejé y no te hace caso. De pronto, se oye un ruido fuerte, volteas y te das cuenta de que te lo acaba de romper. Tienes dos maneras de reaccionar, la persona que reacciona, con ira, que es violenta, que está continuamente enojada pensando en sí misma, no vive la presencia de Dios.

Vida en Nazaret

Vamos a imaginarnos ahora a la Virgen y en su casa en Nazaret… Madre mía, ¿tú cómo estarías, allí con tus papás en tú vida ordinaria? ¿No eras una persona rara, que estuviera metida en sí misma, con posturas y actitudes extrañas? ¡Claro que no!

Eras una niña totalmente normal, alegre, muy alegre seguramente; con gran espíritu de servicio; muy guapa, la más guapa sin duda alguna. De niña trabajarías mucho y bien; no te harías la despistada cuando Ana, tu mamá, te pidiera algún favor; no quitarías el hombro de tus obligaciones.

¿Tú, cómo te la imaginas, en su casa con sus papás?

Yo, a María, me la imagino ayudando sin que se note; y a veces, cuando no supiera qué hacer, seguro que iría con Ana a decirle: -mamá, ¿en qué te ayudo?

Mochos

Cuentan que, en la época de persecución religiosa del siglo pasado, en México mataron a muchos sacerdotes. Incluso hay fotos de algunos de los sacerdotes revestidos mientras celebraban la misa, que los sacaban y los fusilaban a las puertas de las Iglesias.
Se cuenta que, a los pobres seminaristas, les cortaban una mano y de allí se acuñó el término: “mocho”. Para hacer referencia que estos pobres, tenían aquella condición, que les avergonzaba y los llevaba a quedarse encerrados en el templo, sin prácticamente vida social.

Hoy se dice que un mocho es el que se la pasa rezando, pero no estudia, no trabaja, no tiene muchos amigos. Ni María, ni tú, ni yo, somos y no queremos ser ningunos mochos. Porque, además de todas las obligaciones y servicios que María prestaría en su casa, iría al templo a rezar. Y con qué piedad y con qué cariño lo haría.
Pero no para quedarse allí encerrada, ni para esconderse allí, ¡claro que no! María sabría ayudar a tener las cosas de Dios bien puestas, limpias, las lámparas encendidas, y llevaría su mejor vestido.

Wonderful

Si hay algo que extraño, de esta circunstancias tan raras que nos ha tocado vivir, son las misas presenciales en el colegio donde soy capellán. Era llegar todos los días al templo rayando después de una mañana de confesiones y detrás de mí los dos ayudantes radiantes de poder ejercitar ese encargo, en la misa de su salón.

Es que tuvieron un maestro al que habrá que dedicarle a él, otro día, una meditación completa. Se llamaba Enrique y era el encargado de capellanía. Ya estaba jubilado, con sus 73 años, pero él decía que estaría allí hasta que se muriera y así fue.

Los niños le agarraron tanto cariño, que cuando murió, no paraban de llorar. Basta con decir su apodo para resumir en una palabra el cariño que Enrique ponía en las cosas de Dios y cómo supo transmitir a los ayudantes ese mismo amor a Jesús sacramentado, lo llamaban: Wonder. Porque era lo que respondía siempre a lo que los sacerdotes del colegio le preguntábamos, para saber si ya estaba todo listo, su respuesta era esa: todo está wonderful.

Urbanidad de la Piedad

santi

Ahora que no puedes ir a misa, ni puedes ayudar de vez en cuando a la celebración. Bueno…a misa sí que puedes escaparte con tus papas, porque hay misa presencial. Todavía no puedes ir a misa al colegio, pero renombrando aquellos momentos… vamos a pedirle la Virgen, que además de que pronto podamos estar de vuelta en esas andanzas, que lo hagamos con el mismo cariño con que ella trataría las cosas de Jesús.

Pídele también, todo aquello que se llama urbanidad de la piedad, que consiste en hacer siempre una genuflexión pausada frente Jesús sacramentado; en ir siempre lo mejor vestido a misa para demostrar con ese gesto tu cariño a Dios; en procurar estar siempre atento a las rúbricas de la misa, a contestar con claridad.

Luego, que todo eso te lleve también, a no ser un mocho, sino todo lo contrario. Que, al salir a la calle, que al volver a tu casa, te lleves ese buen olor de Cristo a todo lo que haces.
Vamos a hacer examen en esta oración, pensando en María. ¿Ella cómo viviría sus obligaciones de estudio, como serian sus diversiones? No pensemos en la Virgen siendo joven como una persona extraña, aburrida, la típica nerd; era, insisto, una niña normal y corriente, sin pecado concebida, pero eso no significa que actuara de modo raro.

Vamos quitándonos de la cabeza el pensamiento de que las cosas buenas o divertidas de este mundo, engordan o son pecado. Que reduccionismo más absurdo, si es todo lo contrario, convéncete, nada ni nadie va a llenar tu corazón tanto en esta vida como ser amigo de Jesús.

Normas del Plan de Vida Espiritual

evangelio pensando

La Virgen pondría siempre en las cosas de Dios, el cariño más grande. María pondría siempre las cosas de Dios en primer lugar. Vamos a revisar: ¿qué actitud tenemos a la hora de rezar? “Es increíble con qué facilidad nos olvidamos de ti Jesús”.

¿Te imaginas el panorama de una vida dándole la espalda a Dios o vivir como si Dios no existiera? Por eso vamos a terminar con un propósito: vivir todos los días las normas del plan de vida espiritual. Y ¿éstas que son? Son parones que vamos haciendo a lo largo del día, que nos mantienen en presencia de Dios.

Desde que nos levantamos hacemos el minuto heroico, que significa que inmediatamente salgo de la cama con un salto y hago mi ofrecimiento de obras, que luego tendré que renovarlo a lo largo del día. Luego, un ratito de oración; más adelante la lectura espiritual. Sí tengo una Iglesia cerca, una visita al Santísimo o la Santa Misa. Y de camino, ¿por qué no? El santo rosario.

Y todo sin distraerte de lo que sueles hacer cada día. Serían esas normas de piedad como la sal que sazona los platos, no se ve, pero le da sabor. Así le da sabor a tu vida la presencia de Dios.

Vamos a terminar acudiendo a la Virgen Santísima. Madre, que tú nos ayudes a mantener esta presencia de Dios a lo largo del día, que tú nos enseñes a vivir así: con esa esa alegría a las cosas ordinarias y también con esa alegría, esos detalles de cariño con Jesús sacramentado en el Templo.


Citas Utilizadas

Ap 11, 4-12

Sal 143

Lc 20, 27-40

Reflexiones

¡Madre mía, ayúdame a tener siempre presencia de Dios!

Predicado por:

P. Josemaría

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