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LA CONQUISTA DE LA PAZ

La Virgen

Cada día estamos más cerca de la Navidad, el adviento es un tiempo de preparación, muchas veces la gente piensa que la preparación de la Navidad es algo fundamentalmente material; la cena navideña, el pavo, el panetón, los chocolates, los regalos, las tiendas son adornadas con motivos navideños, nacimientos, luces de colores, el árbol.

Todo apunta a una fiesta, a una gran fiesta, que nos pone muy alegres.

Sí efectivamente se trata de una gran fiesta, por el nacimiento de Jesús, la venida de Dios al mundo, del Redentor que viene a rescatarnos de la esclavitud del pecado para que seamos libres y podamos amar.

DEJARNOS RESCATAR ABRIENDO EL ALMA A DIOS

La preparación material no tendría sentido, sino hay antes una preparación espiritual la que responde precisamente al objeto de la Navidad. Si Jesús viene para rescatarnos, tenemos que dejarnos rescatar y dejarse de rescatar es abrir el alma a Dios.

Que Dios pueda entrar en nosotros, eso sí nos haría felices de verdad  y entonces podríamos celebrar.

La Navidad no tendría sentido sin Dios, no tiene sentido si maltratamos a los demás, si corrompemos a la gente, no tendría sentido si nos peleamos, si nos separamos, si deseamos el mal para el prójimo, no tendría sentido si no nos perdonamos, si tenemos sentimientos de venganza, si odiamos.

Él ha venido para que nos amemos, no hemos venido al mundo para hacer un paraíso en la Tierra, el paraíso viene después y viene después si nos portamos bien, el paraíso es la vida eterna junto a Dios.

CRISTO VIENE PARA LLEVARNOS AL CIELO

Cristo viene para llevarnos al cielo, pero lamentablemente muchos viven como si no existiera Dios, como si Cristo no hubiera dicho nada.

Hay muchos oídos cerrados para Dios y abiertos para tantas cosas nimias que no tienen ninguna importancia, para tantas cosas sin valor que las valorizamos como si fueran valiosas y que no valen nada.

Cuántos ídolos se adoran hoy como si fuera Dios y en cambio a Dios se le expulsa de la sociedad, se le expulsa de los corazones.

El evangelio de hoy dice:

“desde los días de Juan el Bautista hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios”.

(Mt 11, 12)

Y es lo que vemos violencia por todas partes, en las guerras que hay ahora, en las ciudades cuando hay delincuencia, cuando hay delitos, en los hogares cuando la gente se pelea, violencia de todo tipo.

LAS CAMPANAS ANUNCIAN LA PAZ

El adviento es un tiempo de preparación donde se tocan las campanas, que son la llamada de Dios, ojo que hay Dios y Él viene para que haya paz.

Las campanas nos despiertan y nos estremecen, nos hacen ver  que ese Dios que viene es más importante que todo lo demás y a Dios se le debe dar prioridad en nuestras vidas; todo lo demás puede esperar.

Dios no puede venir si mantenemos cerradas las puertas de nuestra alma, si nosotros no queremos, o si estamos distraídos por muchas cosas y está tocando a la puerta y el Señor toca, toca quiere entrar y no oímos, estamos oyendo música, estamos en distracciones, en muchas cosas  y no tenemos tiempo para Dios.

Quisiéramos más adelante darle tiempo, pero hasta ahora no sabemos darle prioridad al Señor y eso ocurre por el pecado.

El pecado ciega, aparta, ataca, el pecado destruye.

Dios no quiere la destrucción, no quiere las peleas, no quiere la violencia, no quiere que los hombres se odien, Dios quiere la paz, quiere la seguridad, quiere la alegría, la felicidad de todas las personas sin excepción.

QUE DIOS CREZCA Y QUE YO DISMINUYA

Y el enemigo principal es el propio yo, la soberbia, el egoísmo, no dejemos que el yo se meta en la Navidad, porque lo estropea todo, cuando se mete solo pensamos en nosotros, cómo lo voy a pasar, que me van a regalar, qué voy a pedir para mí y hacemos una Navidad egocéntrica, egoísta donde queremos solo disfrutar nosotros, pasarla bien y nos olvidamos de Dios.

Y nos olvidamos de los demás, ya no nos importa el prójimo, nos volvemos indolentes, indiferentes, no reaccionamos frente al sufrimiento humano, vivimos con los ojos cerrados sin sentir nada, el corazón se endurece, ya no nos importa que haya guerra, que muera mucha gente en  la guerra, que sufran otros porque han muerto sus seres queridos, no nos importa que haya delincuencia.

Nos acostumbramos a vivir en una sociedad donde hay violencia, donde las personas se matan y solo queremos protegernos, estar seguros, pasarla bien y disfrutar.

Si el yo predomina, buscaremos sobresalir a toda costa y a costa de los demás y terminaremos pisando los demás para defender nuestros beneficios, nuestras prebendas, o nuestros negocios como vemos que ocurre con muchos que se han alejado de Dios y viven como si Dios no hubiera dicho nada.

Y están peleándose unos con otros, para sobresalir ellos.

A todos nos puede pasar,  tenemos que luchar contra la soberbia, pisotear el yo como decía San Josemaría, que no salga, para que salga Dios, o como dicen las escrituras:  que Él crezca y que yo disminuya.

EN ESTE ADVIENTO  ¡ATENTOS!

Es el momento de escuchar al Señor, en el adviento, Dios eleva el tono de voz para que todos escuchemos.

Y nos pide renovar nuestra vida, tal vez comenzar de nuevo, recomenzar, dejar lo que no está bien y Él nos ayuda a convertirnos y  nos ayuda para que le hagamos más sitio, para que pueda entrar y ocupar nuestra interioridad, nuestra alma, el Señor.

Y más sitio también para que el prójimo esté en nuestros corazones y no tengamos ninguna persona lejana sino personas que están cerca y que hemos sabido perdonar y que las queremos, las amamos.

Vale la pena empeñarse en este adviento para que el Señor guíe nuestra vida y con nuestra ayuda podamos entrar en la vida de los demás para ayudarlos también.

No podemos olvidar que Jesús nos trae la paz, nos trae la libertad, que Él viene a la Navidad y que no hay Navidad sin Jesús.

Con Él somos felices de verdad, ahora y siempre.

Vamos a llamar a Jesús, ¡Ven Señor! y vamos a ir como van los pastores a Belén, con ese afán de adorar a Dios y luego salir alegres a anunciar la Buena Nueva: ha nacido el Mesías, el Señor, Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.

Nuestra Madre la Virgen nos ayudará a querer mejor, para hacer felices nosotros y siendo felices nosotros, hacer felices a los demás.

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